Mezquita de Córdoba

La Mezquita, la joya monumental de Córdoba

La mezquita cordobesa es la culminación del arte califal en la Península

Mezquita de Córdoba

Mezquita de Córdoba

CORBIS

Jesús Aguado

24 de julio de 2012

El esplendor en el que vivía Córdoba en el siglo VIII, cuando era la principal ciudad omeya de Occidente –llegó a tener más de medio millón de habitantes–, hizo que el califato se embarcara en la edificación de la segunda mayor mezquita del mundo, solo sobrepasada en su época por la de la Meca. Y lo hizo, además, contando con los alarifes y artesanos más afamados, llegados incluso desde la lejana Bizancio. Éstos inventaron soluciones artísticas como los arcos dobles y los polilobulados, que todavía hoy sorprenden a los arquitectos.

La Mezquita se emplaza en pleno casco histórico de Córdoba, ambos declarados Patrimonio de la Humanidad. Conviene entrar en el monumento por la Puerta de los Deanes que, situada en la fachada oeste, es el mejor acceso al Patio de los Naranjos. En época musulmana era el lugar de las abluciones previas a la oración. Ahora tiene una fuente barroca, el suelo de arena de entonces es un imaginativo pavimento de piedras y casi todas las palmeras han sido sustituidas por un centenar de naranjos unidos por rumorosas acequias, algunos olivos y cipreses. En las galerías del lado norte se hallan las taquillas de acceso. La mezquita originaria, a la que se entra por la Puerta de las Palmas, era un lugar de oración, cuya penumbra y silencio contrastan hoy con el sonido de aves cantoras y canalillos procedentes del Patio de los Naranjos.

Un bosque de arcos

El primer espacio que se encuentra en el interior es la Sala de la Oración. Las columnas y los arcos, que parecen no sostener nada más que el aire, señalan al infinito en el que mora Dios según los creyentes. Su suelo de mármol, que como el del resto de naves de la mezquita data del XIX, en su día debió ser de tierra apisonada y cubierta con alfombras. Desde aquí, rodeando la catedral incrustada en el centro del recinto, se pueden recorrer las distintas ampliaciones que tuvo la mezquita y que hoy conviven sin estorbarse con capillas cristianas.

Quizá lo más impresionante de todo el recinto sean las 1.300 columnas de mármol, jaspe y granito, y los 365 arcos de ladrillo rojo y caliza amarilla que, en distintas disposiciones –de uno en uno, dobles, entrelazados– recorren las salas y parecen avanzar en un oasis de palmeras arquitectónicas. Las columnas de la Sala de Oración son la imagen más universal de un templo que asombró incluso a sus enemigos, los reyes Fernando III, Alfonso X y Carlos V, defensores a ultranza de que no se demolieran, a pesar del consejo de sus sacerdotes. Caminando un par de minutos hacia el norte, la Mezquita se transforma en Catedral. Empezó a construirse en el siglo XVI y tiene una mezcla de estilos que van del gótico al plateresco.

Esplendor de las Américas

Una vez en el interior, sobresalen el retablo Mayor y el Coro, con 50 sillas en dos niveles que fueron realizadas con maderas de Santo Domingo y Cuba. De entre las capillas, la más emblemática es la de san Bartolomé, donde yace el poeta Luis de Góngora (1561-1627).

El paseo prosigue hacia el extremo sudoeste, donde la Mezquita aún esconde dos tesoros: el Mihrab, desde el que el imán dirigía la oración, y la Maxura, su antesala, ambas exquisitas. Como complemento al recorrido se pueden visitar los museos situados dentro del recinto. El de San Vicente, en el lado sur, conserva los hallazgos arqueológicos de la primitiva basílica visigótica; el Museo de San Clemente, cerca de la fachada este, muestra restos árabes y cristianos como lápidas omeyas, el brocal de un pozo o la sepultura de un canónigo; y el tercero es el Tesoro del Museo Catedralicio, en el muro sur, instalado en la extraordinaria capilla de Santa Teresa, cuya planta octogonal y cúpula barroca rivalizan en esplendor místico y estético con las naves musulmanas acabadas de recorrer.

Un final inolvidable

El mejor resumen de estos monumentos que se abrazan uno dentro de otro, la mezquita musulmana y la catedral cristiana, es subir los 203 escalones del campanario, la torre barroca más alta de Córdoba, construida en 1593 alrededor del alminar árabe. Torre y alminar, dialogando siempre y ofreciendo una vista de ambos templos, y alrededor, una panorámica inolvidable de la ciudad.

Para saber más

Cómo llegar: Por carretera, Córdoba se sitúa en el centro de Andalucía, a 398 km de Madrid por la N-IV. El AVE une Madrid y Córdoba en menos de dos horas.

Web de Renfe

Web de Turismo de Córdoba

Web de la Mezquita de Córdoba