Groenlandia

Groenlandia, la gran isla del Ártico

La tierra de los inuit es uno de los últimos paraísos naturales del planeta

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SUZ2748 A. Puro Ártico

Puro Ártico

El 85% de la superficie de Groenlandia, una isla del tamaño de Europa Occidental, está cubierta por el hielo.  

THIERRY SUZAN

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20627745. Ilulissat

Ilulissat

Fundada en 1741, es la tercera ciudad groenlandesa en tamaño. En primer término, el museo del explorador local Knud Rasmussen (1879-1933), quien dedicó su vida a investigar la cultura inuit.

GÜNTER GRÄFENHAIN / FOTOTECA 9 X 12

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AWL GR01 PSO0010 M. Fauna boreal

Fauna boreal

El oso polar, la ballena y la foca son los animales más representativos de Groenlandia. Las salidas para avistarlos duran toda una jornada.

AWL IMAGES

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BVH-20628206. Bahía de Disko

Bahía de Disko

Las rutas en barco pasan junto a icebergs con más de mil años de edad que alcanzan la altura de edificios de hasta quince plantas.

BERND RÖMMELT / FOTOTECA 9 X 12

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SIM-434185. Oqaatsut

Oqaatsut

Esta localidad de pescadores y cazadores de focas se encuentra 21 km al norte de Ilulissat. Los colonos daneses del siglo XVIII la llamaron Rodebay, bahía roja.

LUCIANO GAUDENZIO / FOTOTECA 9 X 12

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42-17836366. Bahía de Disko

Bahía de Disko

Los fragmentos gigantes de hielo que se desprenden del glaciar Kangerlua navegan a la deriva por
la bahía de Disko durante meses.

PAUL SOUDERS / CORBIS

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Stefanforster Greenland 115. Sermeq Kujalleq

Sermeq Kujalleq

El sol de medianoche baña de luz rosácea los icebergs desprendidos de este glaciar. Este fenómeno, en el que nunca llega a hacerse de noche, tiene lugar durante el verano.

STEFANFORSTER.COM

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VNG 174 GROENLANDIA-3. El noroeste groenlandés

El noroeste groenlandés

1 Kangerlussuaq. Puerta de entrada al norte de la isla.
2 Bahía de Disko. Es uno de los mejores lugares de Groenlandia para navegar entre icebergs y realizar trekkings.
3 Ilulissat. El museo Rasmussen muestra la cultura inuit.
4 Oqaatsut. Es un tradicional pueblo de pescadores y cazadores de focas a orillas del fiordo de Ilulissat.

Mapa: BLAUSET

24 de septiembre de 2014

Si alguna vez imaginamos los primeros días de la Tierra, probablemente evocaremos, sin saberlo, los paisajes de Groenlandia. De hecho, cuando el avión aterriza en la antigua base militar estadounidense de Kangerlussuaq –el mayor aeropuerto del país–, te invade la certeza de que, esta vez sí, estás donde terminan todos los mapas.
Con 300 días al año de cielos despejados, Kangerlussuaq tiene un fascinante aspecto postmilitar de simétricas viviendas de hormigón. Estos antiguos barracones para soldados, pintados de vivos colores una vez pasada la Guerra Fría, contrastan con la calidez de la iglesia de madera que se erige en el centro de la ciudad. El templo fue obra de los colonos daneses que llegaron a la isla en 1714 y la evangelizaron tras un largo proceso de casi 200 años. El poderoso arraigo de la cultura inuit, la dureza del clima y la enormidad del territorio no se lo pusieron fácil a los daneses, pero su tenacidad les llevó a ejercer una soberanía sobre Groenlandia que se ha mantenido hasta hoy.

Los paisajes que rodean Kangerlussuaq son un buen preludio a la inmensidad paisajística de la bahía de Disko: el gigantesco glaciar de Sermersuaq, prados cubiertos de flores o de nieve según las fechas, y vastas llanuras que son el hogar del buey almizclero, un hervíboro contemporáneo del mamut.

Un poco más al norte se ubica Sisimiut, la segunda ciudad de Groenlandia después de Nuuk, la capital. En ella viven 6.000 personas y más de 2.000 perros árticos, un animal cuya existencia es esencial para tirar de los trineos durante los meses invernales. Sisimiut es un buen lugar para conocer algo mejor a los habitantes de Groenlandia, los inuit. Sus costumbres y modo de vida no está tan lejos de los saqqaq, los moradores de la isla hace más de 4.000 años. La mayoría, especialmente los que viven en las ciudades, han abrazado el estilo de vida del siglo XXI, pero muchos siguen siendo cazadores seminómadas y aún utilizan enseres que llegaron con sus antepasados desde la isla de Baffin: los leister (arpones de pesca), los kayaks y los cuchillos labrados en cuerno de reno, entre otros.

No hay que irse muy lejos para ver cazadores inuit en acción, ya que en muchas poblaciones de la bahía de Disko –Itilleq, Ukkusissat y Oqaatsut– la pesca y la caza de focas constituyen una parte fundamental de la economía local. Aunque desde las campañas conservacionistas de los años 1980, los inuit no pueden vender pieles a Estados Unidos ni a Europa, mantienen ciertas cuotas de caza de especies protegidas por motivos alimenticios y de tradición histórica.

Lejos de ser un pueblo que se limita a sobrevivir en un territorio climáticamente hostil, los inuit tienen una cultura extraordinariamente rica y viven en profunda comunión con el entorno. La omnipresencia de la naturaleza ha forjado el carácter de estas gentes y, para comprenderlo, solo hay que acercarse a Qeqertarsuaq, en el corazón de la bahía de Disko. Esta ínsula, en la que apenas habitan 800 personas, es un paraje agreste, dominado por la tundra y por caudalosos ríos de origen glaciar. Su costa está bordeada por acantilados de basalto que se precipitan a un mar a menudo moteado por los lomos resoplantes de ballenas yubartas.
Contemplando el horizonte desde estos privilegiados miradores uno se da cuenta del poder de la naturaleza en este extremo del planeta apenas pisado por el hombre. Los inuits la temen, la respetan y la veneran porque entienden que, aquí, el ser humano es una simple y minúscula anécdota.

En lugares como Oqaatsut (Rodebay para los primeros daneses que la poblaron) o Qeqertarsuaq, se aprende que las maravillas de Groenlandia no se limitan a los inacabables paisajes, sino que también incluyen infinidad de pequeños detalles. Solo hay que prestar un poco de atención para descubrir el vuelo del fulmar, un ave marina parecida a la gaviota que los nativos denominan qaqulluk, o la frágil supervivencia de la niviarsiaq, una flor ártica convertida en símbolo nacional. Y es que aunque cueste creerlo, Groenlandia, la «green land» del intrépido Erik el Rojo es, en efecto, mucho más verde de lo que cabría esperar.

Cuando arribó a la isla desterrado de Islandia, el vikingo pelirrojo más famoso de todos los mares y épocas quedó sorprendido ante la fertilidad de los valles. Inspirado por aquel verdor insospechado y también como ardid para atraer a nuevos colonos, Erik volvió a Islandia y contó maravillas sobre la nueva tierra del oeste. Sus palabras y su poder de persuasión surtieron tal efecto que, poco tiempo después, regresaba a Groenlandia acompañado por quinientos hombres y mujeres dispuestos a empezar una nueva vida. Aquella comunidad vikinga permanecería en la isla 500 años, hasta que la dureza climática y la no siempre amable convivencia con los inuit los expulsaría para siempre.

Aldeas de pescadores inuit, tundra, osos polares, focas, ballenas... Falta mencionar al protagonista absoluto de los parajes árticos, un invitado estrella que, como en los buenos conciertos, hemos dejado para el final: el hielo. Y es que su importancia en la isla es muy notable. El inlandsis cubre ni más ni menos que 1,8 millones de kilómetros cuadrados de la superficie groenlandesa. En esta vasta capa de hielo perpetuo se forman numerosos glaciares que, debido a la fuerza de la gravedad, son empujados hacia la costa. Cuando alcanzan el mar, el hielo se desprende formando los icebergs que flotan alrededor de Groenlandia y que suponen uno de sus mayores atractivos naturales. Uno de ellos, por cierto, hundió el Titanic en 1912.

En el extremo norte de la bahía de Disko, Eqip Sermia es uno de los glaciares a los que es más fácil acercarse. Ya sea en botes preparados para la navegación en aguas polares o desde la isla cercana, se puede asistir en directo a los constantes desprendimientos de bloques de hielo que llevan allí miles de años. Es sin duda un espectáculo sobrecogedor por la emoción que supone casi tocar con la mano la superficie azulada de unos icebergs grandes como edificios y de formas tan imaginativas que podrían haber sido esculpidos por niños gigantes.

En la población de Ilulissat, algo más al norte, tendremos otra visión mágica ante el Icefjord, el único lugar en Groenlandia declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Aquí se encuentra el Sermeq Kujalleq, uno de los glaciares más activos y rápidos del mundo, con una velocidad de crecimiento de 40 metros diarios. Los científicos estudian esta masa de hielo desde hace más de 250 años y han llegado a comprender el comportamiento del inlandsis y su relación con el cambio climático.
El oso polar, el otro icono ártico, se ha convertido precisamente en el símbolo del calentamiento del planeta. El Ursus maritimus de los científicos, el nanuk de los inuits, el espíritu de las tierras árticas no se deja ver con facilidad, pero de vez en cuando aparece flotando sobre un hielo a la deriva como un vivkingo en busca de una tierra nueva.

MÁS INFORMACIÓN
Documentos: pasaporte.
Idiomas: groenlandés y danés.
Moneda: corona danesa.
Horario: 4 horas menos.
Equipo: ropa impermeable y resistente a bajas temperaturas, botas de montaña, repelente de mosquitos.  

Cómo llegar y moverse: Los vuelos europeos a Groenlandia llegan desde Islandia y Dinamarca. Kangerlussuaq tiene conexión directa con Copenhague (Dinamarca); Ilulissat, con Reykjavík (Islandia).El barco y la avioneta son los medios de transporte habituales en la isla y especialmente en el norte, donde no existen carreteras. La bahía de Disko cuenta con una línea de barcos que conecta las poblaciones de la zona.  

Turismo de Groenlandia