Paseo por Innsbruck

Descubrimos la vital y refinada capital del Tirol austriaco

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77719207. Entre cumbres

Entre cumbres

Innsbruck fue fundada en 1187, a raíz de la construcción de un puente que cruzaba el río Inn. Los montes Karwendel son el telón de fondo de la ciudad.

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01 004. Paisaje

Paisaje

El moderno diseño del trampolín de Bergisel, con Innsbruck a sus pies y los Alpes al fondo

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RDC-ad-150240. El Tejadillo de Oro

El Tejadillo de Oro

Es el símbolo de Innsbruck

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02 047. Ambras

Ambras

El recinto palaciego de Ambras está formado por un edificio del siglo XII y otro del XIV rodeados de jardines

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2010 023. Centro urbano

Centro urbano

La céntrica Maria-Theresien Strasse está flanqueada por edificios de coloristas fachadas y animada por típicos café

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VN-ESC Innsbruck-4. Cinco enclaves imprescindibles

Cinco enclaves imprescindibles

1 Hofburg. El Palacio Imperial plasma el esplendor de la vida de los Habsburgo. Originario de 1453, su interior rococó es de los tiempos de María Teresa de Austria.
2 Tejadillo de Oro. Maximiliano I hizo construir en su residencia este balcón para contemplar los actos que se celebraban en la plaza .
3 Hofkirche. Fue erigida en el siglo XVI para albergar el mausoleo de Maximiliano I.
4 Castillo de Ambras. Esta residencia palaciega está rodeada por un jardín con miradores al valle del Inn.
5 Trampolín de Bergisel. La rompedora estructura recuerda que Innsbruck sigue siendo un referentede los deportes de invierno.

Mapa: BLAUSET

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Ruta por los Alpes austriacos

Ruta por los Alpes austriacos

Pocas ciudades tienen un perfil tan imponente como el de Innsbruck. Abrazada por cimas de más de 2.000 metros, la capital del Tirol creció al abrigo del colosal macizo de los Alpes. Con este despliegue natural no extraña que todo un emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Maximiliano I de Habsburgo (1459-1519), se enamorara de este enclave alpino y lo engalanara para disfrutarlo durante sus escapadas veraniegas. Y tanto lo embelleció que la humilde localidad tirolesa acabó convirtiéndose durante un tiempo en la capital de su imperio.

Lo primero que hizo el monarca fue ampliar el Hofburg o Palacio Imperial y también construir el Tejadillo de Oro, el famoso balcón cubierto por 2.657 tejas de cobre dorado que hoy es el símbolo de la ciudad. Este palco encarado a la plaza principal de Innsbruck y flanqueado por edificios con soportales, se alzó para celebrar su boda con Blanca Sforza y permitirles contemplar las fiestas y torneos.

El Tejadillo de Oro no fue la única obra megalómana de Maximiliano I, quien se hizo diseñar un panteón en la Hofkirche, la Iglesia de la Corte, situada cerca del Hofburg. El mausoleo, custodiado por 28 estatuas en bronce negro y tamaño natural que representan a familiares y personajes célebres de la época, nunca le sirvió como último reposo ya que murió antes de estar finalizado. Seis décadas después, se culminó con la estatua del Habsburgo arrodillado sobre el cenotafio.

El Tejadillo de Oro, el famoso balcón cubierto por 2.657 tejas de cobre dorado hoy es el símbolo de la ciudad

Además de Maximiliano I, otros emperadores austriacos vistieron la urbe alpina de suntuosos edificios. Su pariente y sucesor al trono, el archiduque Fernando II, mecenas y coleccionista de arte, hizo levantar el castillo de Ambras, una residencia colmada de obras maestras y rarezas traídas del mundo entero. Con la ubicación en las afueras de esta joya del Renacimiento, Fernando II pretendía mantener alejada de las habladurías a su esposa plebeya, Philippine Welser, con quien se había casado en secreto. Otro archiduque, Maximiliano III (1595-1618), también se hizo erigir su sepulcro en Innsbruck, en este caso en la catedral de St. Jakob, a poca distancia del Hofburg.

Ya en el siglo XVIII, la archiduquesa María Teresa de Austria, la única mujer Habsburgo que llegó a gobernar, terminaría de embellecer la ciudad con el estilo en boga de la época: el barroco. Con ella se erigieron muchos de los palacetes que decoran la céntrica calle que lleva su nombre, Maria-Theresien Strasse, siempre transitada, en invierno por esquiadores o en verano por amantes de las excursiones. La avenida culmina en un Arco de Triunfo erigido con motivo del enlace de uno de sus 17 hijos, Leopoldo, con la española María Ludovica en 1765.

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La soberana trajo otro refinamiento más poniendo de moda en la corte la hoy tan austriaca tradición de tomar café y pasteles a media tarde. Algunos edificios históricos de la Maria-Theresien Strasse albergan románticas cafeterías como el Café Im Hof, donde se puede degustar el tradicional strudel de manzana, o el clásico Café Central, abierto en 1877 en la calle paralela a Maria-Theresien y que sirve otra dulce especialidad, el kaiserschmarrn, creado en el siglo XIX para satisfacer los delicados gustos de la esposa del emperador Francisco José I.

Pero si un postre austriaco ha dado la vuelta al mundo es la tarta sacher. La preparan en la sede tirolesa del mítico Café Sacher vienés, en la calle Rennweg, junto al Palacio Imperial. La misma calle Rennweg tiene una entrada al Museo Regional del Tirol. Reformado y ampliado en 2007, exhibe objetos de etnografía de esta región alpina y cuadros de maestros holandeses como Rembrandt y artistas austriacos del siglo XX Klimt.

El embellecimiento arquitectónico de la capital tirolesa no concluyó con los Habsburgo: el siglo XX trajo nuevos edificios que fueron encajando en el perfil clásico de la urbe, mientras que el XXI ha aportado líneas futuristas, ya totalmente integradas. Así, el año 1925 se instaló un trampolín de saltos de esquí en el monte Bergisel, que alcanzaría categoría olímpica en 1964 y 1976. Este icono deportivo fue renovado en 2001 por la arquitecta iraquí Zaha Hadid (Bagdad, 1950), quien lo dotó de una estructura innovadora y un restaurante panorámico con vistas de 360 grados.

La misma Hadid diseñó en 2007 las estaciones urbanas del funicular que, desde principios del siglo XX, enlaza el centro de Innsbruck con los cercanos complejos alpinos de Seegrube y Hafelekar, ambos situados a más de 2.000 metros de altitud. Inspiradas en las formas y texturas de los glaciares, las estaciones del Hungerburg y del Zoo Alpino se dan la mano con otra gran obra de la iraquí, el nuevo puente colgante sobre el río Inn, por el que también circula el funicular.

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Desde España no hay vuelo directo a Innsbruck y lo habitual es llegar vía Salzburgo (a 185 km) o la alemana Múnich (166 km). Sus aeropuertos tienen líneas de autobús hasta la capital tirolesa.

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