Francia

Córcega y su extraordinaria diversidad de paisajes

La isla más montañosa del Mediterráneo sorprende con calas como el cristal y un interior alpino

1 / 8

1 / 8

SIM-711815. Islas Lavezzi

Islas Lavezzi

Este archipiélago del sur es una valiosa reserva natural por sus formaciones rocosas y su fauna marina.

OLIMPIO FANTUZ / FOTOTECA 9 X 12

2 / 8

HEMIS 0189645. Porto

Porto

Este pueblo pesquero presume de playas, restaurantes típicos y de su proximidad a los bosques y gargantas del parque nacional.

GTRES

3 / 8

LKF-22824. Corte

Corte

Antigua capital de la isla, es el símbolo del nacionalismo corso. La Ciudadela alberga la Universidad y el Museo de Córcega.

JUERGEN RICHTER / AGE FOTOSTOCK

4 / 8

PanoBastiaMorning-1-2. Bastia

Bastia

Capital económica de la isla, su puerto ha sido históricamente un lugar de intercambio de mercancías y conocimientos.

SERGE RAMELLI www.photoserge.com

5 / 8

Girolata beach2. Golfo de Girolata

Golfo de Girolata

La península de Scandola esconde algunas de las calas más bonitas de la isla.

RAPHAËL SAVARIT

6 / 8

AWL FR11016. Bonifacio

Bonifacio

La Haute Ville, el núcleo medieval, se erige sobre un acantilado que resultó invencible para muchos ejércitos.

PETER ADAMS / AWL IMAGES

7 / 8

SIM-747973. Playa de Palombaggia

Playa de Palombaggia

Esta medialuna de arena blanca rodeada de pinos es la más famosa de las calas próximas a Porto Vecchio, en el sudeste.

RICCARDO SPILA / FOTOTECA 9 X 12

8 / 8

VNG 172 CORCEGA remaq-4. Vuelta a la isla

Vuelta a la isla

1 Ajaccio. El paseo por el puerto y el casco viejo incluye la casa de Napoleón.
2 P. N. de Córcega. Abarca bosques, picos y lagos de alta montaña.
3 Corte. Antigua capital corsa, es un buen lugar para conocer la cultura corsa.
4 Bonifacio. Este pueblo medieval se erige sobre un acantilado de la punta sur.
5 Bastia. Muy animada. Ideal para recorrer el norte.

Mapa: BLAUSET

25 de julio de 2014

No una, sino varias fueron las montañas que un día se desgajaron de los Pirineos y se adentraron en el Mediterráneo. Llegaron a un lugar protegido de los vientos en el mar de Liguria, a escasa distancia de Italia y Francia, y allí echaron el ancla formando una isla. Una isla toda montaña que se despeña sobre las aguas en el norte, el sur y el oeste y que se desliza suavemente por tierras arenosas hacia el este. Así nació Córcega, una sucesión de alturas escarpadas, bosques de castaños, gargantas abismales, llanuras cubiertas de viñas, frutales y trigo, y rodeada por calas con aguas de cristal. Los corsos son los amos de montes, llanos y playas, gente envuelta en leyendas de resistencia y felices en su aislamiento.

Bastia, en el norte, y Ajaccio, en el sur, son las ciudades de referencia de la isla. Y aunque ambas pueden ser inicio y final de cualquier ruta, tomaremos como punto de partida Ajaccio y dejaremos Bastia como última etapa.

La cuna de Napoleón Bonaparte se levanta en una bahía, con un conjunto de calles calladas y una amplia plaza junto al Ayuntamiento.
Su historia nace en un asentamiento romano y se sigue a lo largo de un paseo por la ciudadela, la catedral y, cómo no, la casa y el museo de Napoleón. Ajaccio es perfecta para aclimatarse al ritmo de la isla y saborear la cocina local, rica en pescados, guisos, quesos de sabor fuerte, embutidos y frutas. A un tiro de piedra de la ciudad se abren numerosas calas que son puro cristal azul y verde.

Conduciendo hacia el interior damos enseguida con el Parque Natural Regional de Córcega, que ocupa el 40% del territorio y protege la cadena montañosa que recorre de norte a sur el centro de la isla. El sendero de gran recorrido GR 20 cruza el parque en 15 etapas, salvando collados y desfiladeros, aunque hay otros muchos caminos que bordean ríos, penetran en bosques y rodean picos de hasta 2.600 metros de altitud.

El parque alcanza el mar en la Reserva de Scandola, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Situada casi dos horas al norte de Ajaccio, esta área comprende unas 2.000 hectáreas de rocas volcánicas que, erosionadas por el mar y el viento, han ido adquiriendo unos volúmenes estriados y fantásticos, de un color rosado que se enciende con la puesta del sol. Repleta de islotes, cuevas y paredes rocosas, solo se puede acceder a esta maravilla a bordo de uno de los barcos de la propia reserva, siempre con guía. Está prohibido pescar, pero se permite nadar y contemplar con gafas de buzo sus plataformas de algas calcáreas y algunas de las 125 especies de peces que habitan sus aguas. Al otro lado del golfo de Girolata se abre la gran bahía de Porto, donde el pueblecito de igual nombre invita a disfrutar de playas de guijarros y los cafés de su puerto. A la espalda de este núcleo blanco, una carretera penetra en la isla hacia Corte a través de parajes excepcionales, como las gargantas de Spelunca y el bosque de Aïtone, de pinos laricios y hayas.

Tras un millón de curvas y 82 kilómetros, llegamos a Corte, capital histórica y corazón de la isla. Esta ciudad amurallada, dispuesta estratégicamente sobre un alto en la confluencia de dos ríos, es un símbolo de la insurgencia contra Francia y el recuerdo de Pascal Paoli, el héroe que lideró la independencia de Córcega entre 1755 y 1769. De calles estrechas y empinadas, su casco alto se mantiene prácticamente como en tiempos de Paoli.

La ruta por la isla pone de nuevo rumbo a Ajaccio, a 80 kilómetros, para darse un baño en las playas de Propiano, y después andar por Sartène y su barrio medieval de granito gris. Poco más de una hora en coche nos separan de la bonita Bonifacio. La ciudad se asienta en el extremo sur de la isla, sobre una escarpada península de roca blanca que tiene el aspecto de un fortín sobrevolando el mar. Hay que recorrerla a pie para empaparse de su atmósfera salina y antigua, medir en el propio cuerpo las dificultades de su trazado de sube y baja, admirar iglesias, plazas y mansiones. La mejor perspectiva se consigue a bordo de los barcos que llevan a las islas Lavezzi: las casas de Bonifacio asomadas al mar desde un acantilado calcáreo, erosionado por el viento salobre.

La carretera que remonta la costa oriental asciende casi en línea recta, encajada entre el mar y cultivos de cereales y viñas. Al poco de salir de Bonifacio, en la zona de Porto Vecchio, surge la playa de Palombaggia, un delicado arco de arena blanca que resulta imposible de pasar por alto. A medida que se avanza aparecen desvíos hacia el interior frondoso de la isla. Uno de los más bonitos se adentra en La Castagniccia, región de castaños y pueblos donde las tradiciones corsas  y el sentimiento nacionalista están más vivos.

Bastia es un magnífico final del viaje alrededor de la isla por su situación en el norte. Segunda población más grande de Córcega, es una ciudad mediterránea, con un puerto activo y un barrio pesquero escondido y vivísimo. Plácida a pesar del bullicio veraniego, Bastia es la primera etapa de la carretera que rodea el Cap Corse, ese dedo que señala a Génova, su enemiga histórica. El cabo mide menos de 15 kilómetros de este a oeste, pero el centro está tomado por una cordillera que obliga a circular a ras de costa, sorteando curvas en las que el vértigo ataca a cada revuelta. Pero el esfuerzo compensa con vistas magníficas y aldeas de pescadores que sirven exquisitos pescados recién capturados. No se puede pedir más. Solo queda la promesa de un próximo viaje a esta isla de montes y playas.

MÁS INFORMACIÓN

Documentos: DNI.
Idiomas: francés y corso.
Moneda: euro

Llegar y moverse: Hay vuelos directos entre Barcelona y Bastia. Otra opción es llegar en barco desde Niza oToulon y embarcar el coche, el mejor medio para recorrer la isla. El Trinighellu es un tren turístico con 2 itinerarios de ida y vuelta: Ajaccio-Bastia y Ajaccio-Calvi.

Alojamiento: En el litoral hay hoteles y bed & breakfast. En el interior abundan los albergues. Los cámpings se hallan por toda la isla.

Turismo de Córcega