España

Descubrir La Cerdanya

Un recorrido por este emblemático rincón del Pirineo catalán

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OA ES 10654. Sierra del Cadí

Sierra del Cadí

Esta muralla montañosa enmarca los pueblos de la Cerdanya. En la imagen, Músser, cerca de Martinet.

ORIOL ALAMANY

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GNcAR105 b. Arànser

Arànser

Los pueblos de La Cerdanya preservan la arquitectura de montaña.

GONZALO AZUMENDI

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Vilallobent 08. Rincón rural

Rincón rural

La actividad rural prevalece en esta comarca de Girona.

JORDI FOLCH

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L87-1141725. Lago de Puigcerdà

Lago de Puigcerdà

A partir del siglo XIX, la burguesía catalana construyó a su alrededor sus casas de veraneo. Hoy es una apacible zona de paseo.

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ZK3-2025345. Bellver de Cerdanya

Bellver de Cerdanya

Sobre esta calle de Bellver de Cerdanya despunta la iglesia de Sant Jaume.

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 NK30238. Río Llosa

Río Llosa

El puente de La Llana cruza el río de la Llosa en un idílico rincón al norte de Martinet.

DANI CODINA

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VN-ESC Cerdanya-4. Cuatro enclaves imprescindibles

Cuatro enclaves imprescindibles

1 Puigcerdà. Capital de La Cerdanya, la calle Major es su eje. Vale la pena visitar el mirador Joan Maragall y el lago local.
2 Bellver de Cerdanya. Con claro aire medieval, conserva parte de las murallas y una bonita plaza Major porticada.
3 Alp. Documentado en el siglo IX, su crecimiento está ligado a las estaciones de invierno de La Molina y Masella.
4 Lles de Cerdanya. Núcleo dominado por la iglesia de Sant Pere y, en invierno, popular por sus pistas de esquí nórdico.

Mapa: BLAUSET

8 de junio de 2015

Al abrigo de los Pirineos orientales, La Cerdanya es una comarca cruzada por el río Segre y sembrada de árboles, prados y pueblos que parecen dispuestos para que pintores y fotógrafos los inmortalicen. A este aspecto estético hay que añadir que se extiende de este a oeste, una orientación poco común en los valles pirenaicos y que beneficia a la comarca con más horas de sol al año. Además, su paisaje es muy diverso, con cimas de casi 3.000 metros que la protegen por el norte (Puigpedrós, Carlit, Pimorent...) y por el sur (Cadí, Moixeró y Puigmal), bosques de pinos y abetos, y lagos glaciares en las zonas más altas.  

Cuando llega la primavera, el blanco de la nieve deja paso al verde, violeta y amarillo de la hierba y las flores silvestres. Es el momento idóneo para el senderismo, la bicicleta, los vuelos en globo o las salidas en busca de iglesias románicas. El placer es completo cuando uno se sienta a la mesa y prueba los embutidos, quesos y carnes con los que se elabora la cocina local, con platos tan sabrosos como el trinxat (elaborado con col verde, patata y tocino) y el pato con nabos.

Puigcerdà, la capital de la comarca, es un buen inicio de ruta por su situación en el extremo oriental del valle y su conexión por tren con Barcelona. El núcleo antiguo (Vila Vella) se agrupa en torno a la calle Major y la torre-campanario de la iglesia de Santa Maria, templo románico que fue destruido a pico y pala en 1936. Un rincón especialmente atractivo es el pequeño lago situado en la parte alta de la ciudad. A inicios del XIX era una ciénaga, pero, antes de que acabara el siglo, la burguesía barcelonesa –el pintor Santiago Rusiñol fue uno de sus visitantes más ilustres– embelleció el paraje con hermosas villas

Salimos de Puigcerdà y siete kilómetros al este encontramos Llívia, un pueblo que quedó fuera de los territorios que el Tratado de los Pirineos dio a Francia en 1659. Sus calles en pendiente conducen hasta la iglesia fortificada de Nuestra Señora dels Àngels y a la Farmàcia Esteve (siglo XV), una de las más antiguas de Europa.

El río Segre –sus fuentes se sitúan en el municipio de Llo, en la Cerdanya francesa– traza nuestra ruta que recorre la comarca hacia el oeste. A lo largo de la carretera que sigue el cauce aparecen poblaciones que conservan sus núcleos antiguos de piedra, y también desvíos hacia valles y pueblos más aislados como Saneja y Guils de Cerdanya, cuyas casas de piedra, tejados de pizarra y balcones de madera se reúnen alrededor de las iglesias románicas de Sant Vicens y Sant Esteve, respectivamente. No son las únicas muestras de románico que perviven en el valle: en Talló, Meranges, Bor y Pedra pueden verse templos que son auténticas obras de arte.

Hasta la apertura del túnel del Cadí, en 1984, el acceso a La Cerdanya se limitaba a la carretera y a la línea de tren que atraviesan la Collada de Toses desde Ribes de Freser, y a la carretera junto al río Segre que lleva a la Seu d’Urgell. La nueva vía rápida impulsó el desarrollo turístico de la comarca y de las estaciones de esquí de La Molina, la más antigua del estado español, y La Masella, que en verano se convierten en destino de caminantes. Ambas se hallan en el municipio de Alp, un conjunto de calles empedradas con plazoletas a las que se abren restaurantes típicos y un mercado cada sábado. A la salida del pueblo sorprende ver una especie de castillo medieval: es la Torre de Riu, una propiedad agrícola reformada en 1896.

La siguiente etapa aparece aupada sobre una colina a orillas del Segre. Bellver nació para defender el Camí Reial, la senda medieval que unía el rico condado de Urgell y Francia, y que hoy puede recorrerse a pie y en bicicleta. El paseo por sus calles en cuesta muestra la muralla, la plaza Major, porticada y aún con mercado semanal, y la torre de la Prisión, que inspiró a Gustavo Adolfo Bécquer el poema La cruz del diablo el verano de 1860.

Y llegamos a Martinet (10 km), en el extremo oeste de la comarca, donde el Segre gana ímpetu y se estrecha. Un desvío en las afueras acerca al coqueto Músser y a Lles de Cerdanya, una estación de esquí nórdico que, en verano, se llena de aficionados a la bicicleta y a las excursiones a cimas cercanas y a al precioso valle de la Llosa, final de nuestra visita.

MÁS INFORMACIÓN

La mejor opción para seguir este itinerario es situarse en Puigcerdà y, desde ahí, recorrer la comarca en coche. Girona está a 146 km por la C-150 y Barcelona a 155 km por la C-1411. Hay tren entre Barcelona y Puigcerdà.
Turisme de La Cerdanya