Alemania

Berlín, los nuevos barrios e iconos arquitectónicos

Un paseo para descubrir la vitalidad de la capital alemana, 25 años después de la caída del Muro

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400-07245303a. Ciudad fluvial

Ciudad fluvial

El río Spree atraviesa la ciudad de este a oeste y bordea algunos de sus monumentos más identificativos.

SEAN PAVONE

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AWL DE01189. Puerta de Brandemburgo

Puerta de Brandemburgo

Fue construida entre 1788 y 1791 como acceso monumental a Berlín.

GAVIN HELLIER / AWL IMAGES

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IBR-1462060. Potsdamer Platz

Potsdamer Platz

Esta plaza encarna la modernización de Berlín, con edificios diseñados por arquitectos de fama internacional como el Sony Center, de Helmut Jahn.

JÜRGEN HENKELMANN / AGE FOTOSTOCK

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T54-1173561. La huella del pasado

La huella del pasado

Una línea de adoquines recuerda el recorrido del Muro. Una huella del pasado que los alemanes nunca han olvidado.

AGE FOTOSTOCK

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PNS-2447650. Reichstag

Reichstag

La cúpula de vidrio del Parlamento es un símbolo del Berlín reunificado. Una  pasarela sube hasta lo alto.

LUCA DA ROS / PHOTONONSTOP

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X7B-1544752. Tiergarten

Tiergarten

La columna de la Victoria se erige en una de las avenidas de este parque de canales y bosques.

AGE FOTOSTOCK

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FNL-2662793. Catedral berlinesa

Catedral berlinesa

El gran templo de la Isla de los Museos se asoma por un lado a los jardines del Lustgarten y por el otro al Spree.

STEINER / AGE FOTOSTOCK

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400-07105226s. Isla de los museos

Isla de los museos

El Bode Museum ocupa la punta de la isla como el mascarón de una nave. Al fondo se alza la Fernsehturn o Torre de la Televisión.

SEAN PAVONE

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Berlín, un cuarto de siglo después

1 Potsdamer Platz. Fue reconstruida con edificios vanguardistas.
2 Checkpoint Charlie. El punto de control más peligroso del Muro rinde hoy memoria a aquellos tiempos con varios museos.
3 Tiergarten. El mayor parque de Berlín tiene una zona de museos y otra de edificios gubernamentales, además de canales y prados.
4 Puerta de Brandemburgo. Símbolo de la ciudad desde su fundación.
5 Isla de los Museos. Un lugar de visita ineludible por albergar la Berliner Dom, cinco museos de arte y los jardines de Lutsgarten.
6 Alexanderplatz. Su Torre de la Televisión sobresale en el perfil berlinés.

Mapa: BLAUSET

27 de junio de 2014

Berlín es siempre una fiesta, pero mucho más en estos días. Son la cuenta atrás de una fecha a celebrar pródigamente: el 9 de noviembre. Ese día, hace 25 años, cayó el muro de la vergüenza, la tapia que dividía Berlín en dos partes. Fue levantado la noche del sábado 12 al domingo 13 de agosto de 1961, por 8.000 guardias de la República Democrática Alemana (RDA). Era el símbolo, hecho hormigón, de la división del mundo en dos bloques. Hasta la noche del 9 de noviembre de 1989. La caída se convirtió a partir del día siguiente en una demolición popular y festiva.

Ahora la ciudad, lejos de borrar la memoria del Muro, la ha transfigurado en algo positivo, en una lección, en un reto que ha sido motor de la mayor transformación arquitectónica y urbanística de Berlín. Más aún: es el principal activo turístico de la capital alemana, y eso que es una de las más ricas en reclamos artísticos.

¿Cómo es Berlín veinticinco años después? Lo que los ojos contemplan ha cambiado mucho, muchísimo. Lo que aprecia el corazón, todavía más. Berlín es hoy una ciudad alegre y confiada, donde se respiran valores como la concordia, la diversidad (de ideas, de naciones, de maneras de vivir) y la tolerancia, sin que por ello esté ausente el contraste: en la misma acera te puedes topar con lo más lujoso y lo más alternativo o bohemio.

En cualquier plano de la ciudad que se despliegue se ve una gruesa línea roja que marca por dónde iba el Muro. Si se mira al suelo, se verá esa línea materializada en una doble hilera de adoquines, con placas ocasionales que indican su significado. El punto más llamativo tal vez sea la Potsdamer Platz, la plaza prusiana donde se había instalado el primer semáforo de Europa y que quedó totalmente arrasada. A la caída del Muro, todo aquello eran eriales y desmontes, una cicatriz yerma que enseguida se llenó de grúas. Los mejores arquitectos del mundo fueron convocados en tropel. Ahora el paisaje de cristal que allí se alza parece sacado de un relato futurista. Es el kilómetro cero de la renovación. El lugar de moda. Donde se puede subir con el ascensor más rápido del mundo hasta el Panoramapunkt, un café desde el cual se contempla una panorámica de 360º.

A pocos minutos queda la Friedrichstrasse y el punto en que el muro seccionaba esa calle, el Checkpoint Charlie, uno de los pasos fronterizos más célebres gracias a las películas sobre espías y a la guerra fría. Los intentos por saltar aquella barrera de casi
50 kilómetros hicieron que se fueran perfeccionando las argucias para burlarlo mediante túneles, alcantarillas o la línea de metro. El punto más fatídico –unas 300 personas murieron en el intento– fue precisamente este paso de la Friedrichstrasse. Tan siniestro lugar es hoy una verbena, o algo parecido. Los turistas se hacen fotos con un par de gendarmes, una garita y unos sacos terreros.
Junto al edificio principal, un museo privado que es más bien un espacio de reflexión, hay una exposición abierta en un solar, un Panorama (pintura en 360º) con la vida en tiempos del Muro, un local sobre la Stasi (la policía política) y un museo y un centro de alquiler de trabis, los utilitarios de la clase proletaria en la RDA.

Los circuitos turísticos en trabis son ahora parte del paisaje urbano. Una de sus rutas lleva hasta el «barrio gubernamental», que es casi una metáfora de la transparencia, por la abrumadora presencia del cristal. La forma más aconsejable de pasar revista a los diversos edificios es hacerlo en barco, por la curva del Spree. Este barrio oficial ha crecido entre la Hauptbahnhof (Estación Central) y el Reichstag, el edificio del Bundestag o Parlamento, convertido en símbolo por su destrucción a manos de los nazis y por su resurrección, con cúpula de Norman Foster, en 1999.

Pero el icono berlinés por excelencia es la neoclásica Puerta de Brandemburgo. Es el ombligo de Berlín, el rompeolas de marchas de protesta o acampadas reivindicativas. También es el escenario de celebraciones. Allí se festeja la llegada del Año Nuevo, la Love Parade (invención berlinesa) y otras congregaciones que anegan las praderas salvajes del Tiergarten, hasta la Siegessäule, o columna de la Victoria. Allí precisamente tendrá lugar el próximo 9 de noviembre la fiesta más memorable de la conmemoración del 25 aniversario de la caída del Muro.

A partir de la Puerta discurre la avenida más elegante de la era imperial, Unter den Linden. A un lado y otro se ordenan edificios como la Ópera Cómica, la Biblioteca Nacional, la Universidad, la Catedral católica, la Neue Wache (puesto de guardia) del arquitecto imperial Schinkel y el Museo de Historia hasta desembocar en los céspedes y fuentes del Lustgarten: unos jardines ideales para tumbarse a leer o tomarse una pausa en el paseo. Este parque es el «salón» del más denso concentrado artístico y monumental de Berlín: allí se alza la pomposa Catedral protestante y arranca la llamada Isla de los Museos. Rodeada por el río Spree y un canal, en esta última se agolpan tesoros antiguos y modernos, repartidos en cinco grandes museos. El proyecto de la Isla de los Museos es una empresa faraónica que empezó en 1999 y que acabará en 2025.

Enfrente del Lustgarten se ve un octógono de cristal llamado Humboldt Box, un espacio donde se explica la reconstrucción del barroco Palacio Nacional, que había sido derribado en la era comunista. Al fondo despunta la Torre de la Televisión de Alexanderplatz, la plaza-símbolo del Berlín comunista, novelada por Alfred Döblin (1928) y protagonista de una serie televisiva y película en los años 1980.

Todo ha cambiado ahora: la cúspide de la torre es un mirador y en la plaza funciona un centro comercial de lo más consumista. A un paso de allí se halla el tramo de muro más largo: la East Side Gallery, un friso de pinturas reivindicativas realizadas cuando cayó el Muro. Berlín encontró su libertad, y no hay ya quien pare su voz.

MÁS INFORMACIÓN

Cómo llegar y moverse: Existen numerosos vuelos directos a Berlín desde ciudades españolas. La capital alemana tiene dos aeropuertos: Tegel y Schönefeld, a 8 y 24 kilómetros del centro, respectivamente. Ambos disponen de un servicio de autobuses hasta el centro. La tarjeta Berlin Welcome Card ofrece uso ilimitado de los medios de transporte público y hasta un 50% de descuento en más de 200 atracciones.

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