Ayer y hoy: la Plaza del Duomo de Milán

En el siglo XIX se replanteó el diseño de la plaza para darle un aspecto acorde con su condición de centro neurálgico de la ciudad

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GettyImages-578338498. La plaza en 1865

La plaza en 1865

Comenzaba la remodelación de la Plaza del Duomo y Milán se consolidaba como capital cultural y económica de Italia tras la reunificación del país. La piazza, corazón de la ciudad desde el siglo XIV, vivía un trasiego enorme, con peones demoliendo edificios aledaños a la Catedral y erigiendo los Palacios de los Pórticos y la Galleria Vittorio Emanuele II (1877), un pasadizo comercial entre el Duomo y el teatro de La Scala realizado en hierro y cristal. Con los primeros tranvías eléctricos (1893) la plaza se convirtió en el nuevo eje viario del que partían las vías principales. La euforia enlazó los siglos XIX y XX, pero se truncó con las dos guerras mundiales, especialmente con los bombardeos de 1943 que devastaron el centro.

Foto: Getty Images

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X8X-1601045. La plaza en 2016

La plaza en 2016

El fin de la segunda contienda dejó enormes vacíos en el corazón de Milán. Como un ave fénix, la ciudad resurgió de sus cenizas y creó una plaza inmensa (17.000 m2). Hoy, en este espacio conviven iglesias, museos, tiendas y cafés donde los milaneses se citan para el aperitivo. En el centro se alza la imponente catedral –la tercera más grande del mundo tras las de San Pedro y Sevilla– que,como un testigo mudo, lleva siglos presenciando la vida de la capital lombarda; el templo se inició en 1386 y fue concluido por Napoleón en 1805. El interior es magnífico, pero aún impresiona más recorrer el Paseo de los Tejados del Duomo donde, entre pináculos, se admira la plaza completa y se distingue el trazado radial que surge de ella. 

Foto: Age Fotostock

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El tejado del Duomo

Los tejados del Duomo son otro de sus mayores atractivos y se encuentran abiertos al público. Desde lo alto de la Catedral se puede contemplar una gran panorámica de la ciudad y de la plaza. Las 135 agujas que rematan la construcción están decoradas con estatuas y rodean a la más alta de ellas, la aguja mayor, en cuyo punto más elevado se halla La Madonnina.

Foto: Gtres

17 de febrero de 2017

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Este gran espacio de la capital lombarda ha vivido momentos estelares de la historia europea de los siglos XIX y XX. La Catedral es un perfecto mirador para contemplar sus dimensiones y la vida a su alrededor.

El aspecto que ofrece en la actualidad se debe principalmente al arquitecto Giuseppe Mengoni, quien se encargó del proyecto a partir de 1865.

Afortunadamente, el Duomo se salvó de la destrucción de los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial y sigue reinando en la plaza. En los seis siglos durante los que se alargó su construcción –desde 1386 hasta 1887–, el proyecto pasó por las manos de varios arquitectos, que fueron dejando su huella en el edificio.
Construida en mármol, la Catedral de Milán combina el estilo gótico tardío y renacentista. El mayor impacto a primera vista lo produce su fachada principal, donde la gran cantidad de detalles deja abrumado al visitante. Está construida sobre una planta de cruz latina y tiene cinco naves, cuatro laterales y una principal.
El interior queda iluminado por la entrada de luz que permiten los rosetones policromados, que contribuyen a crear un ambiente espiritual.

En la parte izquierda de la plaza porticada se halla el arco que sirve como puerta de entrada a la Galería Vittorio Emanuele II, pero además se pueden admirar otros monumentos como el Palacio Real, el Palacio Carminati y el monumento al rey Vittorio Emanuele II.