Bélgica

Escapada a Flandes

Ciudades medievales belgas en el siglo XXI

Al viajar por las llanuras que forman la región de Flandes, la vista va buscando las torres medievales que despuntan en mitad del paisaje. Apenas hay accidentes geográficos entre las principales poblaciones, cosa que carece de importancia cuando se disfruta de un pasado histórico y artístico tan excepcional. En esta ruta que se inicia en Brujas y culmina en Malinas, la belleza de una ciudad rivaliza con la siguiente, porque cada una de ellas se fueron relevando como principales motores de la región. Los ríos y canales que cruzan las planicies facilitaron las comunicaciones, esenciales para una sociedad de comerciantes, y también la circulación del flamenco (neerlandés), lengua común que dio unidad al conjunto.

La ciudad que mejor ejemplifica la importancia de las rutas navegables es Brujas, cuyo nombre deriva de la palabra puente. La plaza del mercado y el antiguo barrio administrativo de Burg reflejan el poder de los mercaderes medievales, hombres como Van de Burse, a quien se debe el término «bolsa de valores». En el centro emerge el Belfort –campanario del siglo XIII con 83 metros de altura– por encima de los canales y calles empedradas y, al fondo, los brazos de las grúas de un puerto industrial. Se trata del Zeebrugge, de donde llega el pescado que inunda las cartas de los restaurantes.

Cerveza de origen monacal

Durante la Edad Media, Gante rivalizaba con Brujas y acabó por superarla en el siglo XIV, cuando se convirtió en la mayor urbe de Europa, detrás de París. Situada 50 kilómetros al sudeste de Brujas, el perfil del centro histórico de Gante se eriza de torres y campanarios que servían de atalayas para controlar los ríos Lys y Escalda, vías de entrada de las mercancías que pagaban impuestos en la aduana del canal de Graslei, en el mismo lugar donde hoy se instalan deliciosas terrazas al aire libre. El producto más importante que llegaba a la ciudad era el cereal destinado a la cerveza, que elaboraban cuatro órdenes de monjes mendicantes. Se pueden probar distintas variedades en los locales que hay alrededor de la Vrijdagmarkt. El domingo, sin embargo, es más habitual degustar el champán y las ostras que se venden en los puestos de la plaza Kouter.

Gante está presididia por el Castillo de los Condes, una impresionante fortaleza del siglo XIII; en el norte se halla el encantador barrio de Patershol, con viviendas gremiales de ladrillos, tiendas de diseño y buenos restaurantes. Los edificios que surgen al fondo demuestran que la ciudad ha cambiado poco desde que vio nacer a Carlos I de España a principios del siglo XVI. El emperador fue poco sentimental a la hora de castigar la rebelión de Gante en 1540, cuando ésta se negó a financiar sus campañas. La sangría económica de las guerras entre católicos y protestantes se nota en la fachada del Ayuntamiento, con una parte gótica y otra renacentista, incorporada un siglo más tarde por falta de fondos.

De las torres de Gante, la más impactante es la de la catedral gótica de San Bavón (1200), que custodia el retablo Adoración del Cordero Místico (1432) de los hermanos Van Eyck. Junto a ésta se alza el Belfort, antiguo centro comercial, y enfrente, el Ayuntamiento. Actualmente, Gante es el segundo puerto de Bélgica después de Amberes, que aprovechó la decadencia de la ciudad natal de Carlos I para destacar.

Diamantes y moda

Amberes concentra buena parte de la industria del país, además de ser un centro internacional del comercio de piedras preciosas. Tras 40 minutos de viaje en tren desde Gante, basta salir de la estación y girar a la izquierda para entrar en el «barrio del diamante», donde vive una de las mayores comunidades semitas del mundo.

Gracias a la corriente de creadores «Los Seis de Amberes», surgida en 1980, Amberes es hoy más codiciada por los compradores de moda que por los de brillantes. Este interés se evidencia en el Modenatie, centro integral de tendencias que incluye academias y exhibiciones especializadas. Alrededor, los escaparates de las calles Nationalestraat y Kammenstraat se renuevan sin cesar. Otra muestra del vigor de la ciudad se halla en los muelles, junto al río Escalda, zona que se ha remozado y donde se ha construido uno de los nuevos iconos de Amberes, el museo MAS.

Por otra parte, en esta ciudad vivió Pier Paul Rubens (1577-1640). Se puede seguir la huella del pintor barroco en la Rubenshuis, su hogar y estudio, y en los lienzos expuestos en distintos museos y templos, como la catedral de Nuestra Señora y la iglesia de San Carlos Borromeo.

La proximidad de Amberes tiende a eclipsar Malinas, otra urbe que apuesta por la modernización, situada a 20 kilómetros. La mejor manera de comprobarlo es navegar por el Gran Canal interior, al que asoman terrazas de diseño de locales que albergan talleres y factorías reconvertidas, como el Centro de Patrimonio Lamot, que en su día fue fábrica de cerveza. Pero el dinamismo no está reñido con la tradición, como demuestra el hecho de que el tráfico se detenga cuando suena el carillón de San Romualdo. Justo al lado, en la mansión de Jerónimo de Busleyden, estudió un joven Carlos I. Hoy guarda una colección de artesanía barroca tras un patio sombreado por higueras. Las guerras de religión del emperador también dejaron huella en Malinas, el actual Ayuntamiento era, en el siglo XVI, la Lonja del Paño, muy dañada por la explosión de un polvorín.

Un trayecto de apenas media hora permite alcanzar Lovaina, ciudad universitaria desde 1425. Cerca de 30.000 estudiantes viven aquí y la mayoría de ellos se suelen desplazar en bicicleta. En la calle Leopoldo II, que lleva a la Biblioteca Universitaria, resulta curioso ver la cantidad de timbres que hay en las puertas, pues cada habitación de alquiler tiene el suyo. También sorprende que, en lo alto de la Biblioteca Universitaria sobresalga una torre inspirada en la Giralda de Sevilla. El arquitecto norteamericano que la diseñó tras la Primera Guerra Mundial, tomó prestados elementos de varios edificios conocidos del mundo.

El centro de Lovaina es cien por cien gótico: la Oude Markt con sus casas de ladrillos hoy ocupadas por bares y cafés; la iglesia de San Pedro iniciada en 1420 y que se tardó 200 años en construir; y en especial el espectacular Ayuntamiento del siglo XV, que fue erigido gracias al beneficio del comercio textil y cuya fachada está cubierta de hornacinas con más de doscientas estatuas. Otro de los grandes tesoros de Lovaina es su beaterio, el más extenso de Flandes. En estas pequeñas comunidades vivían mujeres solas, la mayoría procedían de familias ricas, que enviudaban a causa de las Cruzadas. Los beaterios no faltan en ninguna ciudad flamenca y, hoy por hoy, parecen pequeños y encantadores pueblos insertados en el casco urbano.

PARA SABER MÁS

Documentación: solo se precisa el DNI.
Idioma: en Bélgica existen tres idiomas oficiales, el neerlandés o flamenco, el francés y el alemán, aunque en Flandes la lengua mayoritaria es el flamenco.
Moneda: euro.
Cómo llegar: Cuatro aerolíneas conectan un gran número de ciudades españolas con Bruselas, desde donde hay que desplazarse al resto del territorio en coche o en tren.
Cómo moverse: Hay una densa red de carreteras que conecta las diversas ciudades flamencas, entre las que median distancias cortas. Aunque lo mejor es utilizar la eficiente red de tren. En el centro de las ciudades es recomendable desplazarse a pie.
Alojamiento: En las ciudades flamencas existe una amplia oferta de hoteles y bed&breakfast, muchos de ellos ubicados en edificios históricos.
Gastronomía: El chocolate, la cerveza (con más de 450 variedades), los mejillones y las patatas fritas son la base de la gastronomía flamenca. Se pueden visitar distintos museos que narran su historia y peculiaridades.

Web de Turismo de Flandes