De los Alpes al mar Adriático

Ruta por un país de ciudades medievales y leyendas de dragones

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Samonigg Reinhold Morning in Bled. Lago Bled

Lago Bled

Hace siglos que sus aguas termales y su iglesia de la Asunción, sobre un islote, atraen a viajeros y peregrinos.

REINHOLD SAMONIGG

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491448519. Ljubljana

Ljubljana

El centro de la capital se articula en torno al puente Tromostovje o Triple y la iglesia de la Anunciación.

GETTY IMAGES

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AWL SV01024. Un legado monumental Ljubljana

Un legado monumental Ljubljana

El Castillo (siglo XI), la biblioteca barroca del Palacio del Seminario y el puente Triple son algunas de sus joyas.

AWL IMAGES

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Mostnica Gorge Viajes. Parque Nacional de Triglav

Parque Nacional de Triglav

El río Soca y el monte Triglav son los emblemas de esta reserva, un paraíso de los deportes de montaña.

ANDREAS RESCH

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HMS-HEM086527. La huella veneciana Piran

La huella veneciana Piran

Los palacios y el campanario de Piran recuerdan su pasado como puerto veneciano.

AGE FOTOSTOCK

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Rok Breznik Piran. Piran

Piran

Es uno de los pueblos más bonitos de la costa adriática. Las excursiones en barco ofrecen panorámicas desde el mar.

ROCK BREZNIK

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1jpeg. Cueva de Postojna

Cueva de Postojna

Las cuevas de la región del karst muestran un fantástico mundo subterráneo en el que habita un dragón minúsculo, el proteus.

UROS PODLOGAR

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DETMGW. Castillo de Predjama

Castillo de Predjama

La figura del barón Erazem Lueger, un Robin Hood esloveno del siglo XV, está presente durante la visita a la que fue su fortaleza.

RISTO HUNT / ACI

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VNG 174 ESLOVENIA-4. Eslovenia, del interior a la costa

Eslovenia, del interior a la costa

1 Ljubljana. Tiene un valioso conjunto medieval y modernista.
2 Bled. Esta ciudad balnearia es un destino ineludible.
3 P. N. Triglav. El valle del río Soca es su mayor reclamo.
4 Piran. Un pueblo veneciano a orillas del Adriático.
5 Postojna. Estas grutas son una maravilla subterránea.
6 Predjama. Un castillo para revivir la época medieval.

Mapa: BLAUSET

Ruta por un país de ciudades medievales y leyendas de dragones

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La espléndida Liubliana

La espléndida Liubliana

Eslovenia es uno de los estados más pequeños del continente y, sin embargo, atesora paisajes de una riqueza y variedad increíbles. La exquisita Ljubljana, la capital, las montañas alpinas que rodean el lago Bled y el legado veneciano del Adriático trazan la ruta más atractiva por este joven país, constituido en 1991 tras la desintegración de la antigua Yugoslavia.

Ljubljana es bonita ya desde su nombre: su sonoridad líquida proviene de vocablos latinos y eslavos que aluden a las marismas que rodeaban la aldea fundacional. Aunque no resulte fácil imaginarse al mítico Jasón entrando con sus argonautas en la ciudad para salvar a cierta joven raptada por un dragón alado, la Ljubljana de hoy y aquella leyenda griega confluyen sobre los apoyos del puente de los Dragones. Los habitantes de la capital eslovena no solo perdonaron al monstruo, también lo adoptaron como símbolo de la ciudad y del escudo que adorna sus banderas oficiales. Como la que ondea sobre el castillo asentado en la colina boscosa de Ljubljanski Grad. Las vistas panorámicas son motivo suficiente para llegar hasta él, pero hay más: sus torres de vigilancia, su patio, sus almacenes y calabozos acogen eventos culturales y exposiciones desde hace medio siglo.

Ljubljana podría haber conservado su fisonomía medieval de no ser por el gran terremoto de 1895. Aquel suceso propició la llegada del art nouveau, cuyos aires de modernidad y resurgimiento fructificaron en fachadas y canales que llevan la firma de Jože Plecnik, el arquitecto esloveno por excelencia. La biblioteca barroca del palacio del Seminario, la obra de los Tres Puentes y los arcos del mercado Tržnice ocupan un paseo matinal que combina el modernismo centroeuropeo con arquetipos de mayor influencia italiana, como el barroco Edificio Consistorial, en pleno centro, o con los parques y jardines que verdean la ciudad, como los de Tivoli.

A la capital llega desde el norte el aire fresco de los Alpes Julianos, montes que evocan la ambición de Julio César cuando conquistó esta región accidentada y fértil. Tomamos rumbo norte hacia el bonito lago de Bled, a 50 kilómetros, pero a mitad de camino nos detenemos en la pequeña Škofja Loka para cruzar su puente de los Capuchinos y merodear por las plazas medievales, donde el ambiente comercial no ha cambiado en siglos.

Ljubljana podría haber conservado su fisonomía medieval de no ser por el gran terremoto de 1895

En Bled, el lago esmeralda, el islote con la iglesia de la Asunción, el risco plateado sobre el que se encarama un castillo y los Alpes Julianos de fondo conforman una estampa imponente. Para recuperar el pulso lo mejor es comerse un kremna rezina, el dulce de hojaldre típico de la región. Bled y su lago ocupan el confín oriental del Parque Nacional de Triglav, una reserva de profundos valles glaciares por donde fluyen ríos que acaban en el mar Negro o bien en el Mediterráneo. Al monte Triglav, la montaña más alta del país con 2.864 metros de altitud, se le cuentan tres cabezas y es el objetivo de alpinistas que ansían sentarse en un trono sobre las nubes, como hiciera el dios eslavo del agua, el aire y la tierra. Los picos de Triglav, cuya silueta aparece en los 50 céntimos de euro eslovenos, se aprecian muy bien recorriendo el valle de Bohinj, que conduce al mayor lago del país.

El parque nacional se ajusta como una onda expansiva a la frontera con Italia y Austria de modo que, para recorrerlo a fondo, conviene seguir una ruta desde Bled en sentido contrario a las agujas del reloj. La población y estación de esquí de Kranjska Gora, a 39 kilómetros, marca el inicio de la ascensión hacia el puerto de Vrsic (1.611 m). El descenso desde ahí tiene como primera etapa el pueblo de Trenta, donde se halla la oficina del parque.

A partir de ahora la ruta la marca el río Soca, encajado en un cañón verde y gris que flirtea con las curvas de la carretera. Poco ha cambiado este paisaje en el último siglo, tal y como demuestra la perenne cascada de Kozjak, a seis kilómetros del pueblo de Kobarid. La belleza del valle consigue esconder el sufrimiento que se vivió aquí durante la Primera Guerra Mundial y que hoy recoge un museo y un monumento conmemorativo.

Rok Breznik Piran

Si seguimos hacia el sur conduciendo por la carretera 102, al cabo de un par de horas alcanzaremos la costa del Adriático. En esta estrecha franja litoral el legado veneciano está todavía muy presente en las poblaciones marineras de Koper, antigua capital de Istria, y Piran. Aunque durante todo el año en ambas predomina el ritmo sosegado mediterráneo, Koper recupera en verano un alegre bullicio. Los trazos góticos y renacentistas que adornan sus calles y palacios, la logia y la catedral sirvieron de inspiración a un paseante James Joyce (Dublín, 1882-Zúrich, 1941) cuando vivió en la vecina Trieste, por entonces perteneciente al imperio austrohúngaro, mientras ejercía como profesor de inglés.

A 20 kilómetros de Koper aparece, como una lengua sobre el mar, Piran. Esta ciudad medieval, antiguo puerto veneciano, es tan bonita de lejos como de cerca. Es un placer recorrerla desde los muelles del puerto, por callejuelas y escalones que se elevan entre plaza y plaza para dar con las murallas que la abrazan por detrás.

En dirección norte por la A1, apenas recorridos 75 kilómetros, una señal guía hacia el interior de la tierra, literalmente. Son las cuevas de Postojna, en la región de Carso o Karst, un conjunto de grutas cuya composición geológica ha servido para designar un tipo de roca. Son varios kilómetros de túneles con cortinas y pilares de piedra caliza que parecen salones de conciertos acompasados por el goteo de las estalactitas. Este fantástico mundo es el hábitat del Proteus anguinus, un anfibio blanco y ciego que la tradición popular consideraba una cría de dragón.

Cerca de Postojna, el castillo de Predjama se levanta en la boca de otra cueva. Tiene todos los detalles medievales, incluso pasadizo secreto y leyenda, la del barón Erazem Lueger, un Robin Hood del siglo XV que atracaba a los ricos y repartía el botín entre los pobres. Los torneos a lanza y espada que ahora se disputan al pie de la fortaleza sumergen al viajero en una ensoñación habitada por caballeros y dragones.

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Documentos: dni.
Idiomas: esloveno, húngaro e italiano.
Moneda: euro.

Cómo llegar y moverse: Los vuelos hasta Ljubljana suelen realizar escala en una ciudad europea. El
aeropuerto está conectado por autobús y taxi con el centro, a 26 km. El tren y los autobuses de línea conectan casi todo el país. La alternativa más cómoda es alquilar un coche.

Alojamiento: Hoteles en casas renacentistas de la capital. Balnearios en Bled. Granjas, cámpings y albergues en áreas de montaña.