Francia

Canal del Midi, desde Toulouse a Béziers

Travesía fluvial por el sur de Francia para disfrutar de sus ciudades amuralladas y su gastronomía

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Avenida Fluvial

El canal fue una vía primordial para transportar mercancías hasta la llegada del tren en el siglo XIX. Hoy es una ruta turística que se recorre en barco o en bicicleta.

DARREN BAREFOOT

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AGAUDENCIO. Toulouse

Toulouse

El paseo junto al río Garona descubre la cara más soleada de esta ciudad de palacios de piedra rosa, antigua capital de Occitania.

ANTONIO GAUDENCIO

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Bajo una cubierta vegetal

La mayoría de los 42.000 plátanos que flanquean el canal fueron plantados en 1860 para dar consistencia a las riberas.

BILDAGENTUR HUBER; FANTUZ OLIMPIO / FOTOTECA 9 X 12

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GPT-31PF0437-1. La violeta de Toulouse

La violeta de Toulouse

Esta delicada flor es el ingrediente de caramelos, jabones e incluso ensaladas.

PATRICK FORGET / AGE FOTOSTOCK

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Carcasona

La Unesco declaró la Cité Patrimonio de la Humanidad en 1997. Sus 52 torres y su doble muralla de 3 km se divisan desde lejos.

DAVID NOTON PHOTOGRAPHY

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Saint-Louis

El barrio bajo de Carcasona está lleno de placitas en las que se instalan mercados de flores y alimentos.

PUZANT APKARIAN / AGE FOTOSTOCK

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Béziers

La villa natal de Riquet, el constructor del canal, ha preservado su perfil medieval, con las casas agrupadas a los pies de la catedral de origen románico, y el Puente Viejo (siglo XII) cruzando las aguas del río Orb.

LEONID ANDRONOV / 123RF.COM

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Los puertos indispensables del canal

1 Toulouse. Denominada la Ville Rose, destaca por su animación cultural.
2 Castelnaudary. Centro de la comarca del Lauragais y del País del Pastel.
3 Carcasona. La amurallada Cité es la etapa más espectacular del Canal.
4 Béziers. Antigua ciudad cátara, conserva la catedral de origen románico.

Mapa: BLAUSET

23 de abril de 2014

Pocos viajes aúnan historia y belleza natural con tanta armonía como el Canal del Midi. Construido en el siglo XVII, recorre 240 kilómetros entre Toulouse y la laguna de Thau. El artífice de tal obra, Pierre-Paul Riquet, nacido en Béziers, soñó un día que su tierra, el Languedoc, saldría del aislamiento comercial gracias a una vía fluvial que uniera los dos mares desde Toulouse: hacia el este el canal llevaría a Carcasona y después a Béziers hasta alcanzar el Mediterráneo; hacia el oeste, el río Garona enlazaría Toulouse con el Atlántico.

Toulouse, que ya en la Edad Media tenía fama de ciudad tolerante, próspera y culta, es un inicio de viaje magnífico tanto por su patrimonio como por su intensa vida artística y universitaria. El corazón de la ciudad es la plaza del Capitole, un amplio espacio flanqueado por edificios señoriales y situado a pocos pasos de los principales monumentos: la basílica de Saint Sernin, joya del arte románico europeo; la iglesia de los Jacobinos, cuyas columnas en forma de palmera apabullan por su belleza; y la catedral de Saint Étienne, donde reposa Pierre-Paul Riquet en una sencilla tumba.

En el muelle de la Embouchure empieza  el verdadero viaje, bien sea a bordo de una embarcación, en bicicleta por el camino que corre paralelo al canal o bien en coche realizando paradas cada pocos kilómetros. Cuando Toulouse queda atrás, aparece el paisaje del Lauragais, denominado el País del Pastel, una planta utilizada desde el siglo XII para extraer un tinte azul con el que se teñían tejidos y lanas. En el XVI, la fabricación y exportación de este tinte enriqueció las ciudades de Albi, Toulouse y Carcasona de tal manera que la expresión «buen vivir» acabó siendo sinónimo de la zona.

Mientras avanzamos mecidos por los altísimos plátanos que flanquean el canal, la vista se pierde por el denominado «granero de la región»: campos de cereales y brillantes girasoles erguidos ante el último sol. Estos árboles de copas frondosas hoy en día padecen una enfermedad que obliga a talarlos; si la epidemia avanza, el canal puede sufrir un revés de proporciones dramáticas.

A unos 45 kilómetros de Toulouse, en la población de Avignonet-Lauragais, aparece el primer recuerdo trágico de los cátaros. Allí, en 1243, el señor de Mirepoix (procátaro) y sus hombres degollaron con hachas a inquisidores y acompañantes, una matanza que precipitó el fin del catarismo, un movimiento enfrentado al Papa por propugnar la humildad del cristianismo primitivo.

La Maison de la Haute Garone, en el vecino municipio de Port-Lauragais, dedica una exposición al Canal con fotos y maquetas que dan una idea de la complejidad del proyecto –la construcción se realizó a pico y pala– y de la personalidad de Pierre-Paul Riquet, un hombre adelantado a su tiempo en el trato con los trabajadores, la mayoría campesinos. Para evitar que en épocas de labranza y siega desertaran, Riquet les pagaba un buen salario que incluía los días festivos, las bajas por enfermedad y las jornadas que no trabajaban por imperativos meteorológicos.

La esclusa de l’Océan, a la altura de Naurouze, ofrece la oportunidad de practicar las maniobras que se enseñan al inicio del viaje en el embarcadero de Toulouse, y conocer además otra curiosidad del canal. Éste es el punto más alto del recorrido (190 metros), el lugar donde las aguas que descienden de la Montaña Negra se decantan por seguir hacia el Atlántico o bien hacia el Mediterráneo. 

Antes de llegar a la amurallada Carcasona se imponen dos paradas. La primera en la localidad de Castelnaudary, cuna del exquisito cassoulet, un guiso de alubias y distintos tipos de carne. Y, más adelante, en el puerto de Bram y la taberna que ocupa el antiguo puesto de control del canal. Esta villa erigida en torno a su iglesia recuerda otro triste episodio: en 1212, Simon de Monfort, enviado del papa Inocencio III para eliminar a los cátaros, detuvo a un centenar de hombres, les rompió la nariz, los cegó y les cortó el labio inferior como aviso a los defensores del castillo de Cabaret (hoy, de Lastours).

El puerto de Carcasona nos recibe algo alejado de la Cité. Su doble línea de murallas fue testigo de la lucha liderada por Raimon-Roger Trencavel, señor de Carcasona, contra el ejército cruzado que llegó para  ajusticiar a los herejes cátaros en 1209. El castillo condal y la basílica de Saint-Nazaire siguen siendo los emblemas de la ciudadela, pero el corazón de Carcasona late extramuros, en la plaza Carnot de la Bastide Saint Louis, el núcleo donde los supervivientes del ataque cruzado reconstruyeron sus casas y donde, a lo largo de los siglos XVII y XVIII, se erigieron hermosos palacios y templos. 

Rumbo hacia el mar el paisaje se convierte en un abanico de viñedos y poblaciones con encanto como Le Somail, a unos 60 kilómetros de Carcasona. Es otra parada interesante gracias a sus restaurantes, a su librería de tesoros antiguos y a un nevero perfectamente conservado en la orilla derecha del canal.

El canal se desliza apacible y sin apenas desniveles hasta Béziers. A la entrada de la ciudad, las siete esclusas de Fonserannes aportan cierta emoción a los tripulantes de las barcas y ofrecen un entretenimiento visual a los ciciclistas y caminantes. La ciudadela de Béziers observa desde una colina, con la catedral de Saint-Nazaire en lo más alto. La ciudad sucumbió unos meses antes que Carcasona al ejército cruzado de Arnaldo Amalric, quien ordenó quemar la catedral y a la gente que se había refugiado dentro al grito de: «Matadlos a todos. Dios ya reconocerá a los suyos».

El último tramo del canal, de Béziers a la laguna de Thau, transcurre entre campos donde pacen rebaños de toros, vacas y caballos. El paisaje se allana y nuestro espíritu se ensancha. Conocer el Canal del Midi es amarlo; surcarlo, un sueño.

MÁS INFORMACIÓN

Documentos: DNI.
Idioma: francés.
Moneda: euro.

Recorrer el canal: El Canal del Midi es navegable de marzo a noviembre. Existen diferentes tipos de embarcación, desde lanchas y barcos con camarotes que no requieren permiso de patrón, hasta péniches, las gabarras tradicionales. El carril para bicicletas corre paralelo al canal. Las bicis se pueden alquilar cerca de los puestos de amarre.

Cómo llegar ala zona: Toulouse (a 349 km de Barcelona) recibe vuelos de varias ciudades españolas. Otra opción es viajar en los trenes de Renfe-SNCF en Cooperación.  

Turismo del Canal de Midi
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