El corazón maorí de la Isla Norte neozelandesa

Desde Auckland, una ruta entre volcanes y playas

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Península de Coromandel

La marea baja deja al descubierto las rocas y cuevas de Cathedral Cove, la playa más espectacular del centro de la Isla Norte. Solo es accesible a pie.

DANIEL PECKHAM

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AWL NZ01244. Auckland

Auckland

La gran ciudad del norte vive de cara al mar, encajada entre dos orillas y con una gran actividad cultural.

DOUG PEARSON / AWL IMAGES

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Cabo Reinga

La punta más septentrional de Nueva Zelanda está surcada por senderos que discurren junto a acantilados sagrados para los maoríes.

MASSIMO RIPANI / FOTOTECA 9 X 12

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Bay of Islands

El nombre de esta bahía alude a las 150 islas que la puntean. Su oferta de actividades incluye canoa, submarinismo e incluso vuelo en parapente.

BLAINE HARRINGTON / AGE FOTOSTOCK

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Dolphins leap ps2. Paihia

Paihia

Los delfines son unos visitantes habituales de Bay of Islands. Desde el puerto de Paihia se organizan salidas para verlos y nadar con ellos.

STEVE CLANCY

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Cathedral Cove

La cala más famosa de Coromandel se alcanza desde el pueblo de Hahei en un paseo de 2 horas, ida y vuelta.

ALEX WALLACE / CORBIS

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Península de Coromandel

Desde lo alto del monte Paku se divisa una panorámica de la ciudad de Coromandel y su tranquila bahía.

CORBIS

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Parque Nacional Tongariro

El Tongariro Alpine Crossing es una travesía de 8 horas que se adentra en un paisaje de lava, lagos y volcanes.

MCPHOTO / AGE FOTOSTOCK

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Área termal de Waiotapu

Ubicada unos kilómetros al sur del lago Rotorua, esta zona geotermal reúne una decena de pozas y géisers. En la fotografía, la Champagne Pool.

VIDLER STEVE / AGE FOTOSTOCK

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Mt Taranaki-1. El Monte Taranaki

El Monte Taranaki

Este volcán, también denominado Egmont, es sagrado para los maoríes. El monte y su entorno forman parte de un parque nacional muy popular por su red de senderos.

SEAN WEBB

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La Isla Norte

1 Auckland. Desde la Sky Tower se ve toda la ciudad y sus dos bahías.
2 Northland. El extremo norte neozelandés.
3 Coromandel. Una península de playas fantásticas y pueblos de artesanos.
4 P. N. Tongariro. Tiene tres volcanes, numerosos cráteres, lagos y fuentes termales
5 Rotorua. Este lago es el centro de una gran zona de actividad geotermal que se extiende hasta Waiotapu.
6 P. N. Egmont. Es famoso por sus rutas senderistas en torno al monte Taranaki.

Mapa: BLAUSET

Desde Auckland, una ruta entre volcanes y playas

Mi primera noche en Nueva Zelanda la pasé cerca del aeropuerto de Auckland, en un hotel que tenía un kiwi gigante en el tejado. No, no se trataba del fruto del mismo nombre, sino del animal más querido del país, un ave no voladora del tamaño de una gallina, esquiva y de hábitos nocturnos. Para ver un kiwi real y vivo tuve que ir, al día siguiente, al zoo de Auckland, donde un cartel proclamaba: «El kiwi es nuestro animal nacional; el rugby, nuestro deporte nacional», con una foto de la apocada ave al lado del equipo de los All Blacks, esos tipos aguerridos que ejecutan un intimidante ritual maorí antes de cada partido. Con casas bajas y un mar que se mete por todas partes, Auckland transmite la sensación de vivir sin agobios, a pesar de ser la ciudad más grande de Nueva Zelanda, en la que habitan millón y medio de personas. Se parece a Sidney, la bella ciudad australiana, y como aquélla tiene también un centro colonial con un puñado de rascacielos.

Incluso en la gran ciudad se nota la fiebre que sienten los neozelandeses por la naturaleza y los deportes. Las más de cien mil embarcaciones de recreo amarradas en sus puertos lo acreditan, así como los jóvenes que se lanzan al vacío, atados con cuerdas elásticas, desde lo alto de la Sky Tower.

Conduciendopor Nueva Zelanda uno se siente como el protagonista de unaroad movie

Auckland es agradable, pero lo mejor de Nueva Zelanda es salir en busca de sus paisajes espectaculares. Una ojeada al mapa me permitió fijar el itinerario por la Isla Norte: siguiendo la Highway 1, a 400 kilómetros, se alcanza la punta norte, el cabo Reinga; y a 600 kilómetros en sentido contrario, la punta sur, con Wellington, la capital del país, como referencia. En medio se extienden campos de un verde que estalla, interrumpidos por granjas aisladas y volcanes que humean a lo lejos, mientras que la costa es un rosario de acantilados y playas de ensueño.

Conduciendo por Nueva Zelanda uno se siente como el protagonista de una road movie en la que por la ventanilla siempre pasa un paisaje de fábula. En Bay of Islands, lugar bautizado con este nombre por el mítico capitán James Cook en 1769, se impone un alto para contemplar la costa recortada, con el mar bravío meciendo el centenar y medio de islas que puntean la bahía. El cabo Reinga, al final de la Isla Norte, se aparece como un finisterre coronado por un faro. «Aquí no basta con mirar. Hay que caminar», me dijo Michael, un guía de la zona. Pero en Nueva Zelanda todo es a lo grande, y una excursión que no dure de tres o cuatro días se considera cosa de niños, aunque resulta también posible realizar una salida de solo un par de horas y quedarse igualmente extasiado ante la belleza del lugar.

Mt Taranaki-1

Para confirmar que en muchos lugares de Nueva Zelanda la cultura maorí es omnipresente, Michael me contó que «según la tradición, los espíritus viajan al cabo Reinga cuando se acerca el final y se lanzan al mar para volver a su hogar tradicional en la mítica isla de Hawaiki». En el camino, por cierto, deben de encontrarse con los muchos delfines y ballenas que frecuentan estos mares.

Rumbo al sur dejamos atrás los bosques sagrados maoríes, donde crecen helechos grandes como árboles, y aparecen los prados moteados por miles de corderos. Dicen los neozelandeses que toca a ocho ovejas por persona. En todo caso, merece la pena probar su carne, que es, con el pescado, una de las delicias culinarias del país.

Todo plan de viaje por Nueva Zelanda tiene subrayado un nombre: la península de Coromandel. La carretera que conduce hasta Port Jackson, la ciudad más al norte, circula junto a bosques primitivos, antiguas minas de oro, playas esculpidas por las mareas (Cathedral Cove), pueblos de artesanos de la cerámica (Coromandel y Thames) y cientos de pequeñas islas.

En muchos lugares de Nueva Zelanda la cultura maorí es omnipresente

Al retomar la ruta, cada pocos kilómetros aparece un paisaje que remite al film El Señor de los Anillos. En Matamata, un cartel de «Welcome to Hobbiton» anuncia las casas camufladas bajo la hierba que se construyeron para recrear la aldea hobbit de la película. Que la naturaleza supera cualquier invención humana queda claro en Rotorua, 67 kilómetros al sur de Matamata.

La gran actividad geotérmica que se despliega en torno al lago del mismo nombre sí que parece de cine. «Si quiere ver rituales maoríes vaya a Te Puoia», me apuntó una chica de la Oficina de Turismo, «pero si prefiere algo parecido al infierno vaya a Hell’s Gate». Opté por el infierno y durante una hora estuve andando entre lagunas de agua hirviendo, pequeños volcanes que escupían barro grisáceo y calderas del diablo, todo envuelto en un intenso olor a azufre. Para compensar la incursión infernal, a continuación vino el paseo por un lugar sagrado para los maoríes compuesto por un bosque con un río de agua caliente y una cascada.

A un par de horas de Rotorua, las cuevas de Waitomo permiten adentrarse en otro inframundo, esta vez de estalactitas y luces misteriosas, que se extiende bajo tierra a lo largo de 45 kilómetros. Es un desvío ineludible antes de alcanzar el magnífico Parque Nacional de Tongariro, presidido por tres volcanes de más de 2.000 metros de altitud. Existe una ruta que los rodea en cuatro o cinco días, y también una travesía de una jornada –17 kilómetros; entre seis y ocho horas–, el Tongariro Crossing, que discurre entre lagunas, cráteres y un paisaje volcánico que recuerda la cinematográfica Tierra de Mordor.

El final del viaje suele ser Wellington, la capital neozelandesa, separada de la Isla Sur por apenas unas millas marinas. La ruta hasta ella tiene en el Parque Nacional Egmont una parada de lo más interesante. El centenar de senderos que bordean y suben el volcán Taranaki o Egmont descubren árboles endémicos, cascadas y vistas excepcionales del mar de Tasmania. Su calma y aspecto indómito nada tienen que ver con el ajetreo del estrecho de Cook, que separa Wellington de la Isla Sur. Desde el monte Victoria se ve la capital situada en una costa abrupta, mientras los barcos nos tientan a continuar el viaje rumbo sur.

MÁS INFORMACIÓN
Documentos: pasaporte.
Idiomas: inglés.
Moneda: dólar neozelandés.
Horario: 12 horas más.

Llegar y moverse: Los trayectos aéreos entre España y Auckland tienen al menos 2 escalas y duran alrededor de 28 horas.
Alquilar un coche o una autocaravana permite más flexibilidad a la hora de planificar la ruta, pero también existe la opción de adquirir un abono de tren o de autobús de larga distancia para recorrer el país.

Alojamiento: Los bed & breakfast y los hostales con zonas comunes son una opción muy extendida en Nueva Zelanda. Dormir en una granja es una alternativa original y muy familiar.