Japón: bajo el embrujo del bosque de bambú

Muy próximo a Kioto, el frondoso bosque de Arashiyama recrea un escenario de ensueño

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GettyImages-537084321. Boque de Arashiyama, Kioto

Boque de Arashiyama, Kioto

En la parte oeste de la ciudad de Kioto y muy cerca del río Hozu se halla este bosque de bambú, una de la mayores atracciones turísticas de esta zona de Japón. Se dice que un paseo por este santuario vegetal es como una depuración del alma, algo que no se puede transmitir con palabras ni imágenes.

Foto: Getty Images

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AP 204900843868. Bosque de Arashiyama, Kioto

Bosque de Arashiyama, Kioto

Un camino iluminado se abre paso entre los imponentes bambús, guiando al viajero por la ruta dentro del bosque. Tener el privilegio de pasear a los pies de estos enormes a la par que esbeltos árboles transporta al visitante a una atmósfera mágica.

Foto: AP Images

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Posición del bosque

Posición del bosque

A unos pocos kilómetros del centro de la ciudad se encuentra este fantástico bosque de bambú que nos transporta a un mundo de sueños. Es una visita obligada para cualquier viajero que visita la ciudad.

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Surcado por una red de senderos que invitan a la meditación, el bosque de bambú de Arashiyama es uno de los rincones más inspiradores y fotografiados de Japón. Se localiza en una montaña al oeste de Kioto, rodeado por la espesura que protege el templo Tenryu-ji (siglo XIV), uno de los más importantes de la escuela rinzai, que cuenta además con un extraordinario jardín zen.

El paseo por Arashiyama es una vivencia onírica. Se camina entre miles de bambús que se alzan unos junto a otros en busca de la luz. La brisa o el viento mecen los troncos y provocan un rumor indescriptible que figura en la lista de "los cien sonidos a preservar en Japón". Fascinado, el visitante no deja de hacer fotos, aunque ninguna imagen logra capturar los infinitos matices de verdor que se despliegan entre el cielo y el suelo.

La quietud de Arashiyama se ve interrumpida al cruzarse con grupos de visitantes entusiasmados con el lugar. Y de pronto, una joven maiko (aprendiz de geisha), con el rostro maquillado y un vistoso kimono, añade una pincelada de color a este santuario vegetal.