Escapada urbana a Salamanca

Javier Mazorra

21 de febrero de 2017

Entre el río Tormes y la plaza Mayor se despliega el bello legado gótico y renacentista de esta ciudad universitaria

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La monumental Salamanca

La monumental Salamanca

Monumental, culta y divertida. Así es la Salamanca, una de las ciudades más bellas de la Península. La historia en mayúsculas de la ciudad comienza el año 1218 cuando Alfonso IX de León crea su Universidad, la más antigua del mundo hispánico y una de las cuatro de la cultura occidental. Desde entonces Salamanca no ha hecho más que acrecentar su patrimonio artístico e intelectual.

Un buen lugar para iniciar la visita es el puente Romano, construido en tiempos de Trajano y el acceso a la ciudad hasta el siglo XIX. En un extremo tiene la escultura El Toro del Puente, el verraco ibérico al que alude el anónimo autor del Lazarillo de Tormes (1554), el río que la cruza. Desde allí se contempla la ciudad con sus múltiples torres y cúpulas de estilos diversos, aunque mimetizadas por esa piedra arenisca que tan pronto adquiere tonos dorados como cobrizos, según sea el resplandor del sol. Los restos más antiguos se hallaron en el Cerro de San Vicente, hoy convertido en el Parque Arqueológico.

Pero lo que más llama la atención de Salamanca es su doble Catedral, que ahora se puede descubrir de una forma insólita gracias al proyecto Ieronimus. Este invita a recorrer sus torres medievales entre almenas, pináculos, górgolas y perspectivas desconocidas. Las vistas de altura permiten admirar el artesonado de la catedral Vieja románica desde la Sala del Alcaide o disfrutar de su cimborio desde el mirador del Patio Chico; luego, desde las alturas de la catedral Nueva, donde se mezclan el gótico, el plateresco y el barroco, asomarse a la balconada de la fachada y descubrir el grandioso casco antiguo, declarado Patrimonio de la Humanidad.

La importancia de la Universidad

En el centro dominan los edificios vinculados con la Universidad, como el cercano Colegio de Anaya, neoclásico. Pronto también se descubre la suntuosa fachada de las Escuelas Mayores, obra cumbre del plateresco, estilo del que Salamanca cuenta con excelentes ejemplos.

De la mano de Fray Luis de León, pero también de Miguel de Unamuno o de Francisco de Vitoria, se van explorando las aulas, así como otros edificios académicos contiguos. Es el caso de las Escuelas Menores donde no hay que perderse ese Cielo de Salamanca, el fresco que fue pintado en 1485 por Fernando Gallego en la Biblioteca.

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El nacimiento de la Universidad

El nacimiento de la Universidad

A pesar de los destrozos sufridos durante la ocupación francesa del siglo XIX, en Salamanca todavía perviven numerosos colegios mayores y edificios históricos relacionados con la enseñanza. Destaca la Universidad Pontificia que incluye en su recinto la magnífica iglesia de la Clerecía, a cuya torre es recomendable subir para volver a descubrir Salamanca desde otro punto de referencia. Al bajar aparecen la peatonal calle Libreros y muy cerca la Casa de la Conchas, un palacio convertido en biblioteca.

Por la Cuesta de San Blas se llega al Colegio de Fonseca, cuya portada es otra maravilla del plateresco, pero donde tampoco hay que perderse el extraordinario claustro, considerado uno de los más logrados del Renacimiento de Castilla. Contrasta con el Palacio de Congresos, situado a poca distancia, una obra contemporánea del arquitecto Juan Navarro Baldeweg que, sin embargo, y gracias a esa piedra de Villamayor, se integra a la perfección en el conjunto histórico.

Los tesoros de un paseo por Salamanca

En realidad, no es posible dar un paso por el centro salmantino sin encontrar algún tesoro, ya lo sea por su valor monumental o por su relación con algún personaje. Ahí está el grandioso convento de San Esteban –fue un destacado centro de la contrarreforma religosa europea de los siglos XVI y XVII–, o el Palacio de Monterrey, cuyo plateresco sirvió de modelo a infinidad de edificios.

Otros pueden parecer discretos, como el Convento de Santa Clara, aunque en su interior esconde magníficos artesonados y frescos medievales. En cambio, a la Casa de Santa Teresa o a la de Miguel de Unamuno se va para sentir el paso de sus moradores, lo mismo que al romántico Jardín de Calixto y Melibea, al que se acude para descansar y soñar paseando.

No es posible dar un paso por el centro salmantino sin encontrar algún tesoro, ya lo sea por su valor monumental o por su relación con algún personaje

Por último, los que busquen una Salamanca alternativa deben visitar la antigua cárcel, convertida en el centro cultural Domus Artium, y la Plaza del Oeste, cerca de la estación de autobuses, un entorno que se ha transformado en un innovador museo de arte urbano, cuyo centro neurálgico es La Salchichería, un lugar imprescindible para tomarle el pulso a esta histórica ciudad que nunca deja de sorprender.

Al final todos los caminos confluyen en la que posiblemente sea la Plaza Mayor barroca más sublime del país. A ella hay que acudir para reposar tras la visita en alguno de los cafés instalados bajo los soportales –como el clásico Novelty, abierto en 1905– para luego degustar la gastronomía local en uno de los mesones de esta plaza dominada por el Ayuntamiento, reconocible por su españada.

FOTOGRAFÍAS: Getty Images; Awl images; Fototeca 9x12; AGE FOTOSTOCK

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