El Maestrazgo, tierra de templarios entre Castellón y Teruel

Una ruta para descubrir los paisajes y castillos medievales de esta comarca histórica repartida entre Castellón y Teruel

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292640. Morella

Morella

Esta localidad de Castellón aparece en el horizonte, rodeada de murallas y coronada por un gran castillo que fue inexpugnable. 

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Monjes y guerreros

La Orden del Temple fue fundada en el siglo XII con el fin de proteger los santos lugares y enseguida reclutó voluntarios, cuyas vidas transcurrían entre rezos y batallas. En 1131, el rey Alfonso I entregó a la Orden un tercio de Aragón a cambio de su protección, y posteriormente Ramón Berenguer IV y otros sucesores hicieron concesiones sobre bienes, castillos y señoríos como Mirambel, Cantavieja, Ares del Maestre o La Iglesuela del Cid.

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ZI2-2188179. Un viaje al pasado

Un viaje al pasado

Rodeada de murallas, la localidad turolense de Mirambel parece haberse quedado anclada en la Edad Media.

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XG4-853237. Iglesia de Santa María la Mayor, Morella

Iglesia de Santa María la Mayor, Morella

Escalera de caracol, con laterales decorados con filigranas escultóricas. 

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XG4-1701706. Iglesia de Santa María la Mayor, Morella

Iglesia de Santa María la Mayor, Morella

Figura del Pórtico de los Apóstoles de la iglesia de Santa María la Mayor de Morella.

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ZI2-2188163. Rutas guiadas

Rutas guiadas

El Geoparque del Maestrazgo, en Molinos (Teruel), organiza itinerarios por zonas de gran interés geológico y paleontológico.

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ZI2-2188188.  Cantavieja

Cantavieja

El campanario de la iglesia de la Asunción, del siglo XVIII, es la mejor muestra de barroco religioso del Maestrazgo.

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RHA-390-920. Ares del maestre

Ares del maestre

El pueblo se asienta a los pies de la Muela de Ares (1.321 metros).

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Las reliquias: fe y negocio en la Edad Media

Las reliquias: fe y negocio en la Edad Media

Conforme se da la espalda a la costa de Castellón y el camino se dirige hacia el interior, el paisaje se va transformando en pliegues y se arruga en un puñado de sierras cuyos perfiles, más que de roca, parecen de corcho. Cerros recortados por un viento que a veces los deja esculpidos como muelas de una dentadura de piedra: de hecho los llaman molas. Así es la comarca del Maestrazgo, un territorio recogido que cabalga por el Levante entre las provincias de Castellón y Teruel, cuyo nombre procede de los grandes maestres (Maestrazgo) de las órdenes medievales, especialmente la del Temple, que llegaron acompañando a las huestes reales de la Reconquista de estos, por entonces, dominios musulmanes.

En uno de los cerros del Maestrazgo se asienta Morella, nuestra primera etapa, y aún más arriba, precisamente sobre una mola, su viejo castillo del siglo XIII. La mejor vista del pueblo se consigue desde abajo, a pie de monte, antes incluso de traspasar sus murallas. Si desde ese punto Morella se asemeja a una visión de ensueño, cuando se alcanzan sus interiores la villa se convierte en una caja que guarda unos cuantos tesoros, entre ellos estrechas y enlosadas callejuelas como la porticada de Blasco de Alagón. Calles que aún amparan comercios familiares y tiendas a cuya puerta cuelgan las vistosas y típicas mantas morellanas y otras prendas de lana.

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Escapada a Morella

Escapada a Morella

En Morella hay que visitar la iglesia arciprestal de Santa María la Mayor, de fachada gótica y un interior que en la penumbra esconde otro tesoro: la hermosa escalera de caracol que sube al coro y que también parece invitarnos a ascender a un inquietante mundo de fantasía. Así es Morella, un cuenco medieval donde conviven leyendas y recuerdos de su historia, como el rumor de la cabalgadura de aquel mítico guerrero del siglo XIX que fue Cabrera, apodado el Tigre del Maestrazgo.

Si Morella tiene alma y muros medievales, el pueblo de Mirambel, a unos 30 kilómetros cruzando a tierras de Teruel, también habla de aquella época tan épica. Resulta curioso cómo, cuando alguien se aproxima al pueblo observa casi de improviso, debido a cierto efecto óptico, la torre de la iglesia de Santa Margarita, así, sin el pueblo, solo la torre implantada en medio del campo. En Mirambel el medievo está presente e inalterado en caserones, puertas nobles, balcones y callejuelas empedradas, incluso en los restos de su castillo templario. Rastros de lo antiguo como esa filigrana que es el Portal de las Monjas, con una galería de tres plantas cerradas con celosías. Con todo, parece que su casco antiguo nació antiguo, y está tan bien conservado que en 1982 ya se le concedió el premio "Europa Nostra".

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Los templarios en Tierra Santa, los monjes guerreros de Jerusalén

Los templarios en Tierra Santa, los monjes guerreros de Jerusalén

A media hora de Mirambel está Cantavieja, población definitivamente templaria. Su castillo, su trazado, todo evoca a aquellos monjes y caballeros guerreros. En 1307 los templarios se atrincheraron aquí cuando las tropas de Jaime II llegaron al Maestrazgo para expulsar al Temple de estas tierras. Pocos vestigios quedan, pero permanece el paisaje donde tuvieron lugar aquellas gestas. Se contempla al acudir al mirador vecino a la iglesia de la Asunción, cerca de la porticada plaza del Ayuntamiento, desde el que se mira a la campiña del Maestrazgo sobre la que, mecidos por el viento, se ven volar buitres leonados.

Todavía en la provincia de Teruel, La Iglesuela del Cid es otro pueblo cuyo emblema es la Torre de Nublos, vestigio de un castillo templario, cuya estampa medieval es suficiente para incluir a La Iglesuela en esta lista de villas pequeñas, pero de larga historia. A ello contribuye también su fuente de los Tres Caños, que resguarda sus chorros en un porche blanco y acogedor. Pero lo que más asombra del pueblo es el silencio y la soledad que hay al recorrer sus calles o cuando se visita el pulcro patio de rampas y llamativas escaleras de la casa señorial Matutano-Daudén.

De regreso a tierras de Castellón, tras salvar una carretera de curvas serranas, surge al fondo, también sobre un cerro y al pie de una muela, el pueblo encalado de Ares del Maestrat. También fue templario, como lo anuncian los restos de su castillo. Pueblo agarrado pues al monte, tiene calles en cuesta por las que, contra viento y a favor de la historia, se pasa entre murallas y por una plaza con soportales de piedra antes de coronar la muela. Desde allí el paisaje abruma y la realidad casi se convierte en leyenda, porque arriba, casi inadvertida, hay una pileta en la que dicen que, cuando llueve, el agua se vuelve roja, rememorando la sangre de los cristianos decapitados por los moros.

A 2 kilómetros de una pedanía de Ares fue encontrada una muestra de arte rupestre levantino

Pero la historia de esta parte del Maestrazgo va más lejos del fundamento medieval, y es que a 2 kilómetros de una pedanía de Ares, La Montalbana, un camino agreste conduce hasta un par de abrigos de roca donde fue encontrada una muestra de arte rupestre levantino, aproximadamente de hasta 7.000 años de antigüedad. La Cova Remigia y El Cingle cobijan pinturas que representan, principalmente y con un realismo prodigioso, figuras humanas, animales, escenas de caza, incluso una estampa parietal de lo que quizás pueda ser un enjambre de abejas. Estas dos cuevas forman parte de un conjunto de arte prehistórico más amplio que la Unesco declaró Patrimonio de la Humanidad en 1998.