Ibiza, la esencia mediterránea

Calas intactas y un interior rural dibujan el paisaje de esta isla balear

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20424026. Eivissa

Eivissa

El paseo por la capital ibicenca comienza en el puerto, asciende hasta el barrio amurallado de Dalt Vila y culmina en la Catedral (s. XIV-XVIII).

Foto: FOTOTECA 9 X 12

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42-32276927. Cala D’Hort

Cala D’Hort

Frente a esta playa se erigen los islotes de Es Vedrà y Es Vedranell. La torre-vigía de Savinar (s. XVIII), situada en primera línea de mar, es un excelente mirador.

Foto: CORBIS

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42-32276939. Recinto de Dalt Vila

Recinto de Dalt Vila

Es el conjunto monumental más importante de la isla. Se asienta sobre el promontorio amurallado de Eivissa capital (s. XVI) y conserva el dédalo de callejones empedrados de origen medieval que cobijan el Museo de Arte Contemporáneo, el Arqueológico, la Catedral y el Ayuntamiento.

Foto: CORBIS

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20424087. Cala Salada

Cala Salada

Esta apacible playa cercana a Sant Antoni de Portmany destaca por la transparencia de sus aguas y el entorno apenas urbanizado.

Foto: FOTOTECA 9 X 12

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BMKYMD. Las iglesias-fortaleza

Las iglesias-fortaleza

Son edificios emblemáticos de la arquitectura ibicenca. Además de lugar de oración, también se utilizaban como refugio ante los ataques piratas. Con muros encalados y pocas aberturas, tienen un interior austero y a veces pequeñas cruces negras en la fachada. En la imagen, iglesia en Sant Joan de Labritja.

Foto: ACI

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DG1YKC. Cala Mastella

Cala Mastella

Una playita encajada entre pinos y situada al fondo de una rada a la que se llega por un sendero

Foto: ACI

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VN-ESC Ibiza-4. Lugares que no hay que perderse

Lugares que no hay que perderse

1 Eivissa. Es una ciudad dinámica que ha sabido preservar el barrio histórico de Dalt Vila y su acogedor puerto.
2 Parque Natural de Ses Salines. Una zona de humedales en cuyos estanques se dan cita numerosas aves migratorias.
3 Cala d’Hort. No solo permite bañarse en un lugar espléndido, sino contemplar los islotes de Es Vedrà y Es Vedranell.
4 Sant Vicent de sa Cala. Encajada entre pinos y sabinas que llegan hasta el mar, es una de las más tranquilas de la isla.

Mapa: BLAUSET

Calas intactas y un interior rural dibujan el paisaje de esta isla balear

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Ibiza medieval

Ibiza medieval

La biodiversidad natural y la herencia cultural que atesora la isla de Ibiza hicieron que la Unesco la declarase Patrimonio de la Humanidad en 1999. Contribuyeron las praderas de posidonia oceánica responsables de la transparencia de sus aguas mediterráneas; los vestigios fenicios de Sa Caleta y la necrópolis del Puig des Molins; la zona rural del Hort de ses Feixes, regada por un sistema legado por los árabes; y el barrio fortificado de Dalt Vila en Eivissa, antigua ciudadela costera que reluce especialmente con la luz blanca del día y los colores del atardecer.

Tras visitar el recinto amurallado de la capital ibicenca y su animado puerto, la ruta por la mayor de las islas Pitiusas se dirige hacia Sant Jordi de Ses Salines, cuatro kilómetros al sur. El pueblo posee una de las iglesias más antiguas de Ibiza (siglo XIII-XIV) que, como recuerdan sus almenas y gruesos muros, cumplió una función defensiva en sus orígenes. Pero el tesoro del municipio son las salinas, fuente de la economía local durante siglos. Hoy forman parte de un parque natural que engloba los estanques salineros a los que acuden multitud de aves, las playas de Es Codolar, Es Cavallet y Ses Salines y el asentamiento de Sa Caleta (VII a.C.).

El próximo destino es Cala d’Hort, en el sudoeste de la isla y a una veintena de kilómetros. Esta playa de arena y roca tiene enfrente los icónicos islotes de Es Vedrà y Es Vedranell, ambos parte de una reserva y fuente de leyendas. Muy cerca, sobre un montículo, se puede pasear entre los restos de Ses Païsses, otro enclave fenicio (V a.C.). La placidez que reina en ésta y otras playas ibicencas, sean arenosas, rocosas o delimitadas por pinos que casi hunden sus raíces en el mar, se respira también en el interior de la isla.

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El antiguo cementerio de Ibiza

El antiguo cementerio de Ibiza

La ruta se adentra ahora por este interior hacia Sant Rafel de sa Creu, a través de un área rural en la que brillan las típicas casas encaladas ibicencas, rodeadas por parcelas con cultivos donde pacen las ovejas a la sombra de las higueras. En el pueblo, declarado Zona de Interés Artesanal, abundan los talleres de alfareros.

Entre Sant Rafel y los núcleos de Santa Agnès y Sant Mateu se extiende el llamado Pla de Corona. En este llano fértil, surcado por caminos para ciclistas y senderistas, los almendros se alternan con vides, fuentes, pozos y casas cercadas por muritos de piedra. Cualquiera de estos pueblos es idóneo para degustar la cocina autóctona, con propuestas como el pan de pagès tostado con tomate, el sofrit pagès (carne con patatas especiadas) y el flaó (una tarta de requesón y hierbabuena).

La carretera sigue hacia el norte y llega a Sant Joan de Labritja, pueblo que preserva el sosiego campesino. Su minúscula plaza reúne la casa Consistorial, la iglesia y Can Vidal, una tienda con solera donde venden las herbes eivissenques, el licor típico de la isla. El municipio está presidido por Els Amunts, la sierra que vertebra la costa norte desde Cala Salada a Cala Sant Vicent. Siglos atrás fue la zona más recóndita de la isla y aún conserva tramos de roca intactos en los que viven endemismos botánicos y entre los que se abren calas como Benirràs y Mastella.

A unos 12 kilómetros espera Sant Llorenç de Balàfia. Junto a su iglesia nace un camino que acerca al poblado de Balàfia, otro ejemplo de arquitectura tradicional. Se trata de un conjunto de cinco casas payesas con torreones en los que los vecinos se refugiaban en caso de peligro. Visitarlo al atardecer pondrá el broche al recorrido por los rincones de Ibiza que preservan la esencia mediterránea.

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Desde varias ciudades de España hay vuelos al aeropuerto ibicenco, a 8 km de la capital. Otra opción es llegar por mar en ferry regular desde Barcelona, Valencia, Alicante y Mallorca.

Oficinas de Turismo de Ibiza: Tel. 971 301 900/971 809 118.

Turismo de Ibiza