El encanto de la Garrotxa

La comarca de Girona esconde bosques, volcanes y pueblos medievales

1 / 6

1 / 6

X7F-1610031. Besalú

Besalú

El puente fortificado sobre el río Fluvià es el emblema de este conjunto medieval.

AGE FOTOSTOCK

2 / 6

523281435. Fageda d’en Jordà

Fageda d’en Jordà

Este frondoso hayedo, crecido sobre un manto de lava, es idóneo para rutas a pie, a caballo y en carro.

GETTY IMAGES

3 / 6

X7F-2134777. La porticada Plaza Major de Santa Pau

La porticada Plaza Major de Santa Pau

AGE FOTOSTOCK

4 / 6

X7F-2135130. Santa Margarida

Santa Margarida

En el fondo de la caldera aguarda solitaria la ermita románica de Santa Margarida que da nombre al volcán.

AGE FOTOSTOCK

5 / 6

HEMIS 0547490. Castellfollit de la Roca

Castellfollit de la Roca

En el extremo de este pueblo suspendido sobre una pared basáltica se hallan la iglesia de Sant Salvador y el mirador de Josep Pla.

GTRES

6 / 6

VN-ESC Garrotxa REMAQ-3. Cuatro paradas imprescindibles

Cuatro paradas imprescindibles

1 Besalú. Los emblemas del pueblo son el puente fortificado (XI) y el monasterio de Sant Pere (XII), ejemplo de románico.   
2 Castellfollit de la Roca. Destaca por su singular emplazamiento sobre un risco de 40 m de alto y 1 km de longitud.
3 Fageda d’en Jordà. Es uno de los hayedos más espléndidos del país. Se pueden seguir varios itinerarios.  
4 Parque Volcánico de la Garrotxa. El mejor paisaje volcánico de la Península, con 40 conos y 20 coladas de lava.

Mapa: BLAUSET

6 de marzo de 2015

El norte de Girona, donde las montañas comienzan a empinarse hacia el cielo, se extiende la Garrotxa, una comarca a mitad de camino del Pirineo y la Costa Brava. El río Fluvià y la carretera que lo acompaña son los ejes de esta ruta y también un punto de inflexión en el paisaje. Hacia el norte el territorio está dominado por pueblos medievales y muros de roca donde encinas, robles y hayedos ponen la nota de color. Hacia el sur, donde está Olot, la capital comarcal, la orografía se vuelve más dócil, solo alterada por unos 40 conos volcánicos, coladas de lava y cenizas oscuras que contrastan con el verdor de los bosques y prados integrados en el Parque Natural de la Zona Volcánica de la Garrotxa.

Iniciamos el viaje por la comarca en Besalú, una de las joyas medievales de la Garrotxa. El pueblo está precedido por un imponente puente, símbolo de la que, hasta el siglo XII, fue la capital de un próspero condado. Tras cruzar caminando el puente, dos torres de defensa dan acceso al conjunto medieval, considerado uno de los mejor preservados de Cataluña. Entre sus calles angostas y empedradas es fácil imaginar el deambular de guerreros, nobles, monjes  y judíos. De estos últimos quedan huellas en el antiguo call o judería, donde pervive un miqvé (recinto para baños rituales), el único de este tipo en la Península. El corazón del pueblo se localiza en la plaza porticada Prat de Sant Pere, a la que se asoma la bella fachada del monasterio benedictino de Sant Pere. No podemos dejar Besalú sin probar uno de los brebajes más típicos de la Garrotxa, la ratafía, un licor de origen medicinal a base de nuez, canela, clavo y una mezcla de hierbas aromáticas que es un secreto bien guardado. En noviembre la localidad celebra una feria dedicada a este licor.

Sant Joan les Fonts es otro magnífico ejemplo de los parajes esculpidos por el agua y la lava

Siguiendo el serpenteante Fluvià, se penetra en un paisaje cada vez más abrupto cuyo punto álgido es Castellfollit de la Roca, a 12  kilómetros de Besalú. El pueblo sorprende por estar suspendido en lo alto de una muralla basáltica de 50 metros de altura. A escasos 4 kilómetros, en un cruce de carreteras, Sant Joan les Fonts es otro magnífico ejemplo de los parajes esculpidos por el agua y la lava. Estos elementos están presentes en su puente medieval de piedra volcánica y también en la zona del Molí Fondo, un rincón encantador que tiene un salto de agua sobre piedras basálticas.

A partir de Sant Joan les Fonts, el Fluvià y nuestro itinerario ponen rumbo al sur para adentrarse en los mejores parajes del Parque Natural de la Zona Volcánica de la Garrotxa. Inmediatamente aparece Olot, integrada dentro de la reserva natural y con cuatro volcanes en el casco urbano. El más evidente, el Montsacopa, eleva su cono en pleno centro y en su cráter tiene la ermita de Sant Francesc y dos torres-vigía que son magníficos miradores sobre toda la zona.

La población también atesora un legado arquitectónico modernista, así como museos y galerías que exhiben obras de la Escuela Paisajística de Olot, un estilo surgido a mitad del siglo XIX, con Joaquim Vayreda como principal representante. Justamente una de las más bellas casas modernistas, la Torre Castanys, acoge la sede del Museo de los Volcanes, que muestra la historia del vulcanismo en la Garrotxa y sus ecosistemas naturales.

Dejamos el valle del Fluvià para seguir la GI-524 hasta Santa Pau. Esta coqueta villa, a 9 kilómetos de Olot, tiene un núcleo medieval declarado Conjunto Histórico-Artístico. Es otro lugar idóneo para conocer la gastronomía local, a base de productos del territorio como patatas, trufas, nabos, castañas, setas de temporada y, especialmente, los fesols de Santa Pau, pequeñas judías blancas de piel fina y sabor dulzón, que suelen acompañar guisos de jabalí y caracoles.

Se regresa a Olot para continuar la ruta hacia el sur. A unos 4 kilómetros se localiza el centro de información Can Serra, en torno al cual surgen los espacios más interesantes de la zona volcánica. La recomendación es dejar allí el coche y caminar por alguno de los senderos marcados de la reserva. Una de las excursiones más emblemáticas es la que se adentra en la Fageda d’en Jordà, un hayedo de aspecto mágico, cuya abundante floresta cambia de color según la época del año y por la que a duras penas se cuelan los rayos de sol.

Desde aquí también se visitan los volcanes más bellos de la zona. El de Santa Margarida, uno de los más accesibles, tiene un cráter de más de 400 metros de diámetro y una ermita románica en su interior; y el Croscat, el mayor de la Península y también el más joven, ya que su última erupción tuvo lugar hace «solo» 11.500 años. Lo que lo identifica es el profundo corte en sus paredes de más de 100 metros de alto, una herida multicolor originada por la extracción de material volcánico y que, como resultado, ha creado un paraje embriagador.

MÁS INFORMACIÓN


Cómo llegar: Besalú, inicio de nuestra ruta, dista 33 km de Girona; Olot, la capital comarcal, 54 km.

Museu dels Volcans en Olot: Tel. 972 266 202.
Can Serra: Tel. 972 195 074.