En busca de los tesoros de Creta

Historia, mitos griegos y playas de ensueño

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SIM-027851. Rethimno

Rethimno

Considerada la capital cultural de Creta, en la costa norte, posee un bonito y agradable puerto de origen veneciano.

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MAR-W309169. Cnosos

Cnosos

Detalle de las pinturasque decoran el Propileo Sur del palacio de Cnosos.

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AWL GRE0365AW. Monasterio Arkadi

Monasterio Arkadi

Este recinto ortodoxo del siglo XVI fue un destacado centro de ciencia y arte. Acogía una escuela y una biblioteca.

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Chania

Rincón del barrio portuario de Chania, la antigua capital.

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Playa de Elafonisi

Este tesoro de arena y aguas cristalinas es una visita ineludible en el sudoeste de la isla. Varios senderos conducen hasta ella.

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Plakias

Restaurante frente al mar en la bahía de Plakias, en la costa sur.

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VN ESC CRETA-2. Principales etapas

Principales etapas

1 Heraklion. Es la capital cretense.
2 Rethimno. Su bastión veneciano alberga el Museo Arqueológico.
3 Chania. Ciudad marinera, tiene una fachada marítima llena de tabernas.
4 Elafonisi. Playa de arena rosada.

Mapa: BLAUSET

Andrés Mourenza

6 de junio de 2014

Creta, el descubrimiento de Cnosos

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Creta, el descubrimiento de Cnosos

La isla griega de Creta siempre se ha mostrado orgullosa de tener una identidad propia y una historia rica en la que se superponen helenos, bizantinos, piratas andalusíes, venecianos y otomanos. Aunque, como afirmaba el viajero y escritor inglés Patrick Leigh Fermor (1915-2011), «pese al orgullo insular de sus habitantes, al alejamiento de la tierra firme y a la idiosincrasia de sus dialectos y costumbres, la isla es el epítome de Grecia».

Creta es la esencia de Grecia, donde aún se ven mesas abiertas al visitante e invitaciones que no se pueden rechazar a tomar un vaso de rakí o tsikudiá (el aguardiente local), a comer un cabrito asado en espetón en medio de la calle o a sumergirse en los sabores puros de la tierra degustando la típica ensalada dakos, de tomates, aceite de oliva, pan seco y olivas, cubiertos con el queso de la isla, el mizithra.

La visita empieza en Heraklion, la antigua Candía, capital de la isla desde 1971 y cuna del pintor El Greco, del que se conmemoran 400 años de su fallecimiento. Son lugares imprescindibles el Museo de Arqueología, el puerto veneciano con sus imponentes astilleros del siglo XVI y los vestigios de la muralla que resistió el asedio otomano de1648 a 1669.

Otro atractivo de Heraklion es su cercanía al palacio de Cnosos (5 km). Recientes excavaciones han probado que Creta habría estado habitada hace 130.000 años, aunque su aparición en los anales de la Historia fue posterior, hacia el tercer milenio a.C. Es cuando surge la civilización minoica, que extendió sus dominios desde lujosos recintos como el de Cnosos (1900 a.C). Hoy es posible imaginar cómo lucía aquel palacio gracias a la restauración del británico Arthur Evans en 1900. Él creía que Cnosos era el laberinto donde el legendario rey Minos encerró a su terrible hijastro, el Minotauro, al que alimentaban con siete donceles y siete doncellas que cada año enviaban como tributo los territorios vasallos.Lo que es seguro es que los minoicos fueron hábiles artistas y que sus edificios estaban decorados con bellos frescos como los que se exhiben en el Museo Arqueológico de Heraklion.

Creta habría estado habitada hace 130.000 años, aunque su aparición en los anales de la Historia fue posterior

Para llegar al segundo mayor palacio minoico, Festos (1.850 a.C), hay que dirigirse hacia el sur a través de campos de olivos –el mejor aceite griego proviene de Creta–. Este recinto y los numerosos objetos hallados dan una mejor idea de la riqueza y magnitud que tenían estos enclaves minoicos.

Si tras visitar el yacimiento se busca alivio al sol abrumador, cerca de Festos, en la costa sur, hay enclaves idóneos para el baño. Destaca Matala, un pueblo pesquero que se convirtió en paraíso hippy cuando jóvenes de los años 1960 se instalaron en las cuevas neolíticas de sus acantilados. Cerca están la playa de Kommos, larga y solitaria, y la media luna de Plakias.

El viaje sigue hacia el oeste por sinuosas carreteras que bordean áridas gargantas y acantilados. Por eso, en Preveli, al bajar las escaleras que llevan a un palmeral y un río, parece que lleguemos a un oasis en pleno desierto.

De nuevo la ruta vira hacia el norte, ahora camino de Rethimno, una de las ciudades más bellas de la isla. La carretera que conduce a ella cruza la indómita zona costera y montañosa de Sfakia, que presume de no haber sido jamás conquistada por los invasores. Conviene desviarse al monasterio de Arkadi, en las estribaciones del monte Ida, donde la mitología afirma que el todopoderoso Zeus pasó su infancia. Empezó a construirse en 1562, en pleno Renacimiento cretense –entonces bajo dominio veneciano– y combina elementos románicos y barrocos con influencias bizantinas y orientales.

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A 23 kilómetros se halla Rethimno, tal vez no tan embellecida como su vecina Chania, pero sí más auténtica. Al caer la noche, en su centro histórico de plazas arboladas y calles estrechas, las señoras mayores sacan sillas y mesas y se ponen a charlar, coser, tomar el fresco y ver pasar a la gente. La vida se traslada a la calle entre edificios que preservan el porte veneciano en sus fachadas, fuentes como la de Rimondi, mezquitas como la de Neratze (ahora un odeón), un precioso puerto y una gran fortezza en la que se entremezclan retazos de todas las épocas de Creta.

Hacia el oeste, siguiendo la costa por la única carretera nacional de la isla, se llega a Chania, antaño La Canea, que conserva el esplendor y orgullo de antigua capital. Ciudad más veneciana que griega, es un poema en piedra con sus conventos católicos, iglesias ortodoxas, mezquitas y un puerto restaurado con casas coloreadas.

Desde Rethimno y Chania se planea la excursión por el cañón de Samaria, Reserva Mundial de la Biosfera. Se trata de una bajada de 16 kilómetros –bien acondicionada para el senderismo, aunque pedregosa– que parte de 1.200 metros de altitud y cruza bosques de pinos y desfiladeros que quitan el hipo –el paso más estrecho mide tres metros– hasta llegar al mar.

Imprescindible seguir 30 kilómetros más al oeste para visitar la playa de Elafonisi, recientemente elegida como la quinta más bonita de Europa. La isla frente a la playa, a la que se puede llegar caminando dada la poca profundidad de las aguas, es un espacio natural protegido de arenas blancas y rosadas por el polvo del coral. Una postal idílica para poner fin a la ruta por Creta.

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Compañías aéreas regulares y de bajo coste vuelan desde varias ciudades españolas a la capital griega, Atenas, con enlaces a los aeropuertos de Heraklion y Chania. La mejor forma de moverse por la isla es alquilar un vehículo y combinar las rutas con paseos en bicicleta.

Turismo de Creta

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