Enamorarse de Verona

Un seductor paseo por esta ciudad italiana de renombre literario

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42-19154436. El Puente de Piedra

El Puente de Piedra

Por el Ponte Pietra, que fue construido en época de los romanos, se accede al barrio histórico veronés, declarado Patrimonio de la Humanidad (2000).

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AWL ITA2674AW. Piazza dei Signori

Piazza dei Signori

Con la estatua de Dante en el centro y flanqueada por restaurantes y palacios, es una de las más bellas y populares de Verona.

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Palacio de los Caputelo

Una Julieta esculpida en bronce da la bienvenida al palacio de los Capuleto.

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Basílica de San Zeno

Este templo de origen románico está dedicado al patrón de Verona. Shakespeare situó en su cripta la boda de Romeo con Julieta.

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Arena

El anfiteatro romano de la Arena puede acoger hasta 20.000 personas.

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Duomo

Las tres naves de la Catedral están separadas por altas pilastras realizadas en mármol rosa de Verona.

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Visitas imprescindibles en Verona

1 Arena. Este anfiteatro romano (siglo I), uno de los mejor conservados, acoge en verano el festival de ópera de Verona.
2 Plaza delle Erbe. El mercado y varios restaurantes animan a diario esta piazza. En el centro se halla la fuente de la Madonna, coronada por una estatua romana.
3 Casa de Julieta. En el patio se puede ver el supuesto balcón que Romeo escaló para hablar con su amada.
4 Puente de Piedra. De época romana (siglo I), es uno de los monumentos más antiguos que se preservan en Verona. Enlaza el centro y la colina de San Pietro.

 

Mapa: BLAUSET

23 de junio de 2015

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Aunque William Shakespeare no hubiera ambientado en Verona su Romeo y Julieta, la ciudad seguiría siendo una de las más románticas de Italia. Dicen allí que, si quieres a alguien, debes llevártelo a Verona, y es que pocos lugares poseen un poder de seducción tan innato como el de esta ciudad de la región del Véneto.

Verona conserva monumentos de épocas muy distintas, desde su origen romano a su esplendor renacentista. Sin embargo, su barrio histórico no puede ser más armónico, integrándose de forma natural en el meandro del río Adigio junto al que se asienta. En el centro destaca, desde hace veinte siglos, el precioso anfiteatro de la Arena (siglo I), hoy icono de la ciudad. Puede que los haya más grandes, pero ninguno tan perfecto. Lo idóneo es explorarlo durante el día pero, si se viaja en verano, también habrá que verlo de noche, cuando se convierte en el escenario del Festival de Verona, que nació en 1913. Este año comienza el 19 de junio con la representación del Nabucco de Verdi al que seguirán otros clásicos como Aida y Don Giovanni.

La Arena se alza en la emblemática y céntrica Piazza Bra donde suelen iniciarse las visitas ya que, de un solo vistazo, se abarcan varios monumentos. Al fondo se divisan la muralla y la estatua a Shakespeare, mientras en los lados destacan palacios como el barroco della Gran Guarda y el de Barbieri, de estilo neoclásico. También llama la atención el grupo de casas conocidas como «Liston». Diseñadas por el arquitecto del Renacimiento Michele Sanmicheli, albergan algunos de los cafés y restaurantes con más solera.

Para adentrarse en la ciudad antigua hay que tomar la peatonal Via Mazzini, una de las más populares y elegantes. Desemboca en la Vía Cappello, donde se sitúa la Casa de Julieta. Se sabe que perteneció a los Capuleto, una influyente familia del siglo XIII; el interior exhibe trajes y objetos utilizados en la versión cinematográfica de la tragedia, dirigida en 1968 por Franco Zeffirelli. Cerca está el palacio Nogarola, considerado la casa de Romeo.

Llegamos a la Piazza delle Erbe, donde antiguamente se situaba el foro romano y ahora el mercado. Allí hay que fijarse en la Torre Lamberti (siglo XII), un espléndido mirador, y en la Casa Mazzanti, recubierta de frescos. Entre esta plaza y la dei Signori, presidida por una estatua de Dante, tuvieron lugar los principales episodios del relato de Shakespeare. Por ejemplo, el duelo entre Teobaldo y Mercucio, que se localiza en el Volto (callejón) Barbaro; mientras que la venganza de Romeo contra éste habría ocurrido en el Corso Porta Borsari. Los amantes estarían enterrados, sin embargo, fuera del centro: Julieta en el monasterio de San Francesco al Corso y Romeo en el número 6 de Via Luigi da Porto, cerca de la murallas.

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Además de las etapas vinculadas a los jóvenes amantes, Verona reúne en el mismo entorno otras visitas imprescindibles. Allí mismo destaca la iglesia de Santa Anastasia, cuajada de obras maestras como los frescos de Pisanello de San Jorge y la princesa (siglo XV). El legado de las familias que dominaron Verona antes de ser anexionada a la República Veneciana también pervive en esas calles. Un ejemplo lo hallamos en la Via Arche Scaligere, frente a la iglesia de Santa María Antica, donde se admiran las imponentes tumbas de esta estirpe que gobernó la ciudad entre 1262 y 1387, aunque el edificio que mejor identifica ese periodo es la fortaleza de Castelvecchio (siglo XIV).

La vecina Piazza dei Signori merece una visita pormenorizada por reunir remarcables edificios: el Palazzo dei Comunes, con su escalinata gótica Scala della Ragione; el del Capitano, residencia del gobierno en época veneciana; y el del Governo, actual sede de la administración provincial, donde llama poderosamente la atención la Loggia del Consiglio. A dos pasos, en la Via della Costa, aparece la Domus Nova, desde la que los poderosos Podestá rigieron el destino de la ciudad en época de los Scaligeri.

Llegamos así a otro lugar de visita obligada: la Catedral o Duomo. De origen medieval y reconstruida en varias ocasiones, sigue siendo un templo de belleza sobrecogedora que, además, esconde tesoros como el cuadro la Ascensión de Ticiano (siglo XVI). Lo mismo sucede con la basílica de San Zenón que aúna, como pocos otros edificios italianos, lo mejor del prerrománico y del románico, y cobija retablos del gran Andrea Mantegna, pintor del siglo XV.

El encanto de Verona no se limita a sus iglesias y palacios cubiertos de frescos, ni a sus románticos rincones. Otros reclamos son sus cafés, donde degustar un esponjoso bizcocho pandoro, las típicas osterie (tabernas), para compartir un aperitivo, y los restaurantes –sanctasanctórum de la cocina veronesa son el Maffei y la Casa Perbellini– donde saborear recetas, en especial de rissoto (arroz), acompañadas de vinos Valpolicella, Bardolino y Custoza, con denominación de origen Verona.

Cruzando el Adigio por el Puente de Piedra se alcanza la colina de San Pietro. En ella se encuentran el teatro romano (siglo I) y el castillo de San Pietro (reformado en el XIX), cuyo mirador regala la mejor vista de la ciudad, ésa que hizo escribir a Shakespeare: «Nada hay fuera de las murallas de Verona, sino purgatorio o el mismo infierno. Ser exiliado de ella es ser exiliado del mundo».

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Verona y Venecia (capital del Véneto, 124 km al este) reciben vuelos desde varias ciudades de España. La Welcome Card Verona ofrece descuentos en visitas y transporte público.