Estambul, de la Mezquita Azul al estrecho del Bósforo

La mítica ciudad turca muestra el legado de sus tres milenios de historia

1 / 9

1 / 9

42-32949386. Santa Sofía

Santa Sofía

La iglesia de la Sagrada Sabiduría (Haghia Sophia) lleva quince siglos sorprendiendo por su perfección arquitectónica y el refinamiento de sus interiores.

SALVATOR BARKI / GETTY IMAGES

2 / 9

HEMIS 530906. Mezquita Azul

Mezquita Azul

Sus seis alminares, la cascada de cúpulas y los azulejos de Iznik que cubren las paredes y los techos del interior le han dado categoría de obra universal.

MATTES RENÉ / GTRES

3 / 9

135450935. El Gran Bazar

El Gran Bazar

Desde su fundación en el siglo XV, fue probablemente la primera zona franca del planeta, donde no existía el control aduanero. Parte de su independencia administrativa se mantiene hoy día, como demuestra que el 15% de sus 3.600 tiendas no estén registradas. Tiene 15 puertas de acceso y 64 calles que agrupan los distintos gremios.

AGE FOTOSTOCK

4 / 9

200161492-001. Palacio Topkapi

Palacio Topkapi

El denominado Kiosko Bagdad, decorado con vitrales y azulejos de Iznik, es uno de los pabellones más bonitos de la lujosa residencia de los sultanes otomanos.

MARK HORN / GETTY IMAGES

5 / 9

138274538. Puente de Gálata

Puente de Gálata

Yeni Cami, la Mezquita Nueva, se divisa desde el puente que cruza el Cuerno de Oro hacia Beyoglu.

CORBIS

6 / 9

ATL-087036. Sabores con leyenda

Sabores con leyenda

Comer en Estambul es sumirse en un mar de tradiciones e historias. El café, traído de Yemen durante el Imperio Otomano, se usa hoy en día para leer el porvenir. El loukum o dulce turco nació de los fogones del palacio de Topkapi para satisfacer a las concubinas del harén. El kebab siempre va acompañado de airan, leche de cabra con sal, bien fría.

GTRES

7 / 9

HEMIS 359697. El barrio de Beyoglu

El barrio de Beyoglu

Las mesas de cafés y restaurantes ocupan las aceras de la empinada calle Hayriye Caddesi. En el siglo XIX, éste era el barrio de las embajadas.

GARY YEOWELL / GETTY IMAGES

8 / 9

143060978. El Bósforo

El Bósforo

Este brazo de agua de 30 kilómetros comunica el mar Negro con el de Mármara, y registra un intenso tráfico marítimo. En la imagen, la torre de Leandro.

SALVATOR BARKI / GETTY IMAGES

9 / 9

VNG 151 ESTAMBUL-3. Las claves de Estambul

Las claves de Estambul

1 Mezquita Azul. La mayor mezquita de Estambul fue inaugurada en 1616. Se halla a pocos pasos de Santa Sofía.

2 Santa Sofía. Basílica y luego mezquita, hoy es un museo. Tiene un baptisterio del siglo VI y mosaicos del siglo XIV.

3 Topkapi. El recinto palaciego fundado por los sultanes otomanos ocupa la Punta del Serrallo.

4 Gran Bazar. Este laberinto de más de 60 calles concentra más de 3.600 tiendas agrupadas por gremios.

5 Puente de Gálata. Conecta el barrio de Beyoglu con el de Eminonu, situados a ambos lados del Cuerno de Oro.

6 Beyoglu. Es el barrio más moderno y bohemio, con multitud de cafés, restaurantes y comercios.

7 El Bósforo. La torre de Leandro es una de las curiosidades que se avistan durante la travesía por este brazo de mar.

Mapa: BLAUSET

La mítica ciudad turca muestra el legado de sus tres milenios de historia

Cuando el rey Byzas acudió al Oráculo de Delfos para preguntar dónde debía fundar su nueva ciudad, el Oráculo le respondió «Frente a la tierra de los ciegos». Con ese hermético dato llegó en el año 675 a. C. al estrecho del Bósforo, donde descubrió el espléndido estuario del Cuerno de Oro intacto y, en la orilla asiática, una pequeña colonia de pescadores llamada Calcedonia. La profecía cobraba sentido: los de Calcedonia «debían de estar ciegos» para no instalarse en el lado europeo. Nacía Bizancio.

Poco queda de aquellos primeros colonos. Hoy la península de Sultanahmet tiene el sabor de sus últimos conquistadores, los turcos, con alguna pincelada griega adaptada al islam y con los majestuosos minaretes de la Mezquita Azul elevándose al cielo. No se puede comenzar el recorrido por Estambul en otra parte. En Sultanahmet cada piedra es testimonio de la grandeza de quienes hicieron de esta ciudad el centro del mundo, primero bizantino y luego musulmán.

Santa Sofía es más que un templo, es el ejemplo de cómo la belleza es capaz de sobrevivir a la destrucción de las religiones.

La familia Osman (Otman en árabe, origen del vocablo otomano), de donde descendieron los sultanes, fijó en el Cuerno de Oro su residencia hasta el siglo XIX en el cautivador palacio de Topkapi. Con sus opulentos tesoros, sus quioscos de altas cúpulas y el harén, con sus eunucos guardianes y su legión de concubinas, cautivó la imaginación de pintores y escritores europeos durante siglos. En la actualidad es un recinto abierto al público que acoge diversos museos de arte y tradiciones, aunque solo el paseo por los frondosos jardines que separan los distintos pabellones ya es una experiencia deliciosa.

En el templo azul

Los sultanes dedicaron el dinero de sus conquistas a la construcción de mezquitas. La más bella de todas, la Mezquita Azul, se encuentra a unos minutos a pie del palacio. Con sus seis minaretes, sus voluptuosas cúpulas y 200 vidrieras venecianas, fue mandada construir en 1609 por Ahmet I para apaciguar las iras de Alá tras la derrota de sus ejércitos. El gran patio tiene las mismas dimensiones que la sala de oración, decorada con 20.000 azulejos de Iznik que aportan la tonalidad azul por la que es conocida.

Enfrente está su rival en belleza, Santa Sofía, heredera del esplendor de la Constantinopla del emperador romano Justiniano. Cuando se erigió, el año 537, corrió el rumor por las calles de la ciudad de que un ángel había diseñado los planos. Los otomanos la transformaron en mezquita en el siglo XV y hoy es un museo abierto a todos los credos. Pero Santa Sofía es más que un templo, es el ejemplo de cómo la belleza es capaz de sobrevivir a la destrucción de las religiones, ya que quienes pisaron su interior, griegos, musulmanes e incluso vikingos, quisieron que su impronta perviviera en ella. Paseando por su planta parece que se oye el murmullo del imán y el canto del psaltis bizantino, bajo una bóveda de 56 metros.

Hasta ella se llega por el Hipódromo, una plaza ajardinada famosa entre los bizantinos por sus carreras de caballos y que hoy sirve de punto de encuentro las noches de Ramadán –en 2012 y 2013, coincide en julio–, cuando la llamada al rezo señala el fin del día y del ayuno. Al cruzar la plaza, resulta casi imposible no dejarse tentar por los puestos callejeros que ofrecen delicias como el simit, una rosquilla de sésamo. También es recomendable entrar en Tarihi Sultahnahmet Kóftecisi, una casa de comidas a cien metros de la Mezquita Azul donde desde 1920 preparan köfte, albóndigas de carne especiada.

138274538


De la cisterna al Gran Bazar

Santa Sofía, la Mezquita Azul y el Hipódromo no son los únicos enclaves históricos que se agrupan en torno a la plaza Sultanahmet. También merecen una visita los Baños de Roxelana, diseñados en el siglo XVI por el genial arquitecto Sinan, y la Cisterna de la Basília, construida por el emperador Justiniano en el año 532 para suministrar agua a la ciudad durante los asedios y hoy aprovechada como incomparable sala de conciertos.

Es el momento de tomar el tranvía que deja frente a la puerta de Çarsıkapı del Gran Bazar –hay quince accesos– y poner a prueba nuestras habilidades en el arte del regateo en alguna de sus más de 3.600 tiendas. Bajo sus cúpulas, dos toneladas de oro cambian a diario de manos, además de alfombras de toda Asia, orfebrería, instrumentos musicales, telas...

El bazar de las Especias, fue construido como parte del complejo de la Mezquita Nueva en 1664

Caminar por el barrio que rodea el Bazar es otra grata experiencia. El zoco es territorio de los estambulíes y se nota en los precios, en la calidad de los productos y en que, a diferencia de los comerciantes del bazar, aquí solo se habla turco. Es conveniente entrar en una tienda para disfrutar plenamente de todo el sabor de esta tierra de comerciantes: el ritual del té, sus vendedores de caras curtidas por el humo del cigarro y su clientela de mujeres con pashminas multicolor.

La Mezquita Nueva (Yeni Cami), en el barrio de Eminönü, es la última parada antes de cruzar el Cuerno de Oro por el puente de Gálata. Su materialización, entre 1597 y 1663, fue el proyecto de dos mujeres que se hicieron fuertes en el serrallo, Safiye y Turhan Hadice, madres de Mehmet III y de Mehmet IV respectivamente. Al estar abierta a las visitas incluso a la hora del rezo –con ropa recatada y las mujeres, con el cabello cubierto–, ofrece la oportunidad de observar sus azulejos florales mientras los fieles realizan sus plegarias. A cien metros se halla el bazar de las Especias, que fue construido como parte del complejo de la Mezquita Nueva en 1664, de ahí que el alquiler de sus tiendas se invierta aún en el templo.

El puente de Gálata permite el acceso al Estambul más moderno y noctámbulo: el barrio de Beyoglu. Hay pocas cosas más evocadoras que atravesar el Cuerno de Oro por este puente al atardecer, cuando el canto del muecín se incorpora a las sirenas de los barcos que circulan por este brazo de mar. Mientras se pasea entre el alboroto del puente, con pescadores y vendedores ambulantes a los lados, se siente la quietud del cielo rojizo, se admiran las cúpulas de las mezquitas tiznadas de oro atrás y, al frente, la torre de Gálata con su séquito de gaviotas.

El vigía del Cuerno de Oro

Erigida por los genoveses en 1348, la torre de Gálata ha sido desde siempre el centinela de Beyoglu. En el siglo XIX, cuando recibía el nombre de Pera, era el barrio de las embajadas y de los mercaderes armenios y griegos, con un sabor más europeo que oriental. En sus empedradas calles se hablaban más de 40 idiomas y recalaba la nobleza europea llegada en el Orient Express. Tenía electricidad, teléfono y uno de los primeros tranvías eléctricos del mundo, el Tünel, que todavía funciona. Todo esto cambió con la declaración de la República en 1923 y el traslado de las embajadas a Ankara. En los años 1990 hubo un renacimiento y ahora Beyoglu vuelve a estar en plena ebullición.

A los pies del puente Gálata salen los transbordadores que cada mañana llevan a cientos de estambulíes desde Asia hasta Europa.

Refugio de artistas, el barrio está repleto de cafés, restaurantes de fusión, anticuarios y galerías de arte. Un paseo por Istiklal, la avenida que cada día recorren cerca de un millón de personas, despierta al viajero de la nostalgia otomana de Sultanahmet y lo lanza a la nueva realidad que vive la ciudad: con más de 15 millones de habitantes, Estambul es una de las metrópolis más efervescentes del planeta y Beyoglu es su corazón.

A los pies del puente Gálata salen los transbordadores que cada mañana llevan a cientos de estambulíes desde Asia hasta Europa. Vale la pena subir a uno de ellos y pasar una mañana en Kadikoy para ver que el antiguo asentamiento calcedonio es un animado barrio con restaurantes de pescado. En el viaje de vuelta, el barco pasa frente a la torre de Leandro, escenario de la leyenda de una princesa que cada noche esperaba con una vela encendida a su amado Leandro hasta que una tormenta apagó la vela y el joven, desorientado, se ahogó en las aguas del Bósforo.

La última tarde en Estambul debería transcurrir entre las cálidas paredes de uno de sus históricos hammams. En el baño turco, entregados los hombres a las rudas manos de los tellak y las mujeres a los masajes de las limpiadoras, la ciudad bizantina y otomana parece un sueño.

PARA SABER MÁS

Documentación: DNI o pasaporte y un visado que se tramita en el aeropuerto o bien en la embajada turca en Madrid: Tel. 913 198 064.

Idioma: turco.

Moneda: lira turca.

Diferencia horaria: 1 hora más que en España.

Cómo llegar: Varias ciudades españolas cuentan con vuelos directos a Estambul. El aeropuerto de Ataturk, a 25 km de la ciudad, dispone de servicio de taxi y de autobuses que llevan a la céntrica plaza Taksim; y metro con parada en Esenler, la principal estación de autobuses.

Cómo moverse: Los abonos de transporte públicos (tranvía, autobús y metro) se adquieren en las estaciones y en quioscos; el akbil es una ficha electrónica que se carga con efectivo y sirve como billete. Las dolmus son furgonetas que comparten trayectos. En los muelles de los puentes Gálata y Ataturk se contratan las salidas en barco por el Cuerno de Oro y el Bósforo. De aquí parten también los transbordadores regulares que utilizan los habitantes de la ciudad.

Más información: Oficina de Turismo de Turquía: Tel. 915 597 014.

Web de Turismo de Turquía

Web de Turismo de Estambul