La espléndida Liubliana

Una capital de aire mediterráneo al pie de los Alpes eslovenos

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GettyImages-528823229. La joya de Eslovenia

La joya de Eslovenia

Desde la colina del Castillo se contempla una bonita vista de la capital eslovena. En primer término, las iglesias
de Saint Florian y Saint Jakob.

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AWL SLO1141AW. Colina del Castillo

Colina del Castillo

Plaza del Castillo, situada a los pies de la colina que preside la fortaleza.

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GettyImages-489542677. Puente de los Dragones

Puente de los Dragones

Escultura en bronce del Puente de los Dragones.

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GettyImages-161956596. Puente Triple

Puente Triple

Esta original pasarela sobre el río Ljubljinica da acceso a la plaza Presernov, que preside la iglesia de la Anunciación.

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SCT-STP1564. Palacio del Seminario

Palacio del Seminario

La biblioteca barroca del Palacio del Seminario.

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X4L-2025825. Casco Viejo

Casco Viejo

La calle Mestni, una de las más frecuentadas del casco viejo, por sus tiendas y restaurantes.

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Liubliana en cuatro visitas

1 Castillo. La fortificación actual fue construida tras el terremoto de 1511 sobre el destruido castillo medieval.   
2 Catedral de San Nicolás. Magnífico ejemplo del barroco que brilló en Eslovenia. Sus cimientos son románicos.
3 Puente Triple. Esta original estructura de tres pasarelas da acceso a la céntrica plaza Presernov, rodeada de cafés.
4 Iglesia de la Anunciación. Tras su fachada colorista se esconde un interior barroco cubierto de pinturas al fresco.

Mapa: BLAUSET

Una capital de aire mediterráneo al pie de los Alpes eslovenos

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El espectacular Parque Nacional de Triglav

El espectacular Parque Nacional de Triglav

A medio camino entre Austria e Italia, la pequeña capital de Eslovenia aúna lo mejor de la cultura de ambos países, añadiendo unos toques de sabor eslavo. Que nadie se extrañe si, a primera vista, Liubliana recuerda a alguna ciudad austriaca como Graz o Salzburgo porque, entre 1364 y 1918, fue parte del Imperio Austrohúngaro como capital del ducado de Carniola (Krain en alemán).

Un buen lugar para comenzar a explorarla es precisamente el castillo que los Habsburgo construyeron en la colina más alta, al poco tiempo de hacerse con el poder en la zona. Para alcanzarlo en pocos minutos vale la pena utilizar el nuevo funicular panorámico que han diseñado Miha Kerin y Majda Kregar, dos exponentes de la creatividad eslovena. Desde esta fortaleza, el símbolo de la ciudad, la vista abarca el casco antiguo, unificado por las tejas rojas de sus casas y surcado por el río Ljubljanica, afluente del Sava y a su vez del Danubio.

Salpicada de iglesias barrocas, la configuración de la ciudad responde, en gran parte, a la remodelación realizada tras el terremoto que la asoló en 1895 por el arquitecto Max Fabiani, famoso por sus edificios modernistas en Viena. Desde el mirador del castillo también se ven los parques que le han valido a la ciudad ser declarada Capital Verde europea para 2016

Como hemos dicho, a vista de pájaro Liubliana no puede negar la conexión austriaca y centroeuropea, pero solo hay que acercarse a las orillas del río para descubrir su espíritu mediterráneo, aunque se localice más cerca de los Alpes que del mar.

Liubliana no puede negar la conexión austriaca y centroeuropea, pero solo hay que acercarse a las orillas del río para descubrir su espíritu mediterráneo

Se nota en el ambiente de las terrazas de los cafés, en los colores de los edificios, en las fuentes decoradas por escultores italianos del siglo XVIII y en el carácter de la gente, más abierto que en el resto de la antigua Yugoslavia, de la que formó parte hasta 1991. En el corazón de la ciudad está el Tromostovje, un original puente triple que incluye dos pasarelas para los peatones y que fue diseñado por Jože Plenik (1872-1957), el más famoso de los arquitectos de Liubliana. A un lado del puente se abre la plaza Presernov, presidida por la iglesia de la Anunciación, cuyo altar es una joya de la escultura barroca y la obra más asombrosa en la capital eslovena del escultor veneciano Francesco Robba (1698-1757). Este artista también trabajó en la iglesia de Santiago, así como en la Fuente Robba, ésta dedicada a los tres mayores ríos eslovenos (Ljubljinica, Sava y Krka).

En la otra orilla destacan el Ayuntamiento, la Catedral de San Nicolás, el Palacio del Seminario y el Mercado Central, la verdadera alma de la ciudad, donde hay que ir también de noche, sobre todo los viernes, cuando docenas de chefs elaboran sus platos. El mercado, remodelado por Jože Plenik, es ejemplo del empeño de este arquitecto por modernizar y embellecer su ciudad natal. De hecho, no hay rincón, ni edificio de cierta importancia que no lleve su impronta o la del mencionado Max Fabiani.

De la mano de estos dos arquitectos se pueden seguir las orillas del Ljubljanica donde, entre café y café –una buena opción es el NaKavo–, piragüistas, corredores y paseantes, aparecen edificios emblemáticos como la Filarmónica, la Biblioteca Nacional y la encantadora calle Vegova, todos ejemplos del clasicismo de Plenik. Quien prefiera contemplar las caprichosas formas del jugendstil, el modernismo centroeuropeo, las va a encontrar en el puente de los Dragones, que recuerda los orígenes legendarios de Liubliana, cuando el héroe mitológico Jasón libró a los lugareños de un terrible dragón antes de apoderarse del vellocino de oro. Las sutiles líneas modernistas también se contemplan en las casas Krisper, Bamberg y Urbank, todas ellas de Fabiani.

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Las plazas de Liubliana son otro buen hilo argumental para recorrer la ciudad. Cada una tiene un estilo sensiblemente distinto. Así, los períodos medieval y barroco se reflejan en las plazas Municipal (Mestni), Vieja (Stari) y Superior (Gornji); el período modernista de Fabiani en la plaza Eslovena (Slovenski); y el trabajo de Jože Plenik propiamente dicho en las plazas Vodnik (Vodnikov), Revolución Francesa (Francoske Revolucije) y Levstik (Levstikov).

Caminar bordeando el río y después enlazar una plaza tras otra es una buena manera de tomarle el pulso a esta ciudad y comprobar su excelente nivel de vida. Liubliana apenas alcanza los 300.000 habitantes y, sin embargo, se comporta igual que una gran capital europea, con propuestas de ocio cosmopolitas. Un ejemplo son los itinerarios culinarios en los que, por 30 euros, se prueban cinco platos en cinco restaurantes distintos.

Otro buen indicador es la categoría de sus comercios, en especial los de marca situadas en el centro antiguo. En la orilla que preside el Castillo, merece la pena acercarse a la peatonal Mestni y a la plaza Stari, o en el otro lado, pero sin alejarse del río, a los callejones de Trubarjeva, Wolfova Ulica o a Miklošieva, donde las tiendas tradicionales y los escaparates de las firmas internacionales nada tienen que envidiar a los que podrían encontrarse en cualquier otra capital europea.

MÁS INFORMACIÓN

Cómo llegar: Desde España se vuela al aeropuerto de Liubliana, a 26 km y conectado por autobús. La Ljubljana Card ofrece descuentos en el transporte y en visitas a monumentos y museos. En Eslovenia se usa el euro.