El corazón de Túnez

Una ruta desde la costa mediterránea hasta los oasis del sur

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X7F-939071. Barrio de la Medina

Barrio de la Medina

Terraza con vistas a la Gran Mezquita Ezzitouna, la principal y más antigua (año 703) de la capital tunecina.

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20822484. Cartago

Cartago

Restos de la legendaria ciudad de Cartago, junto al mar Mediterráneo.

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X7F-1418953. Museo del Bardo

Museo del Bardo

Mosaico el Triunfo de Neptuno (s. III a.C.), en el Museo del Bardo.

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SIM-781858. Hammamet

Hammamet

Desde el ribat fortificado de esta localidad costera se contempla la suave línea de playas arenosas.

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X1X-1484865. Kairuán

Kairuán

Sala de la Oración de la Gran Mezquita de Kairuán.

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Tozeur

En el sur del país, el bello oasis de Tozeur está considerado la puerta al desierto tunecino.

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VN-ESC Tunez-4. Cinco enclaves fundamentales

Cinco enclaves fundamentales

1 Túnez capital. La histórica medina amurallada, el barrio colonial y el Museo del Bardo son sus visitas obligadas.
2 Cartago. Los restos de este asentamiento romano y cartaginés se contemplan en su emplazamiento original, junto al Meditarráneo.
3 Hammamet. Uno de los pueblos costeros más populares de Túnez.
4 Kairuán. Es una de las ciudades santas del islam. La Gran Mezquita, construida en el siglo XI, es Patrimonio de la Humanidad (1984).
5 Tozeur. Este extenso palmeral, famoso por su producción de dátiles, tiene unos 200 manantiales que forman cañones y cascadas.

Mapa: BLAUSET

Una ruta desde la costa mediterránea hasta los oasis del sur

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Los Festivales del Desierto más espectaculares de Túnez

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Mediterráneo por historia y cultura, africano por ubicación, exótico y fascinante sin discusión y siempre acogedor. Así es Túnez, un país del norte de África más largo que ancho, que ofrece al viajero una costa de playas doradas, zocos multicolores, riqueza patrimonial de alto nivel, lagos salinos que regalan espejismos y un desierto, el Sáhara, con oasis de película y dunas de terciopelo. Por si fuera poco, la distancia desde nuestro país es de algo más de dos horas de vuelo, una pequeñez si pensamos que el viaje nos traslada desde Occidente hasta Oriente.

Una vez en Túnez capital (lo es desde el siglo XII), y tras dar un paseo por la ciudad colonial heredada del dominio francés del XIX, habrá que sumergirse en la Mdina, el barrio antiguo, declarado Patrimonio de la Humanidad (1979). Su interior esconde hermosas mezquitas, zawiyas (escuelas coránicas) y zocos agrupados por gremios: un placer para la vista y para el olfato atrapado en especias, y un paraíso para comprar artesanías. También es imprescindible recorrer las salas del Museo del Bardo porque –sin exageración– posee la mejor colección que existe de mosaicos romanos.

Desde la capital es fácil realizar dos excursiones de gran interés. La primera a Cartago, a 17 kilómetros, para ver las ruinas junto al mar de la que fue rival de Roma hasta su destrucción (siglo II a.C.). Y muy cerca está la preciosa Sidi Boud Said, una localidad blanca y azul, con evocaciones a moriscos y olor a jazmín, donde es tradicional tomar en una tetería un aromático té.

Tozeur es el punto de partida de escapadas que duran desde horas hasta varios días. Una de las más típicas cruza el Chott el-Jerid

Iniciamos el viaje hacia Hammamet, a unos 60 kilómetros de buena carretera y asomada al golfo del mismo nombre. La ciudad es una joya que aúna la historia de sus murallas y de su kasba, y el encanto de calles estrechas llenas de zocos y cafés. En Hammamet comienza, además, una sucesión de playas de arena brillante que se despliegan hacia el sur. Por cierto que en este lugar de clima primaveral, cita de la jet set mundial ya en el siglo XIX, la enigmática Patricia Highsmith escribió su novela El temblor de la falsificación.

La siguiente etapa es Sousse, de origen cartaginés, luego romana, árabe más tarde y hoy capital del Sahel tunecino. Tiene una medina con mucha historia, estupenda para adquirir joyas de plata y cerámica, y una torre de la kasba que regala una vista de las de no olvidar. El enclave también ofrece playas resplandecientes donde se alinean hoteles para todos los bolsillos.

A escasos 25 kilómetros, deslizándose hacia el Mediterráneo sobre un cabo, llegamos a Monastir. La ciudad conserva un precioso ribat (monasterio fortificado musulmán) del siglo VIII que hoy aloja un museo islámico; el ribat y la ciudad fueron escogidos por los Monty Python para filmar La vida de Brian en 1979. Cuna de Habib Burguiba (1957-1987), líder de la independencia tunecina y presidente del país durante cuarenta años, Monastir se benefició de tal circunstancia, convirtiéndose en un lugar de vacaciones espléndidamente acondicionado. Su urbanismo, el cementerio marino de evocaciones literarias y la visita a sus monumentos aseguran una estancia atractiva que puede completarse en el puerto, descubriendo la gastronomía local a base de pescados y mariscos, cuscús, guisos de cordero y el famoso brik, una deliciosa crêpe rellena de huevo.

Playas, puertos de pescadores, calles abovedadas, zocos llenos de artesanías..., la costa de Túnez es una delicia, pero ahora hay que abandonarla para viajar hacia el interior rumbo a Kairuán, a 160 km de la capital. Ciudad santa del islam y Patrimonio de la Humanidad desde 1988, su Gran Mezquita (siglo VII) alberga una Sala de la Oración con más de 400 columnas rematadas en arcos. La mezquita del Barbero es otro lugar imprescindible en la visita a Kairuán.

Antes de seguir el viaje a través del estepario Sahel, una recomendación para aficionados a los restos romanos: a 70 kilómetros de Kairuán se alza el anfiteatro de El Jem (siglo III). Es el más grande África, el cuarto en tamaño del mundo y uno de los que se han preservado en mejor estado.

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La ruta penetra en tierras cada vez más desnudas, donde de vez en cuando se atisba algún pastor con rebaño de cabras o camellos y poblados excavados en las crestas ocres de las montañas. Son unos 200 kilómetros fáciles de vencer en todoterreno.

Tras anhelar la visión de los oasis, el primero que aparece es el de Tozeur, con un palmeral que produce los dátiles más dulces de la tierra y un mirador desde el que contemplar atardeceres de fuego. A un paso está Nefta, otro oasis tentador, que tiene la misma arquitectura de ladrillo con dibujos geométricos que su vecina y otro palmeral para alejarse del mundo envueltos en el rumor de acequias y fuentes. Tozeur es el punto de partida de escapadas que duran desde horas hasta varios días. Una de las más típicas cruza el Chott el-Jerid, un lago con garantía de espejismos. También es posible contemplar las dunas blancas de Douz a lomos de camello o en globo. Y viajar en el tiempo al visitar poblados trogloditas y bereberes, muchos transformados en hoteles y en escenarios de películas como La Guerra de las Galaxias o El paciente inglés.

MÁS INFORMACIÓN

Cómo llegar y moverse: Desde España salen vuelos directos a la capital tunecina. El aeropuerto Túnez-Cartago se localiza a 8 km de la ciudad. La forma más cómoda de realizar esta ruta es alquilar un todoterreno y contratar los servicios de un guía-conductor.