La capital noruega y el Año de Edvard Munch

Recorrido por Oslo

La capital noruega se reinventa tras la reforma de su frente marítimo

1 / 9

1 / 9

AP9H49. Visitas imprescindibles en Oslo

Visitas imprescindibles en Oslo

1 Museo de Arte Contemporáneo. La nueva sede acoge la colección Astrup Fearnley que empezó a crearse en la década de 1960.

2 Aker Brygge. Esta marina frente al puerto deportivo es una agradable zona de ocio, llena de bares, restaurantes y tiendas.

3 Ópera. Su espectacular edificio, sede de la Ópera y el Ballet Noruego, se levantó en 2008 frente al embarcadero de Bjørvika.

4 Museo de Munch. Expone más de 500 lienzos, litografías y dibujos del artista noruego, entre ellos varios autorretratos.

Mapa: BLAUSET

2 / 9

77720406. Museo de Arte Contemporáneo Astrup Fearnley

Museo de Arte Contemporáneo Astrup Fearnley

NIC LEHOUX / ASTRUP FEARNLEY MUSEET

3 / 9

VIW-ACNH-0028-0063. Café típico en la elegante calle Rådhusgata

Café típico en la elegante calle Rådhusgata

AGE FOTOSTOCK

4 / 9

AFM3 photo nic lehoux. Reloj Astronómico del Ayuntamiento

Reloj Astronómico del Ayuntamiento

ACI

5 / 9

PRE-RM01662420048. Vestíbulo del Ayuntamiento, decorado con murales

Vestíbulo del Ayuntamiento, decorado con murales

GTRES

6 / 9

B09G8C. Muelle Aker Brygge, con las torres gemelas del Ayuntamiento al fondo

Muelle Aker Brygge, con las torres gemelas del Ayuntamiento al fondo

ACI

7 / 9

HEMIS 300662. El nuevo teatro de la Ópera de Oslo, con su singular pasarela-mirador

El nuevo teatro de la Ópera de Oslo, con su singular pasarela-mirador

GTRES

8 / 9

mapa oslo. Fortaleza de Akershus

Fortaleza de Akershus

FOTOTECA 9 X 12

9 / 9

HEMIS 0525646. Torre trampolín de Holmenkollen

Torre trampolín de Holmenkollen

AGE FOTOSTOCK

16 de abril de 2013

Protegida por un fiordo salpicado de islas y rodeada por bosques y lagos, Oslo es la única capital europea donde se puede esquiar a pocos minutos en metro de la nueva Ópera, combinando así una naturaleza en mayúsculas y una urbe vital. La ciudad se precia de tener más de mil años de historia, aunque no fue hasta 1905 cuando se convirtió en capital de una Noruega independiente, y aún pasaron veinte años hasta que recuperó el nombre de Oslo, después de más de trescientos años como Christiania. Hoy, tras renovar su fachada marítima e inaugurar varios museos, la capital noruega, con cerca de un millón de habitantes, se ha transformado en el último grito artístico de Escandinavia.
Karl Johans Gate. Lo primero que se contempla cuando se llega a la Estación Central de Oslo desde cualquiera de sus aeropuertos es la Karl Johans Gate, la arteria principal que atraviesa el corazón de la ciudad. En esta avenida de casi dos kilómetros de largo, tan pronto peatonal como abierta a una plaza, se suceden la Catedral (siglo XVII), el Mercado Central, edificios del siglo XIX e inicios del XX que alojan instituciones –el Parlamento y la Universidad– y el Teatro Nacional. En este último reina omnipresente el dramaturgo noruego Henrik Ibsen, autor de Casa de Muñecas (1879), cuyo museo se localiza a unas pocas calles (Arbins Gate, 1).
Palacio Real. En la Karl Johans Gate hay alojamientos carismáticos, como el Hotel Grand (abierto en 1874) y el Continental (1860 ), cuyo clásico café reproduce la atmósfera del siglo XIX, cuando congregaba a políticos e intelectuales. En el extremo opuesto de la avenida se erige sobre una colina el Palacio Real, residencia de los reyes noruegos, rodeada por jardines que están abiertos a los paseantes.
Barrio de los Museos. En la paralela Kristian IV Gate se sitúan el Museo Histórico y la Galería Nacional. El primero contiene antigüedades, objetos etnográficos y ornamentos vikingos como el Tesoro Hon (siglo IX), el mayor hallado en Escandinavia. La Galería es la mayor pinacoteca del país, donde se expone el arte noruego más importante hasta la Segunda Guerra Mundial, con obras maestras como El grito de Munch.
Ayuntamiento. Hasta hace pocos años lo más atractivo de Oslo se situaba en torno a la Karl Johans Gate, pero hoy cada barrio guarda una sorpresa. A diez minutos a pie del centro se halla el muelle Rådhusbrygge que está presidido por el Ayuntamiento, un edificio de 1950 donde cada año se entrega el premio Nobel de la Paz. A su alrededor se agolpan tiendas de diseño, el Auditorio y el Centro Nobel de la Paz.
Aker Brygge. Enfrente, donde antes estaban los astilleros, el Aker Brygge representa una de las nuevas zonas de ocio de Oslo. Está siempre animado gracias a galerías comerciales y a numerosos bares y restaurantes que ofrecen guisos de salmón y bacalao. Este año, además, la oferta cultural se ha ampliado con el Museo de Arte Moderno Astrup Fearnley, obra del arquitecto Renzo Piano (Génova, 1937), que se sitúa en el contiguo muelle Tjuvholmen.
También hay novedades en el lado opuesto al Aker Brygge, donde se extiende la península que domina la fortaleza Akershus, de origen medieval, aunque convertida en el siglo XVII en un palacio renacentista. Allí se erigen el nuevo museo de Arquitectura Noruega y el Nacional de Arte Contemporáneo, que exhibe arte posterior a la Segunda Guerra Mundial.
Teatro de la Ópera. La calle Rådhusgata, una de las más largas y elegantes de Oslo, limita al norte la península de Akerhus y comunica con Biørvika, otro antiguo barrio portuario que hoy se ha convertido en referente del Oslo del siglo XXI. Entre nuevos rascacielos sobresale la espectacular sede de la Ópera, realizada por el prestigioso estudio de arquitectos Snøhetta, con sede en la ciudad.
Grønland. Tras recorrer el frente marítimo, vale la pena dirigirse en autobús, tranvía o metro al este de la ciudad, donde se ubica este barrio multiétnico que concentra gran parte de la vida nocturna. En él también destaca el recinto del Gamlebyen (Pueblo Viejo), situado donde se localizaba el Oslo medieval y hoy se pasea entre casas con entramados de madera y calles adoquinadas.
Museo de Munch. Para admirar el legado del artista noruego hay que desplazarse hasta el Jardín Botánico (autobús 20 o metro hasta la parada Tøyen). Allí se encuentra el Munch Museet, que recopila gran parte de las acuarelas, grabados y pinturas del artista, entre ellas varias versiones de El grito, aunque la más famosa la custodia la Galería Nacional. En el Botánico también está el Museo de Historia Natural.
Grünerløkka. Al norte, esta zona es perfecta para callejear entre tiendas curiosas, talleres de artistas alternativos y docenas de cafés. Los amantes del diseño y la nueva arquitectura también tienen cita en el DoGa, un centro cultural que exhibe los últimos trabajos de los creadores noruegos. Su moderno restaurante es perfecto para el almuerzo.
Bislett y Majorstua. Antes de pasar a estos barrios del oeste, hay que recalar en la iglesia de Gamle Aker (siglo XI), la más antigua de Oslo. Una vez en Bislett y Majorstua, los aficionados a la novela negra escandinava podrán seguir los pasos de Harry Hole, el personaje creado por Jo Nesbo, para terminar en el inquietante Cementerio de Hombres Famosos, donde yacen Munch e Ibsen.
Parque Frogner. Emanuel Vigeland (1869-1943), el escultor más venerado de Noruega, pasó parte de su vida trabajando en el Parque de Esculturas Frogner, en el extremo oeste de Oslo, donde legó un conjunto apabullante de obras. La visita a este pulmón verde se completa en el museo de Vigeland, su antiguo estudio, situado frente a la entrada.
Bygdøy. Esta idílica península de bosques y ambiente rural es accesible en autobús o con el transbordador 91 que, de abril a septiembre, zarpa del muelle del Ayuntamiento. Concentra atracciones muy diversas: el Palacio de Verano del rey Óscar I de Suecia; el Museo Folclórico de Noruega, con edificios e iglesias de madera –la de Gol es del siglo XIII– procedentes de distintas regiones del país; el Museo de los Barcos Vikingos, con naves del siglo IX halladas en el entorno del fiordo; el Museo Fram, dedicado al barco que participó en las expediciones árticas y antárticas noruegas de finales del XIX y principios del XX; y el Museo de la Kon Tiki, que exhibe la balsa de juncos con la que, en 1947, Thor Heyerdhal atravesó el Pacífico, de Perú a Polinesia.
Holmenkollen. El paseo por Oslo suele culminar en esta colina de las afueras –metro y autobús–, a la que hay que subir para visitar el Museo del Esquí Nórdico y ver uno de los mayores trampolines de esquí del mundo, pero sobre todo para admirar desde su privilegiada altura Oslo y su fiordo en toda su grandeza. 

PARA SABER MÁS

Oslo cuenta con tres aeropuertos: Gardermoen, conectado por tren rápido con el centro de la ciudad (50 km al norte); Rygge (60km al udeste) y Torp (a 123 km sudoeste).
Las oficinas de turismo venden el «Oslo Pass», que ofrece el uso gratuito del transporte público y descuentos en las visitas.

Turismo de Oslo

Turismo de Noruega