La cara más monumental de Viena

Los palacios imperiales de Hofburg y Schönbrunn enmarcan este recorrido

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HEMIS 793381. Ayuntamiento

Ayuntamiento

Los puestos del tradicional mercadillo de Navidad animan la plaza que se abre frente al neogótico Ayuntamiento o Rathaus. Su torre principal tiene una altura de 98 metros

GREGORY GERAULT / GTRES

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46646. Biblioteca Nacional

Biblioteca Nacional

La Prunksaal es la sala más lujosa de este edificio, incluido dentro del Hofburg y situado frente a la Josefsplatz. Destaca su colección cartográfica y su decoración barroca

INGOLF POMPE / GTRES

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HEMIS 394242. Burgtheater

Burgtheater

Es uno de los edificios que mejor encarnan la monumentalidad del Ring, la avenida circular que conecta el centro de Viena. Fue inaugurado en 1888.

LUDOVIC MAISANT / GTRES

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42-17818892. Hofburg

Hofburg

Residencia de los Habsburgo durante 600 años, este gran complejo ocupa 240.000 metros cuadrados. Alberga la Biblioteca Nacional, el Museo de Sisí y la Escuela Española de Equitación

COLIN DUTTON / CORBIS

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Cafés y repostería

La tradición repostera vienesa está íntimamente ligada a los cafés. Lugares de reunión, integrados en la vida cotidiana de los vieneses, los cafés han congregado a generaciones de escritores, artistas y políticos. El más antiguo es el Frauenhuber, donde Mozart actuó en una ocasión. Todos ellos disponen de una tentadora carta, con la sachertorten (tarta sacher), de chocolate, como máxima delicia

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Barrio de los Museos

El Museumsquartier (MQ) reúne las vanguardias artísticas en las antiguas caballerizas imperiales. Tras la fachada barroca, alberga el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo (Mumok), el Museo Leopold –la mayor colección de pinturas de Egon Schiele–, el Centro de Arquitectura y el museo para niños Zoom.

Además, cuenta con salas de exposiciones y espectáculos, restaurantes y bares

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HEMIS 634424. Visitas imprescindibles

Visitas imprescindibles

1 Hofburg. La residencia imperial de invierno tiene 18 alas, 19 patios y 2.600 habitaciones.

2 Biblioteca Nacional. Incluida dentro del Hofburg en 1723.

3 Museumsquartier. Las antiguas caballerizas imperiales alojan hoy un conjunto de museos de arte contemporáneo.

4 Ringstrasse. El paseo por esta avenida circular encadena los edificios más grandilocuentes de la capital.

5 Burgtheater. Edificio renacentista con frescos de Klimt.

6 Ayuntamiento. De estilo neogótico, reúne en su plaza un mercadillo navideño muy animado.

7 Schönbrunn. El palacio de verano de los Habsburgo tiene 1.441 estancias y 120 hectáreas de jardines.

Mapa: BLAUSET

7 de enero de 2013

Viena en 12 visitas

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Viena en 12 visitas

Viena es una ciudad para soñar. No en vano uno de sus hijos más ilustres, Sigmund Freud (1856-1939), otorgó a los sueños una gran importancia científica en el desarrollo de los seres humanos y de las civilizaciones. En Viena uno puede empezar a soñar en el palacio de Hofburg y terminar de hacerlo en el de Schönbrunn, inicio y final de un paseo por los monumentos más representativos de la capital austriaca.

Hofburg es un buen lugar para comenzar a conocer la idiosincrasia de una ciudad cuyo centro histórico fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2001. En este vasto conjunto de dependencias, museos, cafés, restaurantes y parques al que se accede desde la Michaelerplatz, el sector más célebre son los aposentos imperiales y el Museo de Sisí. Allí se puede visitar el gabinete de Francisco José de Habsburgo y el dormitorio de su esposa, la emperatriz Isabel, un icono romántico y social dentro y fuera de Austria que aún despierta pasiones. Junto con los muebles estilo Luis XV, lo más destacado de este museo es la colección de plata imperial, una de las más valiosas del mundo. Justo enfrente se encuentra la Escuela Española de Equitación, que mantiene desde el Renacimiento sus métodos de doma y cuyos espectáculos hípicos –caballos primorosamente enjaezados que danzan al ritmo de la música clásica– son puro arte en movimiento.

Saliendo del Hofburg hacia la derecha, a unas decenas de metros, se llega a la Josefsplatz, donde se alza la Biblioteca Nacional de Austria. La sala principal de este monumental edificio barroco mide ochenta metros de largo y casi veinte de alto, y contiene miles de libros así como una colección única de títulos sobre la Reforma y Lutero.

Se podrían visitar muchos otros museos dentro del perímetro de la Residencia Imperial de Hofburg: el Museo de Éfeso de arte turco y oriental, el Museo del Papiro, el Museo de Historia Natural, el Tesoro Imperial o la iglesia de los Agustinos, donde a cualquier hora suena música de Mozart o Haydn. Para descansar de tantas emociones estéticas e históricas una buena opción es la Casa de las Mariposas, que está situada justo detrás de la Biblioteca Nacional, en el parque Burggarten. En un microclima tropical, con cascadas y estanques, revolotean cientos de especies de mariposas, un sueño alado que relaja y que prepara para disfrutar del siguiente paso.

Una pausa muy dulce

Cruzando el Burggarten apetece hacer un alto en un típico café vienés. Son establecimientos famosos por su decoración tradicional, su tranquilidad, sus bombones y tartas de chocolate y por sus especialidades cafeteras: café solo, con nata o un kaisermelange, con yema de huevo, miel y coñac. Ya repuestos, a apenas diez minutos a paso tranquilo se llega a la Museumsplatz, que ejerce de entrada al Museumsquartier o barrio de los Museos. Es imprescindible visitar el Museo Leopold para conocer la sensibilidad estética de inicios del siglo XX, sobre todo la expresionista y el art nouveau; y después contemplar desde su terraza una vista espléndida de la parte antigua de Viena, con la aguja gótica de la catedral de San Esteban apuntando al cielo. Atravesando la calle Museumsplatz está el Museo de Arte Moderno (Mumok), que continúa contando la evolución del arte hasta el siglo XXI.

Bajando por esta misma calle y luego hacia el norte por la Opperngasse se llega a la Ópera de Viena, una de las más activas del mundo pues ofrece representaciones casi cada día del año. Hay que tener en cuenta que la ópera es casi una religión en esta ciudad consagrada a la música –el Danubio, el río operístico por antonomasia, la atraviesa–, en la que se pueden bailar valses en muchos parques, asistir a conciertos proyectados sobre pantallas gigantes en plazas o visitar las casas de Mozart y de Strauss. Las entradas de pie son tan económicas que merece la pena escuchar una ópera en directo.

La Ópera de Viena es una de las más activas del mundo pues ofrece representaciones casi cada día del año


A la salida de la Ópera una opción es subir al tranvía número dos para recorrer cómodamente la denominada Ringstrasse. Esta avenida de más de cinco kilómetros de longitud abraza el casco antiguo y alberga algunos de los edificios más emblemáticos y lujosos de Viena. Concebida por el emperador Francisco José como la muestra visible del poder y del fasto imperial, en ella se erigen la propia Ópera, el Ayuntamiento, el Parlamento, el Burgtheater, la Universidad, la Bolsa y el Museo de Artes Aplicadas, entre otros. Construidos durante la segunda mitad del XIX, los edificios de esta avenida abarcan una amalgama de estilos (neorrenacentista, neobarroco, gótico flamenco) tan peculiar que los especialistas han acabado denominándolo estilo Ringstrasse. Merece la pena fijarse en los detalles de sus fachadas e interiores, repletos de curiosidades, como figuras escultóricas, remates y combinación de colores.

El Edificio Secesión es, sin duda, uno de los más singulares del entorno de la Ópera. Erigido en 1898 para albergar las exposiciones del movimiento modernista vienés (jugendstil o secesión), es un bloque cuadrado coronado por una cúpula de flores y hojas de metal entrelazados. El Friso de Beethoven, de Gustav Klimt, es la obra más conocida de su colección de arte contemporáneo y experimental. Otra muestra de estilo jugendstil aparece en los Pabellones Karlsplatz, las dos salidas de metro que diseñó en esa plaza Otto Wagner, el arquitecto más famoso del movimiento.

Al otro lado de la plaza, la iglesia dedicada a San Carlos Borromeo (Karlskirche) devuelve al viajero al neoclasicismo monumental, con su frontón y las dos columnas que flanquean la entrada. Para completar la visión de conjunto de la arquitectura vienesa hay que subir al tranvía y llegarse hasta el edificio de apartamentos que en 1985 diseñó Friedensreich Hundertwasser. Su fachada de colores, con elementos árabes y mediterráneos constituye una de las manifestaciones más originales de Viena.

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Navidad en el Rathaus

Antes de dar el salto al palacio de Schönbrunn, donde terminará este paseo por una de las ciudades más hermosas de Europa, es aconsejable pasar una tarde en la plaza del Ayuntamiento o Rathaus. En época navideña, la explanada frente al neogótico consistorio se llena de puestos que venden adornos y también las deliciosas salchichas vienesas, aderezadas con salsas y vasos de vino dulce caliente, ideales para combatir los rigores del invierno.


Conviene reservar toda una mañana para el palacio de Schönbrunn, la residencia de verano de los Habsburgo. Situado en la antigua zona extramuros de la ciudad, está conectado con el centro a través de tranvía, metro y autobús. Como sucedía en el Hofburg, los fastos imperiales acaparan todo el protagonismo. Los aposentos imperiales están repletos de obras de arte: la Gran Galería o sala de los Banquetes deslumbra con su techo decorado con frescos; el Museo de las Carrozas exhibe la que usaba la emperatriz Sisí cuando fue asesinada en Ginebra; y en sus inmensos jardines hay laberintos rococós, invernaderos de plantas exóticas y el zoológico más antiguo del mundo, de 1872.

Para terminar este sueño vienés lo mejor será subir las escalinatas de mármol que, en medio del parque, llevan hasta la Glorieta. Es un magnífico lugar para tomarse un café acompañado por una tarta sacher, una apfelstrudel (hojaldre relleno de manzana) o un par de cremeschnitte, unos buñuelos de crema que verdaderamente parecen sacados de un sueño.