Ruta por el archipiélago de las Azores

El oasis volcánico del Atlántico

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JORGE FETEIRA. São Miguel

São Miguel

El área volcánica de Sete Cidades alberga un paisaje representativo de las Azores: un campo de cráteres ocupados por lagos y con los bordes tapizados de verde.

FOTO: JORGE FETEIRA

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POR0624AW. Iglesia de Faial da Terra, en la isla de São Miguel

Iglesia de Faial da Terra, en la isla de São Miguel

Localizada en Faial da Terra, esta iglesia sigue la típica arquitectura y diseño de los edificios religiosos de las Azores. Fachadas blancas y ornamentación. 

FOTO: AWL IMAGES

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POR0523AW. Puerto de Ponta Delgada

Puerto de Ponta Delgada

Ponta Delgada es la capital del archipiélago de las Azores. EL lugar donde se concentran el mayor número de comercio y de ocio de las islas. Su casco antiguo, pavimentado con aceras negras y blancas, nos llevan hasta el puerto, una de las zonas más vivas de la ciudad. 

FOTO: AWL IMAGES

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La Praia Formosa, en la isla de Santa Maria

Es una de las playas más populares del archipiélago. En Formosa el verde de su funde con el ocre de la tierra, el dorado de su arena y con el turquesa del mar. 

FOTO: AWL IMAGES

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POR0623AW. São Miguel

São Miguel

La ruta a través de la mayor isla del archipiélago descubre desde lagunas volcánicas y bosques tropicales hasta acantilados oceánicos.

FOTO: MAURICIO ABREU / AWL IMAGES

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SPL-C014-1785. Vida submarina

Vida submarina

Las aguas de las Azores son el hábitat de hasta 24 tipos de cetáceos. El delfín mular y la ballena calderón son los más fáciles de avistar.

FOTO: CHRISTOPHER SWANNSPL / AGE FOTOSTOCK

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Pico

El puerto de Lajes fue, entre los siglos XVIII y XX, un punto de referencia para los buques balleneros.

FOTO: AGE FOTOSTOCK

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PNS-2316613. Pico

Pico

Con 2.351 metros, el volcán de esta isla es la montaña más alta de Portugal. Subir hasta la cumbre requiere cuatro horas. El otro aliciente de la isla son sus vinos. 

FOTO: PHOTONONSTOP

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463057. Impérios

Impérios

En todas las islas se ven estas capillas dedicadas al Espíritu Santo. Las hay que están decoradas con ventanales góticos o lobulados y pintadas de colores vivos.

FOTO: GÜNTER GRÄFENHAIN / FOTOTECA 9 X 12

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POR0695AW. Isla de flores

Isla de flores

La Fajã Grande es una inmensa pared cubierta de vegetación y cascadas. El Poço da Alagoinha es una de las lagunas que hay en su base.

FOTO: MAURICIO ABREU / AWL IMAGES

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mapa azores. Las Azores más recomendables

Las Azores más recomendables

1 São Miguel. Es la puerta de entrada al archipiélago. Entre sus atractivos naturales destacan las lagunas de Sete Cidades y el parque botánico de Furnas.
3 Pico. Un volcán domina esta isla de sabrosos vinos y tradición ballenera. Es un buen lugar para avistar cetáceos.
2 Faial. Sus grandes alicientes son el puerto de Horta y las excursiones hasta miradores y en torno a volcanes.
4 São Jorge. Famosa por sus quesos y por los cetáceos que nadan en sus aguas.
5 Flores. Tiene atractivas excursiones junto acantilados y alrededor de lagos.

Mapa: BLAUSET

El oasis volcánico del Atlántico

La persona que mejor ha definido la idiosincrasia de Azores ha sido uno de sus hijos, Vitorino Nemésio, gran poeta y novelista del siglo XX portugués. Los rasgos de estas islas atlánticas y sus gentes aparecen magníficamente descritos en sus libros Mau Tempo no Canal (1944) y Corsário das Ilhas (1956): el aislamiento en medio del océano; las coladas de lava y los conos volcánicos, vencidos u ofreciendo una generosa tregua; esa humedad permanente que estimula el gigantismo de hortensias, gladiolos y helechos arborescentes; la devoción al Espíritu Santo a través de un sinfín de capillas o impérios; el perfecto ensamblaje entre el mundo ganadero y marinero; la estampa de una Arcadia feliz en la que las vacas pacen todo el año…

Lo asombroso de las Azores es que se encuentren tan cerca –forman parte de Portugal desde el siglo XV– y a la vez tan lejos del continente, pues no se han convertido en un destino mayoritario como ha ocurrido con la otra isla portuguesa, Madeira. Aquí no hay grandes playas –la isla de Santa Maria tiene las más largas–, ni tampoco hace sol cada día, pese al famoso anticiclón, por lo que se ha desarrollado un potente turismo de naturaleza que promueve el senderismo a través de bosques de laurisilva, subiendo hasta cráteres o costeando un litoral modelado por la actividad volcánica. En el mismo sentido se sitúa el avistamiento de cetáceos, el aprovechamiento termal y la gastronomía tradicional, con platos como el cocido con batata doce e inhame, que tarda seis horas en hacerse, al calor del volcán, bajo tierra.

Volcanes de São Miguel

São Miguel es la principal puerta de acceso a este mundo. Se trata de la isla mayor, también la más poblada y la única que posee una ciudad con mayúsculas, pues Ponta Delgada ronda los 70.000 habitantes y goza de cierta vida nocturna en su avenida Marginal. En la capital isleña, además de familiarizarse con la producción de té, tabaco, azúcar de caña, piña, maracuyá, quesos y vinos verdelhos, el viajero encuentra parques botánicos y el museo Carlos Machado, de arte y ciencias naturales.

En el centro de la isla se halla la misteriosa y salvajelagoade Fogo

A poco que uno se aparte de Ponta Delgada penetrará en un terreno ondulado, cubierto por pastizales y bosques repoblados con eucaliptos y cedros japoneses, especies que han reducido la primigenia laurisilva, una planta prehistórica aún presente en Madeira y las Canarias. La divisa de São Miguel son, sin embargo, las grandes calderas volcánicas, tapizadas por mantos de flores y ocupadas por lagunas. Sete Cidades, al oeste, es el más bonito de esos espacios, con sus lagunas (lagoas) Azul y Verde escoltadas por otras menores, como las de Santiago y Rasa, y el mirador de Vista do Rei. Antes de subir a él, es habitual preguntar primero si la niebla no lo oculta todo, como suele ser habitual.

Sete Cidades no es el único enclave lacustre de São Miguel. En el centro de la isla se halla la misteriosa y salvaje lagoa de Fogo, que se puede circunvalar por una senda. Al este y con actividad volcánica presente en numerosas fumarolas, se encuentra la laguna de Furnas, cuya mejor visión se obtiene desde el panorámico mirador del Pico do Ferro. Cerca de ahí, el Parque Botánico Terra Nostra en Furnas muestra la riqueza vegetal del archipiélago e incluye una laguna termal pública de intenso color rojizo. Este recinto debe su existencia al cónsul estadounidense Thomas Hickling, que tenía su quinta en este cálido y húmedo lugar en el siglo XIX, y se le ocurrió plantar algunas secuoyas y araucarias junto a la laguna.

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Vinos del Atlántico

La singladura continúa hacia el grupo de islas central. La que más atrae la atención es Pico, cuyo perfil está dominado por un volcán que se eleva 2.351 metros sobre el mar como un coloso. El paisaje vinícola que lo rodea fue declarado Patrimonio Mundial en 2004. Su principal característica son los muretes de piedra negra volcánica, construidos para proteger las cepas del viento y que van trazando retículas, líneas de fuga que acaban convergiendo en el volcán. En el Museu do Vinho (Madalena) es posible adquirir los caldos y aguardientes producidos en la isla, que son los mejores del archipiélago. Los pueblos de Lajes y São Roque albergan otros dos museos, pero centrados en la tradición ballenera de las Azores. Por fortuna, ahora la caza de cetáceos es solo fotográfica a bordo de embarcaciones que realizan salidas de avistamiento a diario.

Las islas se sitúan sobre la falla que separa las placas tectónicas de tres continentes

El estrecho de São Jorge es uno de los lugares que concentran más ballenas y delfines, de ahí la rivalidad que durante siglos existió entre los balleneros de una y otra isla. São Jorge es una larga cordillera volcánica de 54 kilómetros con numerosas posibilidades senderistas, pueblos de arquitectura tradicional y una artesanía textil única en Azores.


Se puede llegar a Faial en media hora de travesía por mar si se toma el vapor o en la mitad de tiempo si se va en el expreso. En su cosmopolita capital, Horta, aún son visibles los estragos causados por el terremoto de 1998, pues las islas se sitúan sobre la falla que separa las placas tectónicas de tres continentes. Todo viajero confluye en el Café de Peter, lugar mítico entre los navegantes que cruzan el Atlántico. Banderolas, cartas náuticas, testimonios de la antigua pujanza ballenera, una colección de scrimshaw (dientes de cachalote decorados con miniaturas) y muchas horas de conversación, en todas las lenguas, relatando tempestades y encuentros con cetáceos, son su santo y seña.


En el extremo occidental, Flores y Corvo se presentan como el perfecto reducto para los amantes de la naturaleza. Corvo es una isla volcán, mientras que Flores es un compendio del paisaje azoriano con bosques de laurisilva, volcanes, lagunas, acantilados, calas, islotes, promontorios, cascadas y las características fajãs, terrenos llanos situados junto al mar.

Un anfiteatro tropical

Llegar hasta este rincón del archipiélago tiene su recompensa visual y sensorial en las Sete Lagoas, una sucesión escalonada de estanques que se van enlazando como las cuentas de un rosario; y en la Fajã Grande, enmarcada por un verde anfiteatro por el que se desploman torrentes que se remansan en lagos como el Poço da Alagoinha. La mejor despedida en el extremo oeste de Europa la regala la Ponta dos Fanáis; desde el santuario del islote de Monchique se contempla una de las mejores puestas de sol del planeta.

PARA SABER MÁS

Documentos: DNI o bien pasaporte.
Idioma: portugués.
Moneda: euro.
Diferencia horaria: 2 horas menos que en España.

Cómo llegar: El aeropuerto de Ponta Delgada, en São Miguel, tiene conexión diaria con Lisboa, lugar de escala para los vuelos desde España.

Cómo moverse: Aviones y transbordadores conectan las islas. Existen abonos para viajar por el archipiélago durante un periodo de tiempo concreto. Para recorrer las islas lo más cómodo es alquilar un coche o una moto. También hay autobuses y taxis (el precio se pacta por adelantado).

Alojamiento: El archipiélago dispone de una buena oferta hotelera. La mayoría son establecimientos de pocas habitaciones. Destacan las casas de turismo rural y los apartamentos de alquiler.

Actividades: Senderismo en el área de Sete Cidades (S. Miguel). Avistamiento de cetáceos y submarinismo en casi todas las islas. Rutas del vino en Pico. Turismo termal en Furnas (S. Miguel) y en Isla Graciosa. Rutas ciclistas señalizadas en S. Miguel. Museos: destacan el ballenero de Pico y el del Scrimshau (dientes de cachalote grabados), en Faial.