Escapada a Milán

Ruta de 48 horas por la capital italiana de la moda y el diseño

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MILAN DUOMO 1 FULLSIZE. Plaza del Duomo

Plaza del Duomo

La Catedral milanesa está flanqueada por el Palacio Real y por el arco de entrada a la Galería Vittorio Emanuele.

LAWRENCE NEAL

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SIM-435730. Rincones para detenerse

Rincones para detenerse

La iglesia de San Satiro y la Pinacoteca Ambrosiana, cerca del Duomo; el restaurante Frida, en el barrio de Isola.

FOTOTECA 9 x 12

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D36R1Fj. El gran mirador

El gran mirador

Desde lo alto de la catedral se consigue una panorámica de Milán. En la imagen, el patio del contiguo Palacio Real.

ELEONORA SAINI / ACI

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SIM-435758. Catedral

Catedral

El interior está compuesto por cinco naves: la central, de 45 m de altura, y cuatro laterales decorados con pinturas, esculturas y retablos.

GABRIELE CROPPI / FOTOTECA 9 X 12

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HEMIS 0443035. Galería Vittorio Emanuele

Galería Vittorio Emanuele

Cubierta por un techo abovedado de vidrio, guarda parecido con otras galerías europeas del siglo XIX.

PIERRE JACQUES / GTRES

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AWL ITA2829AW. Parque Sempione

Parque Sempione

La mayor área verde de Milán fue concebida en 1891 como un jardín inglés. En su límite sur el castillo Sforzesco acoge un museo de arte.

STEFANO POLITI MARKOVINA / AWL IMAGES

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77435203. Gallerie d’Italia

Gallerie d’Italia

A pocos metros del famoso teatro lírico de La Scala, este museo exhibe obras italianas de los siglos XIX y XX.

GABRIELE CROPPI

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SIM-430979. La City de Milán

La City de Milán

La torre Cesar Pelli, en la plaza Gae Aulenti, es el edificio más destacado del barrio financiero.

MASSIMO RIPANI / FOTOTECA 9 X 12

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VNG 180 MILAN-3. Un paseo por el corazón de Milán

Un paseo por el corazón de Milán

1 Duomo. De estilo gótico tardío, fachada de mármol y 135 pináculos, la Catedral es un emblema de la llamada «capital del norte».
2 Galería Vittorio Emanuele. Este pasaje cubierto del siglo XIX aloja restaurantes y tiendas de moda. Comunica las plazas del Duomo y La Scala.
3 Santa Maria delle Grazie. Guarda el fresco de La última cena, de da Vinci.
4 Navigli. La antigua zona portuaria de Milán es hoy un barrio de artistas.
5 Brera. En este barrio hay anticuarios, tiendas curiosas y una pinacoteca.
6 Parque Sempione. El castillo Sforzesco (s. XIV), con varios museos de arte, y el arco de la Paz (s. XIX) delimitan este bello jardín.

Mapa: BLAUSET

Ruta de 48 horas por la capital italiana de la moda y el diseño

Más información

10 visitas imprescindibles en un viaje a Milán

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Acaso sea en primavera cuando más razón tienen los milaneses, que definen su ciudad como centro del universo. En esta estación todo parece orquestado para que un fin de semana por la capital de la moda, del libro, del diseño y de tantas otras cosas, sea una experiencia sorprendente. Porque ese Milán que identificamos con el Duomo y el mítico teatro de La Scala es también la ciudad donde se fraguaron los cambios éticos y estéticos de la Italia moderna y que hoy seduce con inesperados rincones.

Nada como empezar la jornada con un café dentro del Palacio Real. Sede del gobierno milanés desde la Edad Media, fue transformado en un suntuoso palacio en el siglo XVIII y que acoge las mejores exposiciones de la ciudad. Mirando hacia la elegante Galería Vittorio Emanuele II y bajo la dorada silueta de la Madonnina que corona la Catedral, la Via Torino se abre a la izquierda para descubrirnos, además de mil comercios de ropa y calzado, talleres de artesanos y tiendas de diseño alternativo. Aquí hallamos uno de los mejores «secretos» de la ciudad: el trampantojo de Santa Maria Presso San Satiro, en la Via Speronari. Se trata de una minúscula iglesia renacentista cuyo ábside es, en realidad, una simulación pintada sobre estuco. Esta solución a la falta de espacio fue idea de Donato Bramante, arquitecto y pintor a quien debemos el templo y convento de Santa Maria delle Grazie, donde Leonardo da Vinci pintó el mural de La última cena en 1496.

Las columnas romanas de San Lorenzo, frente a la basílica homónima, son sinónimo de ambiente juvenil y anticipo natural de los Navigli, el barrio donde comida y bebida, arte y fiesta se suceden día y noche. Aquí el único problema es decidir, entre tanta variedad, dónde comer. Los restaurantes de cocina tradicional son una apuesta segura, igual que el kiosco situado junto a la dársena de Porta Ticinese, donde sirven una fritura de pescado de calidad. A lo largo de los canales, en los que entrenan los tradicionales equipos de remo, se puede visitar el estudio del venerable grabador Gigi Pedroli, adquirir libros antiguos o comprar ropa singular.

El Cementerio Monumental, considerado un museo a cielo abierto, alberga algunas de las esculturas funerarias más bellas de Europa

El metro y los tranvías conducen en unos minutos a la zona de Brera, cuya inexcusable Pinacoteca, en la que ya solo la Lamentación sobre Cristo muerto, de Mantegna, o los bodegones de Morandi justifican el viaje, demuestra la importancia que los milaneses dan al espacio expositivo. Hasta principios del siglo XX muchas calles de este antiguo barrio fueron canales navegables; ahora sus adoquines están decorados con flores y árboles frutales como una invitación a pasear sin prisas y llegar hasta el agradable parque Sempione. Enmarcado por el arco de la Paz (siglo XIX) en un extremo y el castillo Sforzesco (siglo XIV) en el otro, el pulmón verde de Milán está surcado por senderos ajardinados con fuentes ornamentales.

Entre las estaciones de Gioia y Garibaldi la fabulosa modernidad arquitectónica envuelve veteranas galerías de arte, tiendas de moda exclusivas del Corso Como y firmas de muebles de vanguardia. Junto al acero y cristal de rascacielos como el Cesar Pelli, descansa la memoria ilustrada de Italia. El Cementerio Monumental, considerado un museo a cielo abierto, alberga algunas de las esculturas funerarias más bellas de Europa y nombres como Karl Thomas Mozart (hijo del famoso compositor), el escritor Alessandro Manzoni y el nobel siciliano Salvatore Quasimodo.

El colindante barrio de Isola es otra sorpresa en sí mismo por su oferta de músicas del mundo –imprescindible el club de jazz Blue Note–, por su gastronomía «de raíz» protagonizada por los pizzocheri (pasta de trigo sarraceno original de la región alpina de La Valtellin) y también por el ambiente bohemio que respiran sus calles. De ahí que teatros como el Verdi o el Buratto y bares como el Frida se hayan convertido en puntos de encuentro para los milaneses.

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El segundo día en Milán conviene reservarlo a descubrir rincones clásicos que han sido recuperados, como la apabullante mole de la Estación Central. La vieja terminal ferroviaria es un gran polo de comunicaciones con conexiones de tren, metro y autobús a los tres aeropuertos de la ciudad, además de un centro comercial que posee la mayor librería de Italia: la Feltrinelli Express, con 3.000 m2 distribuidos en cuatro plantas. Resulta un verdadero placer sentarse a leer entre sus estanterías, colocadas directamente sobre mármoles y esculturas de los años 1930.

El aperitivo italiano, un invento milanés que fomenta la vida social y evita las comidas copiosas, es un rito esencial de la ciudad. Si hay que elegir uno que combine calidad, variedad y ambiente, conviene dar una vuelta por los alrededores de la plaza de La Scala y así, de paso, visitar el palacio que acoge uno de los museos de las Gallerie d’Italia, un magnífico muestrario del arte italiano de los siglos XIX y XX.

Solo un helado puede culminar estas intensas 48 horas en Milán. Vale la pena dejarse llevar por las combinaciones de sabores con especias y frutos secos que ofrecen desde las heladerías más clásicas a las más sofisticadas. Sus cremosas creaciones parecen reclamar para Milán el título de capital de los helados, además de la moda y el diseño.

MÁS INFORMACIÓN
Documento: dni.
Idioma: italiano.
Moneda: euro.

Llegar y moverse: Los 3 aeropuertos de Milán (Malpensa, Linate y Orio al Serio) están conectados con el centro por autobús. La red de transporte urbano incluye metro, autobús y tranvía. Existe una tarjeta sin límite de viajes, para uno o más días, que puede recargarse.

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