Apulia, el tesoro italiano

Esta región del sur de Italia sorprende con calas cristalinas y pueblos llenos de obras de arte

1 / 9

1 / 9

SIM-415523. Calas del Adriático

Calas del Adriático

En el pueblo de Torre Sant’Andrea, cerca de Lecce, el mar ha excavado túneles y puentes naturales en las peñas blancas de la costa.

ALESSANDRO SAFFO / FOTOTECA 9 X 12

2 / 9

AWL ITA1607. Bari

Bari

El castillo medieval se erige en una punta del puerto, ocupado por barcas de pesca y de recreo.

KEN SCICLUNA / AWL-IMAGES

3 / 9

PDU-2168478. Trani

Trani

Las dimensiones y calidad constructiva de su catedral románica (siglo XII) demuestran que los puertos de la Apulia fueron enclaves estratégicos para los distintos imperios mediterráneos.

MAREMAGNUM / AGE FOTOSTOCK

4 / 9

77745165. Alberobello

Alberobello

Los trullos, casas de tejado cónico de piedra y muros encalados, ocupan el centro de esta localidad del valle de Itria.

RICCARDO SPILA / FOTOTECA 9 X 12

5 / 9

77745188. Alberobello

Alberobello

Alberobello reúne el mayor conjunto de trullos, las casas de tejado cónico características del valle de itria

RICCARDO SPILA / FOTOTECA 9 X 12

6 / 9

77775791. Escapadas de un día

Escapadas de un día

Las cuevas de Castellana y su museo.

MASSIMO RIPANI / FOTOTECA 9 X 12

7 / 9

SIM-407966. Taranto

Taranto

Marina de Leporano es uno de los pueblos marineros que rodean el municipio de Taranto, en el sudoeste.

MASSIMO RIPANI / FOTOTECA 9 X 12

8 / 9

SIM-415166. Santa Maria al Bagno

Santa Maria al Bagno

Es uno de los pueblos de la zona de Lecce con más alicientes: la fortaleza medieval de Quattro Colonne (en la imagen), los palacios del núcleo antiguo y las playas.

ALESSANDRO SAFFO/ FOTOTECA 9 X 12

9 / 9

VN 181 APULIA-3. Un viaje entre dos mares

Un viaje entre dos mares

1 Bari. El puerto y el casco viejo albergan palacios, iglesias y castillos.
2 Trani. Sorprende con la catedral románica y la sinagoga de Scuolanuova.
3 Polignano a Mare. Esta curiosa población es una escapada desde Bari.
4 Alberobello. Los trullos, unas casas de techo cónico, son la nota más singular de este pueblo del valle de Itria.
5 Taranto. Visita ineludible por sus ruinas griegas, su museo arqueológico y su castillo medieval. Cerca se halla la playa de Marina de Leporano.
6 Lecce. Se la conoce como la Florencia del sur por su conjunto barroco. La vecina Santa Maria al Bagno posee una de las playas más bonitas.

Mapa: BLAUSET

22 de abril de 2015

Situada en el tacón de la bota, entre el mar Adriático y el Jónico, la Apulia es una de las regiones más fascinantes del Mezzogiorno, la zona sur de Italia. Además de un extenso litoral y suaves paisajes de olivares, trigales y viñedos, posee un patrimonio artístico y arquitectónico extraordinario. Castillos normandos, suabos y españoles, catedrales románicas de influencia bizantina, palacios e iglesias de un barroco único y peculiares viviendas campesinas dan cuenta del paso constante de culturas y civilizaciones.

Iniciamos el recorrido en Bari, un codiciado enclave desde tiempos de la Magna Grecia, liberado del asedio sarraceno del año 1002 por la flota veneciana y puerto cruzado en los siglos siguientes. Barivecchia, su casco antiguo, es un abigarrado núcleo que contrasta con las amplias avenidas del Quartiere Murattiano, construido en época napoléonica. Las calles se agrupan en torno a dos templos: la basílica románica de San Nicola, santo al que desde hace 927 años se le dedica una procesión marítima, y la catedral de San Sabino, también románica y poseedora de pergaminos bizantinos. El Gran Porto está presidido por el Castello, mandado edificar en 1233 por el emperador del Sacro Imperio Federico II de Suabia sobre una fortaleza normanda. A quince minutos a pie, las playas de Torre Queta y de Pane e Pomodoro invitan a darse el primer baño en aguas del Adriático y a saborear después el gratén de Bari, un plato de raíces españolas compuesto de arroz, patatas y mejillones. Por la tarde, el vecino pueblo de Polignano a Mare nos enamorará con sus vestigios romanos y sus cuevas marinas.

La medieval Trani, 54 kilómetros al sur, es otra de las poblaciones históricas de esta costa. Lo primero que llama la atención es su blanca catedral románica, culminada en 1143 y cuyas puertas de bronce son obra de Barisano di Trani, artífice asimismo de las de la siciliana Monreale. Muy cerca se alza el castillo de Federico II, prisión entre 1800 y 1974 y ahora sede de conciertos y exposiciones. Si uno se pierde por sus calles descubrirá la sinagoga de Scuolanova, una de las cuatro que había en el barrio judío de Trani en el siglo XII, transformada en iglesia en el xiv y devuelta a su culto original en 2006.

Polignano a Mare nos enamorará con sus vestigios romanos y sus cuevas marinas

La también costera Barletta abunda en palacios barrocos de espléndidas balconadas, conventos e iglesias románicas, como la del Santo Sepolcro, junto a la que se alza la estatua romana del Coloso, de casi cinco metros de altura y rasgos hercúleos. Barletta también posee un castillo de Federico II, uno de los 200 que erigió a su regreso de Tierra Santa este emperador, soberano de Sicilia y Jerusalén y conocido por el apodo de «Stupor Mundi».

El coloso de todas estas fortalezas no es otro que el Castel del Monte, a 32 kilómetros por la SS130 en dirección a la ciudad de Andria. Declarada Patrimonio de la Humanidad, esta octogonal obra maestra, aupada sobre una colina, está presidida por el número que simboliza el infinito: ocho son sus torres y ocho las estancias de cada una de sus dos plantas, con capiteles y columnas esculpidas.

Igual de hechizantes resultan los trullos (trulli, en italiano) del valle de Itria, cuyo origen dicen algunos investigadores que es prehistórico. Estas pequeñas casas encaladas, de piedras ensambladas sin mortero y tejados cónicos de cuento de hadas se encuentran diseminadas por una docena de poblaciones. A Alberobello se la considera la capital del valle por conservar un núcleo entero de trullos. Frescas en verano y acogedoras en invierno, muchas de estas construcciones son ahora alojamientos turísticos encantadores.

El valle de Itria está trufado de poblaciones bellísimas, como Locorotondo, de blancas y estrechas casas rectangulares (cumerse), o Martina Franca, con su Palacio Ducal del XVII, una basílica de fachada barroca y una excelente producción de vino, aceite, queso y pan. La zona cuenta, además, con dos espacios naturales sorprendentes: el Bosque delle Pianelle, uno de los pocos que se salvaron de las talas de la Segunda Guerra Mundial, y las cuevas de Castellana, con más de tres kilómetros de galerías repletas de estalactitas y estalagmitas.

77745188

Siguiendo la ruta hacia la punta del talón, a una media hora aparece Taranto, que da nombre a un golfo bordeado de pueblos marineros. Según la leyenda, la población fue fundada el año 706 a. C. por Taras, un héroe que vio a un delfín surgir de las aguas. Residencia de eminentes pitagóricos, conserva dos columnas dóricas de ocho metros del templo de Poseidón, uno de los más antiguos de las colonias griegas. Posee un sabroso casco antiguo, un magnífico museo Arqueológico y el Castelo Aragonese que mandó erigir Fernando el Católico. Los amantes del cine tienen muy cerca el pueblo de Castellaneta, cuna de Rodolfo Valentino (1895-1926) y sede ahora de un museo en su memoria.

La intacta localidad de Galantina, un centenar de kilómetros al sur, reclama una larga parada para contemplar su bellísimo Castillo Ducal y sus innumerables palacios barrocos, entre los que destacan el Scrimeri, el Sanlorenzo-Bardoscia y el Concerto. En este pueblo el conde Raimondello ordenó levantar a su vuelta de las Cruzadas la iglesia de Santa Caterina, que muestra espléndidos frescos de Francesco d’Arezzo. Aquí surgió la danza medieval de la tarantella, que se baila cada 29 de junio ante las imágenes de san Pietro y san Paolo, y que ha seducido a grandes compositores. Según creencias ancestrales, los mordidos por tarántulas eliminarían su veneno moviéndose espasmódicamente al son de la música...

Lecce, en el centro de la península salentina, enamora más que ninguna otra città pugliese gracias a su singular barroco, esculpido sobre una maleable piedra calcárea. El máximo ejemplo es la basílica de la Santa Crocce, cuyos ángeles, rosetones y cariátides son una ilusión óptica de espumoso encaje. El centro histórico, al que se accede por grandes puertas, está resguardado entre restos de murallas entreverados de jardines, junto al castillo que el emperador Carlos V levantó contra los otomanos. Conocida como la «Florencia del sur», Lecce agrupa estilos de las distintas culturas que se han entremezclado allí.

Sentarse en una terraza cualquiera a saborear las pequeñas orecchiette (pasta con forma de pequeñas orejas) o las originales cicere e tria (cintas con garbanzos) es un final de viaje inmejorable. Aunque, quien prefiera las vistas al mar, puede dirigirse algo más al sur y relajarse en la playa de Santa Maria al Bagno, un pequeño núcleo que fue un destacado puerto y centro balneario en la época romana.

MÁS INFORMACIÓN

Cómo llegar y moverse: Los aeropuertos de Bari y Brindisi reciben la mayoría de vuelos a la Apulia. Desde España se debe hacer escala en Roma. Otra opción es volar a Nápoles, a 220 km, y alquilar allí un coche con el que recorrer la región. Aunque existe una red de autobuses y tren, la mejor manera de conocer la zona es en coche.

Dónde dormir: Entre la variedad de alojamiento, destacan los trullos de alquiler, las curiosas casas de techo cónico.