Suiza

Recorrido por los Alpes suizos

El valle de Gstaad es el objetivo de esta ruta que culmina en Montreux

El valle de Gstaad, en el corazón alpino del cantón de Berna, es una sutil mezcla de glamour invernal y paraíso rural. Meca del esquí para famosos del cine, la política y los negocios, Gstaad ha sabido conservar el encanto original de sus poblaciones de montaña, diseminadas por un amplio valle y rodeadas de rascacielos naturales. Como sacadas de un reloj de cuco gigante, las casas de madera se agrupan en medio de prados que se tiñen de blanco con las primeras nieves.

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La población de Montreux, en el extremo oriental del lago Leman, es el punto de partida y final de un recorrido de unos 150 kilómetros que se encarama de la templada ribera lacustre a las nevadas cimas. Desde las orillas del lago ya se ven despuntar las cumbres de los Alpes, pero la carretera no se empina hasta haber pasado la villa de Aigle, donde los afamados viñedos de la región de Chablais se descuelgan por las laderas de las montañas. Una carretera serpenteante se desliza en medio de este suntuoso decorado hasta Les Diablerets, típica población alpina con una estación de esquí de ambiente familiar y chalés desperdigados al pie de un circo montañoso.

El pasatiempo del diablo

La carretera hacia Gstaad atraviesa a continuación el valle de Ormont y cruza el puerto del Pillon (1.546 m), donde un teleférico permite ascender al glaciar de Les Diablerets, uno de los mayores de Suiza y punto culminante de los denominados Alpes de Vaud. Su restaurante panorámico, situado en medio de nieves eternas, ofrece vistas que alcanzan las orillas del lago Leman. El nombre de la población y del glaciar proviene de la leyenda que cuenta cómo el diablo, los días de tormenta, jugaba a los bolos en estas montañas y, casualmente, provocaba aludes y desprendimientos de roca.


Pasado el puerto de Pillon, se inicia un largo descenso hasta Gstaad en el que cambia no solo el paisaje, ahora con valles más amplios y nevados, sino también el idioma, ya que se pasa de los Alpes de Vaud, de habla francesa, al Oberland Bernés (la región alpina del cantón de Berna), de lengua alemana. Situado a 1.050 metros de altitud, Gstaad es una coqueta población de casas de madera con fachadas repujadas, tan encantadora como muchos de sus pueblos vecinos, entre los que se cuentan Saanen, Rougemont, Schönried, Saanenmöser, Gsteig y Lauenen. Desde cualquiera de ellos se accede, a través de 57 trenes de montaña, al Gstaad Mountain Rides, una de las mayores áreas de esquí alpino, snowboard y excursionismo invernal de Suiza, con 220 kilómetros de pistas que parten desde los 3.000 metros de altitud.


Lo que sí distingue Gstaad de otros pueblos alpinos es la posibilidad de coincidir con personajes famosos en las exclusivas tiendas de su Boulevard o en la barra del bar del Hotel Palace. Las alcobas y salones del prestigioso hotel han alojado durante largos periodos a personajes famosos, como Liz Taylor, Michael Jackson y el director de cine Roman Polanski, que en 2010 vivió aquí su arresto domiciliario. Durante la Segunda Guerra Mundial parte del oro del Banco de Suiza se escondió en el Palace, concretamente donde ahora se ubica su restaurante de fondues La Fromagerie.


La estancia en Gstaad debería completarse con una visita a la localidad de Saanen, con sus elegantes casas de madera y una iglesia del siglo XV famosa por los conciertos del violinista y director de orquesta Yehudi Menuhin (1916-1999), una de las figuras más relevantes de la música del siglo XX. A poca distancia surge el núcleo de Rougemont, con su vieja iglesia, su castillo y sus balcones floridos incluso en pleno invierno. Muy cerca se emplaza Château-d’Oex, donde hay dos ritos imprescindibles: surcar el cielo alpino en globo aerostático y paladear el queso Etivaz, típico del cantón de Vaud, con un sabor afrutado y reminiscencias de avellana.


De regreso al lago Leman, entre veleros que hinchan sus velas con la fresca brisa de la montaña y viñedos cubiertos por el níveo manto, surge de nuevo la ciudad de Montreux. Su paseo lacustre, flanqueado por fachadas palaciegas y jardines con palmeras, se ha convertido en uno de los rincones más evocadores de la denominada Riviera suiza. Además de perderse entre los puestos del mercado navideño que se instala en la Grand Rue y a la orilla del lago, Montreux ofrece el aliciente de contemplar a la vez los Alpes suizos y los franceses, con solo tomar el cremallera que asciende a la cima de Rochers de Naye (2.045 m).


La carretera que bordea el lago Leman conduce en cinco minutos al castillo de Chillon, una fortaleza medieval construida por los duques de Saboya hace más de 900 años y que refleja sus gruesas murallas y torreones sobre las aguas del lago, con los picos nevados del macizo alpino como magnífico telón de fondo.

Para saber más

Documentación: DNI.
Idioma: francés y alemán en los cantones que aparecen en este artículo.
Moneda: franco suizo.
Cómo llegar: Berna y Ginebra son los aeropuertos suizos más cercanos a Gstaad y que disponen de conexión aérea con España. En tren, Madrid y Barcelona cuentan con líneas nocturnas hasta Suiza.
Cómo moverse: La ventaja del coche, propio o de alquiler, es que permite desviarse por carreteras locales y llegar hasta pueblos más alejados. La red de trenes suiza es muy amplia y fiable. Existen diversos abonos de viaje en tren, algunos incluyen descuentos en funiculares, teleféricos y traslados desde el aeropuerto.

Alojamiento: En Montreux y Gstaad la oferta mayoritaria son hoteles elegantes de pequeñas dimensiones. En Gstaad predominan los de estilo alpino, de madera; algunos incluyen tratamientos termales y todos tienen una buena oferta gastronómica.