Dinamarca

Escapada a Copenhague

Un paseo por la estimulante capital danesa

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Copenghague apertura. Nyhavn

Nyhavn

El paseo que bordea este canal del siglo XVII está hoy repleto de terrazas de restaurantes. Aquí vivió el escritor de cuentos Hans Christian Andersen.

SINA ETTMER

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Tivoli

Fundado en 1843, este parque de atracciones se halla en el corazón de la capital. Cuenta con un lago artificial, un palacio de conciertos y varios pabellones de estilo oriental con restaurantes.

GÜNTER GRÄFENHAIN / FOTOTECA 9 X 12

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SIM-448762. Iconos del paseo marítimo

Iconos del paseo marítimo

La Sirenita y el edificio del Diamante Negro cautivan por sus líneas y su emplazamiento frente al canal.

MAURIZIO RELLINI / FOTOTECA 9 X 12

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Strøget

Esta sucesión de calles peatonales se abre en un amplio espacio presidido por la fuente de las Cigüeñas.

ANDREY OMELYANCHUCK

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Christiania

Surgido en la década de 1970, este barrio sigue despertando curiosidad por su forma de vida alternativa así como por sus restaurantes de cocina vegetariana.

AGE FOTOSTOCK

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Palacios Reales

Frederiksborg, en las afueras, es una de las seis residencias que la monarquía danesa tiene en la capital.

NURIA PUENTES

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Rundetårn

El mirador de la Torre Redonda regala una vista panorámica de la ciudad. Erigida en 1601, fue uno de los primeros observatorios astronómicos de Europa.

KENNY BENGSTON

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Qué visitar

1 Tivoli. Un parque de atracciones del siglo XIX.
2 Strøget. Esta sucesión de calles peatonales cruza el centro de la ciudad.
3 Nyhavn. El viejo puerto donde vivió H.C.Andersen es perfecto para pasear.
4 Slotsholmen. Un islote que concentra numerosos edificios monumentales.
5 Christiania. Barrio hippy y «alternativo», acoge hoy talleres y restaurantes.

Mapa: BLAUSET

Un paseo por la estimulante capital danesa

Bañada por las aguas de vetustos canales, adornada por parques y jardines, modelada por un diseño entre funcional y vikingo, Copenhague presenta una naturalidad urbana que le ha valido la fama de idílica, e incluso de mediterránea. La bicicleta se ha adueñado del espíritu doméstico de Copenhague. Tanto es así, que más de la mitad de su población acude al trabajo pedaleando. Hay bicis allá donde se mire. Son realmente útiles para visitar a buen ritmo enclaves imprescindibles de la capital danesa y también para recorrer los alrededores.

La primera parada podría producirse ante el elegante parque de atracciones Tivoli, en pleno centro. Cuando el oficial Georg Carstensen regresó en 1843 de aquella Italia romántica que recorrían los viajeros decimonónicos, convenció al rey Christian VIII para que creara un espacio de recreo en la ciudad. Lo nombró Tivoli, cautivado por los jardines que vio en esa ciudad próxima a Roma. A pesar de algunos periodos sombríos, la atmósfera refinada y aristócrata del parque ha sobrevivido hasta nuestros días. Tiene un teatro de la pantomima único en el mundo, tiovivos, un palacio de conciertos, un lago artificial con un buque de madera anclado en sus aguas y restaurantes que sirven la mejor cocina danesa.

Tivoli se ubica a un paso de la holgada Rådhuspladsen, la plaza del Ayuntamiento, lugar de encuentros multitudinarios y espacio enladrillado donde se percibe el sosiego escandinavo. El escritor Hans Christian Andersen (1805-1875) cuenta con una estatua conmemorativa camuflada en una esquina de esta plaza y, aunque solo sea por rendir tributo al autor de La sirenita, El patito feo o El soldadito de plomo, detenerse ante su imagen parece un gesto casi obligado por muchas veces que se visite la ciudad.

Resulta divertido imaginar al emperador desnudo del cuento de Andersen mientras uno pasea por esta sucesión de calles peatonales y comerciales llamada Strøget. Su aspecto ha cambiado poco con el paso del tiempo. Quizá lo más destacado sea que ahora las tiendas de moda más atrevidas conviven con firmas internacionales, puestos de comida rápida y cafés universitarios. Pronunciar los nombres de las calles que componen Strøget es una misión casi imposible si no se domina el danés, pero eso no será necesario para disfrutar de los tesoros que esta histórica vía muestra a cada paso. Uno de los primeros que llaman la atención es la fuente de bronce del siglo XVII con forma de cáliz que adorna la plaza Gammeltorv. Si durante nuestra visita los surtidores están repletos de manzanas, es que se celebra el cumpleaños de la reina Margarita II o el del príncipe consorte. La residencia de los monarcas, por cierto, se halla a pocas calles de ahí, en el palacio de Amalienborg, una de las seis que la casa real danesa tiene en la capital.

Moverse de un barrio a otro permite conocer las distintas caras de Copenhague. Contigua a Gammeltorv, la plaza Nytorv exhibe edificios insignes de la banca y los tribunales daneses. Aquí se puede optar entre pasear por la animada Gammel Strand –en época medieval, las mujeres de los pescadores vendían las capturas en esta calle– y luego cruzar al islote de Slotsholmen, cuna de la ciudad y donde se ubican las instituciones danesas, reunidas en el palacio de Christiansborg. O bien optar por el camino contrario y dirigirse hacia el campus universitario, en torno a Frue Plads, donde la cerveza tiene fama de «empapar» tanto como la lluvia. En este sector abundan los edificios centenarios consagrados a las últimas tendencias artísticas.

La postal más cálida de la ciudad se halla en Nyhavn, un viejo puerto de coloridas y soleadas casas, con barcas y veleros atracados en un muelle inaugurado en 1671 y ahora repleto de restaurantes, locales de jazz y comercios que ocupan antiguos almacenes. Éste era el barrio de Christian Andersen, que vivió en los números 18, 20 y 67, en los que escribió algunos de sus cuentos más célebres. Desde este emblemático lugar resulta inevitable sentirse seducidos por la protagonista del paseo, la Sirenita de bronce (Den lille Havfrue, en danés). Para dar con la estatua de Edvard Eriksen hay que salir de Nyhavn, pasar junto a la guardia real que custodia la plaza de Amalienborg y, sin alejarse del agua, pedalear hacia Kastellet, una fortaleza con forma de estrella transformada en parque. Allí aguarda ella, bella, fotogénica, impasible ante las cámaras.

Regresando a Nyhavn, en una zona conocida como Ofelia Beach, el vanguardista Teatro Real parece flotar sobre el agua. El mismo efecto produce ver el Diamante Negro (1999), una extensión de la Biblioteca Real llamada así por el vidrio oscuro que la recubre, y la futurista Ópera (2005), emplazada en la otra orilla. Son pinceladas arquitectónicas de modernidad en una ciudad que es moderna sin proponérselo. Estos edificios contemporáneos se pueden disfrutar desde el autobús acuático que surca Inderhav-nen, el brazo de mar que divide la ciudad en dos.

Al otro lado del gran canal, el histórico barrio groenlandés acoge hoy a lo más granado de la sociedad capitalina. Artistas, bohemios, burgueses y profesionales liberales han recuperado, cada cual a su manera, las viejas dependencias portuarias para llenarlas de cultura, gastronomía y arte. El centro cultural Nordatlantens Brygge y sus propuestas atrevidas, el premiado restaurante Noma, de René Redzepi y su reinterpretación de los sabores tradicionales, la torre de la iglesia barroca de Vor Frelsers o de Nuestro Salvador (siglo XVII) y sus escaleras caracoleando hacia el cielo, o la cuidadosa programación estival de la Ópera, conforman planes para paladares exquisitos. El mar inspira también propuestas mucho más populares, como los sándwiches smørrebrød –a base de pan negro y mantequilla, arenque o salmón– la cerveza local y el café.

Aquí también se ubican los antiguos cuarteles que desde hace medio siglo acogen la ciudad libre e independiente de Christiania, anclada en los años del flower power, la década de 1970. Los daneses más conservadores consideran el lugar como «experimento social», porque se rige por unas normas propias y es autosuficiente. Hoy el barrio genera mucha curiosidad entre los viajeros, que llegan en busca de tiendas hippies, marihuana y restaurantes de comida orgánica.Christiania se ha amansado hasta hacerse apta para casi todos los públicos. Otros distritos también se han «dulcificado» en los últimos años, como Vesterbro que olía a carne cruda y vísceras hasta que Kødbyen (la ciudad de la carne, el matadero municipal) se convirtió en un gran espacio de ocio y cultura de tintes juveniles. Y en Nørrebro, más al norte, han encontrado hueco las tiendas de diseño «Made in Denmark», de moda y de antigüedades. El mejor final a la visita será subir hasta los 36 metros de la Rundetårn (siglo xvii), una torre de rampa en espiral que permite divisar a vista de pájaro todo Copenhague, posiblemente la ciudad más feliz de Escandinavia.

MÁS INFORMACIÓN

Documentos: pasaporte o DNI.
Idioma: danés.
Moneda: corona danesa.

Cómo llegar y moverse: el aeropuerto de Copenhague (Terminal 3) recibe numerosos vuelos de ciudades españolas. Está conectado con el centro de la ciudad por metro, autobús y tren. El metro es el medio de transporte más cómodo; funciona las 24 horas todos los días de la semana. Existen varias modalidades de abonos de viaje que permiten usar más de un transporte durante un día o hasta una semana. La tarjeta turística Copenhaguen Card ofrece la entrada a 74 museos y atracciones, transporte público gratuito y descuento en restaurantes y también en el alquiler de coches.

Turismo de Copenhague
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