Canadá

Los parques de las Rocosas

Recorrer las montañas Rocosas nos descubre la naturaleza más pura de Norteamérica

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Parque Nacional Banff

El lago Moraine regala una magnífica vista del valle de los Diez Picos. Es uno de los enclaves estrella del primer parque nacional canadiense, fundado en 1885.

CV / 500PX

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Peter Vruggink-Helmcken Falls-c2014. Wells Gray

Wells Gray

La cascada Helmcken es una de las 39 que pueden verse en este parque de la región de British Columbia, en la vertiente oeste de las Rocosas canadienses.

PETER VRUGGINK

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169937668. Lago Emerald

Lago Emerald

Es una de las joyas del Parque Nacional Yoho. Cuenta con un servicio de alquiler de canoas y un hotel.

GLOWING EARTH PHOTOGRAPHY / GETTY IMAGES

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dreamstime xl 45816796. Cañón del Athabasca

Cañón del Athabasca

Tras dejar atrás el campo de hielo Columbia, el río se encaja en un profundo desfiladero y después se precipita por una cascada espectacular.

AIISHA / DREAMSTIME

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Lake Louise

Lake Louise

Los indios stoney lo llamaban «lago de los pequeños peces». En 1902 fue incluido en el P. N. Banff.

RYAN ENGSTROM

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Bella Coola Griz 1 Nat Geo Travel (Spain) May 2015. Fauna

Fauna

El grizzly (en la imagen) y el alce son los emblemas de la cordillera. El uapiti o ciervo canadiense y el oso negro son fáciles de ver desde el coche.

HENRIK NILSSON

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79942411 2. Monte Robson

Monte Robson

Con 3.954 m, es el pico más alto de las Rocosas de Canadá. Una red de caminos recorre las zonas pantanosas y los bosques que se extienden en su base.

FUSE / GETTY IMAGES

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VN 184 CANADÁ-4. Parques únicos

Parques únicos

1 Wells Gray. Tiene saltos de agua espectaculares.
2 Monte Robson. Es el pico más alto de las Rocosas canadienses, de 3.954 m.
3 Jasper. Es imprescindible visitar el lago Maligne.
4 Icefield Centre. Para saberlo todo sobre glaciares.
5 Banff. Lake Louise y el lago Moraine reúnen su paisaje más característico.
6 Yoho. El lago Emerald es especialmente bello.

Mapa: BLAUSET

Recorrer las montañas Rocosas nos descubre la naturaleza más pura de Norteamérica

Desde Vancouver hasta Calgary cruzando puertos de montaña, siguiendo largos ríos por gargantas estrechas y bordeando grandes lagos, una ruta de cerca de 1.200 kilómetros permite adentrarse en las Montañas Rocosas de Canadá y descubrir sus parques más asombrosos.

La cosmopolita Vancouver, ciudad de rascacielos al borde del Pacífico, es la entrada occidental a una región aún dominada por la naturaleza y en la que incluso existen zonas no cartografiadas. La carretera Transcanadiense se interna en el continente siguiendo de cerca primero el curso del río Fraser, entre campos cultivados y meandros que se ensanchan a medida que forman el delta de Vancouver, y circulando después junto al río Thompson, que desciende de las montañas embravecido por grandes cañones de piedra.

El pequeño pueblo de Clearwater, a poco más de cuatro horas de Vancouver, es la primera parada destacada de la ruta por su proximidad al Parque Provincial Wells Gray, una extensión de más de 5.000 kilómetros cuadrados de bosques y decenas de lagos en las montañas Caribú. El centro de visitantes dispone de folletos y mapas para explorar hasta el último rincón a través de senderos señalizados que pueden durar desde solo unas horas hasta varios días. Uno de los itinerarios más espectaculares conduce a las cascadas Helmcken, un salto de 141 metros de altura en el que el río Murtle se precipita en una larga cola de caballo, enmarcada en un circo de piedra con forma de herradura. Una plataforma junto al borde de la pared permite observar el espectáculo. Por lo recóndito de su emplazamiento, las Helm-cken no fueron descubiertas hasta 1913; su protección fue, en parte, una de las razones para la creación del parque en 1939.
Las primeras horas de la mañana y las últimas del día son las mejores para observar la fauna de las Rocosas. Alces, uapitis, caribús y osos negros –también grizzlies– se aproximan a veces a las carreteras secundarias, así que hay que estar siempre atentos para detenerse y fotografiarlos sin bajar del vehículo.

El Monte Robson, segunda etapa de nuestro recorrido, se alcanza por la carretera BC-5N, que sigue el curso del río North Thompson durante más de 200 kilómetros desde Clearwater. Culminando un macizo de escarpadas montañas forradas de hielo y nieve, el Monte Robson con 3.954 metros es el pico más alto de las Rocosas de Canadá y un referente en el alpinismo canadiense desde que fuera escalado en 1913. Berg Lake, un lago que ofrece las mejores vistas del coloso de piedra, se alcanza en una ruta de cinco horas por un sendero muy bien señalizado que se abre paso entre densos bosques de coníferas.

A menos de cien kilómetros del Robson, ya en la provincia de Alberta, se accede al pueblo de Jasper. Nació en 1813 como núcleo peletero de la Compañía de Hudson y aún mantiene la esencia de ciudad fronteriza, con cabañas de troncos y viajeros de paso, aunque en la actualidad se trate de excursionistas armados solo con cámaras y bastones de marcha. Todos pasan por el centro de visitantes del Parque Nacional Jasper, creado en 1907  y que hoy recibe el nombre de «gentil gigante de las Rocosas» por ser la reserva más extensa de la cordillera en territorio canadiense.

Una de las grandes atracciones del parque Jasper son las cascadas Athabasca, ahí donde el río del mismo nombre se estrecha en una garganta por donde el agua se precipita con tal fuerza, que ha acabado excavando un cañón sinuoso de paredes cinceladas por la erosión.

Casi mil kilómetros de senderos invitan a explorar, a pie o en bicicleta, el parque Jasper. Los hay que empiezan junto a lagos gigantes en los que desembocan lenguas glaciares y que pueden navegarse en canoa, mientras que otros se adentran por bosques que parecen no tener fin. Varios campamentos y refugios permiten alojarse y descubrir así un cielo nocturno sin contaminación lumínica. La Icefields Parkway conduce hacia el sur rumbo al otro gran parque de las Rocosas canadienses, Banff. La carretera va ganando altura hasta llegar a los 2.000 metros, donde se emplaza el centro de información del campo de hielo Columbia, una acumulación de varios glaciares que ocupa 325 kilómetros cuadrados. Uno de ellos, el glaciar Athabasca, se ve desde la carretera como una larga lengua blanca. Unos autobuses de ruedas inmensas lo remontan y permiten a los visitantes pasear unos minutos por encima del hielo. Otra forma de vivir emociones fuertes es caminar por el Glacier Skywalk, una pasarela de cristal que sobrevuela el valle de Sunwapta desde 280 metros de altura.

Los 230 kilómetros que distan hasta Lake Louise discurren por un valle flanqueado de altos picos. Vale la pena desviarse 40 kilómetros para acercarse al lago Emerald, el mayor de los 61 del Parque Nacional Yoho. En la lengua de los indios cree, yoho significa «asombro», que es lo que los primeros humanos sintieron cuando contemplaron este lago de agua verde esmeralda, consecuencia del fino polvo de roca arrastrado por los glaciares. Aquí, como en los mayores lagos del recorrido, pueden alquilarse canoas que permiten disfrutar de una vista muy distinta del paisaje que rodea este magnífico lago y entender por qué, en 1886, el gobierno canadiense decidió fundar el Parque Nacional Yoho.

La siguiente etapa del viaje ya será dentro del Parque Nacional Banff, una reserva tan extensa y densa en bosques y lagos como Yoho y Jasper. Conviene detenerse en Lake Louise, una población situada junto a un lago encajado entre densos bosques y tres picos nevados: Victoria, Lefroy y Aberdeen. El panorama se contempla mejor desde la orilla este, donde se encuentra el enorme hotel Château Lake Louise, construido en 1911 por la Canadian Pacific Railway para alojar a los pasajeros de sus trenes.

A estas alturas de la ruta, cuando ya parece difícil sorprenderse, aparece el lago Moraine, un espejo de aguas turquesas que reflejan una decena de afilados picos de paredes lisas y moteadas de nieve. El lugar es uno de los más fotografiados del parque Banff, además de un icono geográfico de Canadá, no solo por su belleza sino porque, entre 1969 y 1979, aparecía en los billetes de veinte dólares, de ahí el apodo de «la vista de los 20 dólares». En el muelle de la orilla norte pueden alquilarse canoas para atravesar el lago.

De Banff a Calgary, al final de la ruta, hay menos de 200 kilómetros, pero parecen muchos más por el contraste. La capital de Alberta es una ciudad de rascacielos de acero y vidrio, y de rectilíneas avenidas que nadie diría que se hallan tan cerca de uno de los territorios más salvajes de Norteamérica. Desde lo alto de la Calgary Tower (191 m) resulta inevitable otear el horizonte en busca de los picos y bosques de las Rocosas. Entonces es cuando uno desearía empezar de nuevo el viaje.

MÁS INFORMACIÓN

Documentos: pasaporte.
Idiomas: inglés y francés.
Moneda: dólar canadiense.
Horario: en Vancouver 9 h menos; en Calgary, 8 h menos.

Cómo llegar y moverse: Desde Madrid se puede volar a Toronto y, de allí, a Vancouver o a Calgary. Otra opción es viajar a alguna de estas dos ciudades haciendo escala en una ciudad europea.
Vancouver y Calgary disponen de un servicio de transporte público muy amplio, con líneas de autobús, tren elevado y, en el caso de la primera, autobús marítimo. Para recorrer los parques lo más práctico es alquilar una autocaravana. Las áreas de acampada y los refugios de los parques requieren reserva previa. Todos los parques tienen una tarifa de acceso individual y familiar.

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