El indómito litoral de Madeira

Descubrir los paisajes más espectaculares de la isla requiere partir de Funchal y explorar la costa norte.

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shutterstock 373902586. La costa septentrional de Madeira

La costa septentrional de Madeira

Arco de São Jorge y las otras aldeas del norte de Madeira se encajan entre las montañas y el mar.

Foto: Shutterstock

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AP 637179500587. Piscinas de lava

Piscinas de lava

En la punta noroeste de la isla de Madeira se halla la localidad de Porto Moniz, donde el litoral muestra el origen volcánico a través de su costa abrupta cuyo perfil está marcado por la enormes rocas que sobresalen del agua. 

Foto: AP Images

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DL u157418 009. Viñas de Tinta Negra

Viñas de Tinta Negra

Este destino es ideal para todos los amantes del vino. Como se puede ver en la imagen, tomada cerca de la localidad de São Vicente, las laderas de las montañas se aprovechan para el cultivo de la vid, de la que se producen cuatro variedades diferentes. 

Foto: Gtres

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DL u069613 031. Porto Santo

Porto Santo

Si nos adentramos en el océano Atlántico en dirección noroeste desde la isla de Madeira, aparece ante nuestros ojos la isla de Porto Santo, a 43 kilómetros de la costa. Su larga playa de arena blanca convive con los pequeños picos –el más alto tiene 517 metros– y el clima seco que caracteriza esta destinación. El busto que aparece en la imagen corresponde a Francisco Maya, un interesante pintor portugués. 

Foto: Gtres

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Captura de pantalla 2016-12-19 a la(s) 10.38.51. Costa noroeste de Madeira

Costa noroeste de Madeira

Madeira pertenece a un archipiélago atlántico que se encuentra a 500 kilómetros de las Islas Canarias y a más de 800 kilómetros de la costa portuguesa. Además de Madeira y Porto Santo, también forman parte del conjunto las llamadas Islas Desertas y las Islas Salvajes.

Mapa: National Geographic

Descubrir los paisajes más espectaculares de la isla requiere partir de Funchal y explorar la costa norte.

Más información

Madeira, un jardín en flor

Madeira, un jardín en flor

Madeira es una sucesión de telones de montañas surcadas por profundos valles (ribeiras), por los que primero bajó la lava y después, el agua. Hace seis siglos, cuando los portugueses no habían avistado sus costas pero ya figuraba en alguna carta náutica genovesa, la isla estaba cubierta por la laurisilva, un bosque cuyos árboles tienen hojas similares a las del laurel –alargadas, ovales y recubiertas de cera–. Asombrados ante la foresta, los marinos portugueses encabezados por João Gonçalves Zarco la llamaron Madeira (madera). Los colonos despejaron el terreno con fuego y pronto la caña de azúcar, traída de Sicilia, tapizó la vertiente sur. La villa de Funchal, fundada en 1425, se convirtió en un activo puerto.

Pero aunque Funchal sea hoy la base habitual para conocer la isla, merece la pena partir y recorrer la fabulosa costa norte, pernoctando en alojamientos rurales o apacibles pueblos de pescadores: Porto da Cruz, Faial, Arco de São Jorge, São Vicente, Porto Moniz... La exuberante vegetación trepa por los acantilados en pos de las nubes y algunas cataratas saltan sobre la carretera o caen directamente al mar.