Lo mejor de Zúrich

Paseo desde el centro histórico hasta los nuevos barrios culturales

26 de noviembre de 2014

Además de ser un centro financiero mundial y estar considerada una de las ciudades con mayor calidad de vida del planeta, Zúrich goza de un emplazamiento privilegiado. Se sitúa en una llanura entre dos grandes cordilleras, el Jura y los Alpes, a las que acuden sus habitantes para practicar el esquí en cuanto nieva. La ciudad, situada en el norte de Suiza y capital del cantón homónimo de lengua alemana, atesora una historia que se remonta a dos mil años atrás. Sus trazos se descubren al pasear por el casco antiguo medieval, dividido en dos por el río Limmat, justo antes de fundirse con las aguas del inmenso lago Zúrich.

Lo mejor es iniciar la visita contemplando el conjunto desde la suave y sombreada colina Lindenhof, en la orilla oeste, donde todavía se pueden ver vestigios de la época romana de su fundación (siglo I). A los pies de la colina se levanta la St. Peterskirche, la iglesia más antigua de Zúrich (siglos XIII-XVIII), famosa por exhibir en su torre la esfera de reloj más grande de Europa (8,7 m de diámetro). A muy poca distancia, la primera de las dos catedrales de la ciudad reclama nuestra visita. Se trata de la Fraumünster, de Nuestra Señora, cuyos cimientos datan del año 853, mientras la mayor parte del templo se completó entre los siglos XII y XIV. En su interior sorprenden las nuevas vidrieras, ya que las originales se sustituyeron por obras del suizo Alberto Giacometti en 1945 y del francés Marc Chagall en la década de 1970, creando un colorido diálogo entre pasado y presente.

Se cruza a la orilla este por el puente Münster, donde espera la segunda catedral, la Grossmünster, también del siglo IX. La cripta y el claustro son los elementos más valiosos, así como las vidrieras en las que repite protagonismo Giacometti: son una de las pocas notas decorativas de un templo austero, como corresponde al lugar desde cuyo púlpito se fraguó la reforma protestante en la Suiza del siglo XVI.

Por detrás del templo asoma el Museo de Bellas Artes o Kunsthaus. Su colección abarca artistas del siglo XX como Moore, Kokotschka, Giacometti y Munch; también abunda en el expresionismo abstracto o en el minimalismo. A solo unas calles se ubica el mítico Cabaret Voltaire, donde nació el dadaísmo y que hoy exhibe una muestra sobre aquella corriente.

Al norte de Grossmünster el paseo discurre por pulcras callejuelas peatonales, algunas muy empinadas, que cobijan panaderías con escaparates que parecen museos y acogedores cafés como el histórico Sprüngli (1836). Las librerías y galerías de arte también son tentadoras, en particular en las inmediaciones de la calle Niederdorf.

Junto al Ayuntamiento nace el puente Rathaus por el que cruzaremos de nuevo a la orilla oeste, ahora para deambular por la Bahnhoffstrasse, una larga avenida donde se realza la elegancia de las tiendas exclusivas. Finaliza frente a la gran estación de tren (bahnhoff) a la que hace referencia el nombre alemán de la calle. Justo detrás se sitúa el Museo Nacional o Landesmuseum, un edificio centenario con forma de castillo que alberga la mayor colección histórico-cultural del país.

Los bancos y las confiterías empiezan a evaporarse a medida que se avanza hacia el Zürich-West o distrito Quinto, al norte, al que algunos llaman «el Soho de Zúrich», aunque la mayoría de zuriqueses lo denominan Industriequartier, es decir el antiguo barrio industrial, hoy de ambiente joven. La realidad es que de fabril le queda poco, ya que la mayoría de edificios han sido reconvertidos en locales culturales, de vanguardia y de ocio. Sin ir más lejos, la fábrica de motores de barco Schiffbau alberga salas de teatro, un reputado club de jazz y un restaurante, mientras la Rote Fabrik, antiguo símbolo de la lucha obrera, es un inmenso centro cultural.

Tras visitar el centro, vale la pena descubrir los alrededores del lago Zúrich –desde Bürkli Platz salen barcos que lo navegan–, cuyas orillas abrazan barrios residenciales con casas que se esparcen por las colinas. También podemos relajarnos en alguno de los parques urbanos, como el Zoológico, que cuenta con excelentes recreaciones de los hábitats naturales.

Antes de abandonar la ciudad, vale la pena imitar a los zuriqueses y realizar la excursión de medio día que lleva al monte Uetliberg, a 11 kilómetros. Un impecable servicio de tren y un teleférico facilitan el acceso a la zona y la subida hasta la cima de 870 metros. Además de disfrutar de la naturaleza y de las vistas, se puede seguir el curioso Sendero de los Planetas, que revela datos sobre el sistema solar a medida que se avanza.

Por último, si las fechas de la visita son próximas a la Navidad, habrá que aprovechar y acercarse a la pintoresca localidad de Rapperswil (40 km) donde se organiza el Christchindlimärt, uno de los más célebres mercadillos navideños de Suiza. En realidad, desde final de noviembre ya se pueden ver puestos en la misma Zúrich: destacan el de la plaza Sechseläuten, junto a la Ópera, y el de la Estación Central de tren, donde se cobija el mercadillo cubierto más grande de Europa.

MÁS INFORMACIÓN

Desde España salen vuelos directos hasta el aeropuerto de Zúrich, conectado con el centro urbano por transporte público en trayectos de 10 minutos. La ZürichCARD (para 24 y 72 horas) ofrece ventajas en la visita.

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