Enclaves imprescindibles en el norte de Cantabria

Desde la rupestre Altamira a Santander, pasando por Santillana del Mar y los rincones intactos del litoral

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WE036924. Santillana del Mar

Santillana del Mar

La colegiata de Santa Juliana (s. XII) preside el entramado del pueblo, una joya del cantábrico.

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SIM-473659. La costa quebrada

La costa quebrada

Sus acantilados dan nombre a esta franja situada entre el municipio de Liencres y Santander. Desde ambas localidades salen senderos que bordean la costa y pasan junto a espectaculares estratos rocosos de flysch, casi verticales.

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F52-823600. Visita a Altamira

Visita a Altamira

Los bisontes rojos pintados hace 15.000 años en la cueva están considerados como el primer ejemplo que existe de arte en movimiento. Sus autores aprovecharon los pliegues de las rocas para imprimir esa revolucionaria sensación de movilidad. 

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B20-270237.  El tesoro de Liencres

El tesoro de Liencres

La maravilla natural de las dunas de Liencres se localiza cerca de la ría de Mongro, junto a la desembocadura del río Pas. 

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U30-1821144. Ubiarco

Ubiarco

La playa de Santa Justa tiene un mirador y una pasarela que desciende hasta la recoleta cala donde está la ermita dedicada a la santa.

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N28-1501656. Isla de Mouro

Isla de Mouro

Frente a la bahía de Santander flota este islote coronado por un faro desde 1860.

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Captura de pantalla 2017-04-24 a la(s) 13.02.41. Una Cantabria que enamora

Una Cantabria que enamora

1. Santillana del Mar: La colegiata de Santa Juliana es el principal monumento de la villa medieval.

2. Altamira: La Neocueva ofrece la reproducción de las pinturas. 

3. Ubiarco: Su municipio reúne varias playas de acantilados. Destaca la de Santa Justa, con una ermita incrustada en la roca.

4. Liencres. El viento modela las dunas de este Parque Natural. 

5. Santander: Monumentos, parques y playas se combinan con su excelente oferta gastronómica.

Desde la rupestre Altamira a Santander, pasando por Santillana del Mar y los rincones intactos del litoral

El cántabro Marcelino Sanz de Sautuola lamentó seguramente haber descubierto las pinturas de Altamira –en realidad fue su hija quien las vio primero– en las postrimerías del siglo XIX. El botánico, admirado por los colores y figuras que halló en el interior de la cueva, dio a conocer al mundo científico su hallazgo en 1879, aunque durante un cuarto de siglo se topó con la indiferencia internacional y el repudio nacional. Suerte que aguantó las presiones porque hoy se la califica como la Capilla Sixtina del arte rupestre y está declarada Patrimonio de la Humanidad.

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Datan las pinturas más antiguas de Altamira

Datan las pinturas más antiguas de Altamira

A Altamira le corresponde el privilegio de ser el primer lugar en el mundo donde se identificó el arte rupestre del Paleolítico superior. Durante años se podía visitar el interior de la cueva, pero un tesoro tan frágil tuvo que ser necesariamente restringido al público para su preservación. Hoy los visitantes disfrutan del Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira donde está la Neocueva, una réplica de las pinturas. Cada viernes se eligen al azar a cinco visitantes que son los privilegiados para entrar ese día en la cueva original.

Altamira es el reclamo más importante del municipio de Santillana del Mar, a su vez uno de los pueblos más bonitos de España. Para disfrutarlo hay que deambular por sus calles empedradas, descubriendo casas con vigas y balcones de madera, palacios renacentistas y barrocos, casonas señoriales que erigieron los nuevos ricos gracias al oro americano y torres góticas como la de Don Borja, una mole cuadrada que se levanta en la Plaza Mayor. La riqueza patrimonial de Santillana se gestó en la Alta Edad Media cuando se edificó una ermita para guardar los restos de santa Juliana. Con el tiempo fue creciendo hasta convertirse en la Colegiata románica que preside la localidad.

Un pueblo mentiroso

Es sabido que Santillana del Mar arrastra el sambenito de ser el pueblo de las tres mentiras, porque "ni es santa ni es llana ni tiene mar". En esto último exagera el dicho, porque a escasos kilómetros se encuentran enclaves costeros de gran belleza. Hacia el oeste, entre Comillas y San Vicente de la Barquera, se extiende el Parque Natural de Oyambre, uno de los paisajes litorales más valiosos de Cantabria que destaca por su riqueza ornitológica y por la variedad de ecosistemas: rías, playas, marismas, dunas, acantilados, bosques y prados. Y hacia el este, a 4 kilómetros de Santillana, se alcanza la costa de Ubiarco donde, entre recios acantilados, se esconde el tesoro de Santa Justa, una diminuta cala con una ermita de la santa adosada a los plieges de la roca. Un rincón inolvidable.

Un poco más al este se llega a Suances con su puerto pesquero y playas; la de Los Locos es punto fundamental en la ruta de los surferos que buscan en este litoral la cuna del surf en España. Casonas y torres se alternan en este municipio donde se han restaurado varias defensas costeras del siglo XVII como la Torre del Torco, situada sobre la Punta del Dichoso.

A pocos kilómetros se disfruta de otro espacio protegido, el Parque Natural de las Dunas de Liencres, consideradas las más bellas del Cantábrico. Junto a la desembocadura del río Pas, el conjunto dunar ha podido preservarse del desarrollo urbanístico. Además ha mantenido los pinares de alrededor y playas como las del Portío, Arnía, Somocuevas y Covachos, con afilados acantilados que dan nombre a la llamada Costa Quebrada.

La capital cántabra

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Un paseo por Santander

Un paseo por Santander

Toda esta naturaleza intacta se encuentra a tan solo 12 kilómetros de la mayor concentración humana de la región: Santander. La capital de Cantabria se resguarda de la bravura del mar en una amplia bahía a la que se asoma su señorial Paseo Marítimo, orgullo de los santanderinos. Hasta seis playas urbanas se suceden en su fachada litoral. El Sardinero, dividida en dos por los Jardines de Piquío, fue una de las primeras en celebrar "los baños de ola" de inicios del siglo XX, una cita obligada para la burguesía de la época. De entonces también son el Gran Casino y el Palacio de la Magdalena, rodeado por un parque y presidiendo la península que divide la ciudad.

Si se bordea esta punta marina hacia el sur se accede al puerto santanderino y al centro urbano donde merece la pena visitar el Museo Marítimo, los Jardines de Pereda y la iglesia medieval del Cristo que se ubica debajo de la Catedral. Si se opta por bordear el otro lado de la península, el paseo nos acerca al Parque de Mataleñas y al faro de Cabo Mayor, un lugar idóneo para sentarse y disfrutar del atardecer.

Este recorrido por el norte de Cantabria se completa visitando dos enclaves más cercanos a Santander: el Parque de la Naturaleza de Cabárceno y el Parque Natural de las Marismas de Santoña, Victoria y Joyel, uno de los estuarios de mayor valor ecológico de España y un lugar magnífico para el avistamiento de aves marinas.

Fotografías: Age Fotostock, Fototeca 9x12.