Amberes mira al futuro

Un paseo por la más dinámica de las ciudades artísticas de Flandes

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COE-42-15403575. Grote Markt

Grote Markt

La estatua del centurión Brabo domina la plaza Mayor de Amberes. Al fondo, las casas de los gremios que florecieron con el comercio del siglo XVI.

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ZI1-1890406. La Estación Central de Amberes (1895-1905) destaca por su cúpula de vidrio y hierro

La Estación Central de Amberes (1895-1905) destaca por su cúpula de vidrio y hierro

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8534684 l. El Museo Plantin-Moretus, dedicado a la imprenta, ocupa un palacete del xvi

El Museo Plantin-Moretus, dedicado a la imprenta, ocupa un palacete del xvi

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RHA-733-4576. La catedral gótica más grande de Bélgica está coronada por una torre de 123 metros, visible desde muchos puntos de la ciudad

La catedral gótica más grande de Bélgica está coronada por una torre de 123 metros, visible desde muchos puntos de la ciudad

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BHYBGN. La Sala Rubens, en el  Museo Real de Bellas Artes

La Sala Rubens, en el Museo Real de Bellas Artes

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SIM-781111. A orillas del Escalda se erige el castillo Steen, hoy sede del Museo de la Marina. Por detrás sobresale la torre de St Paul

A orillas del Escalda se erige el castillo Steen, hoy sede del Museo de la Marina. Por detrás sobresale la torre de St Paul

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VN-ESC Amberes-4. Cuatro visitas imprescindibles

Cuatro visitas imprescindibles

1 Barrio de los Diamantes. Alrededor de la estación de trenes se abre esta zona repleta de tiendas y talleres.  
2 Grote Markt. Las casas gremiales, el Ayuntamiento y la Catedral son el telón de fondo de la plaza Mayor de Amberes.
3 Catedral. Una de las más importantes iglesias góticas de Europa y la mayor de Bélgica, destaca por su torre de 123 m.
4 MAS. Abierto en 2011, contiene salas dedicadas a etnografía, folclore y una colección privada de arte precolombino.

Mapa: BLAUSET

Un paseo por la más dinámica de las ciudades artísticas de Flandes

En los siglos XV y XVI, Amberes era un fluir constante de artistas, ideas y mercancías que recalaban en su próspero puerto e iban definiendo su carácter abierto. Era la meca artística de Rubens, el lugar donde Napoleón meditaba cómo abordar Gran Bretaña y la gran urbe medieval en la que los judíos hacían prosperar la industria del diamante. Amberes fue todo eso y, hoy, sigue manteniendo sus sentidos despiertos.

Desde la Estación Central, edificada a finales del siglo XIX, se puede tomar el pulso a las calles, tiendas y talleres del barrio de los Diamantes, que se extiende por el este como un universo en sí mismo. La avenida Meir, una de las vías comerciales más potentes, conecta esta parte de Amberes con el centro medieval. El paseo dura apenas quince minutos y muestra algunas de las sorpresas más deliciosas de esta ciudad flamenca.

La primera es el Palacio Real o Mier, de estilo rococó y recientemente restaurado. Fue propiedad de Napoleón y residencia de paso de distintos monarcas; hoy alberga en sus cocinas el taller de uno de los maestros chocolateros belgas, Dominique Persoone (Brujas, 1968), cuyas creaciones seducen por sus formas y sabores. Muy cerca, en la plaza Waper, la Casa-Museo de Rubens (1577-1640) acerca a la obra y figura de este pintor que dejó su legado por toda la ciudad.

El Amberes medieval también guarda sorpresas arquitectónicas como la Grote Markt (plaza Mayor). Reúne el Ayuntamiento renacentista, casas gremiales como la Vleeshuis (de los carniceros), la imponente catedral gótica y, en el centro de la plaza, la fuente de su fundador, el centurión Silvio Brabo, a punto de lanzar la mano del gigante Antígono en un gesto que dio nombre a la ciudad: antwerpen significa en flamenco «lanzar la mano».

En la catedral de Nuestra Señora (XIII-XV) la luz se filtra por los vitrales e ilumina el interior, donde se descubren retablos encargados por los antiguos gremios a los mejores artistas flamencos de los siglos XVI al XVIII; tres obras de Rubens brillan con luz propia en este escenario majestuoso. El artista también supervisó la decoración barroca de la cercana iglesia de San Carlos Borromeo, mientras que en la iglesia de Santiago se puede visitar su sepultura; encima de ésta y por petición del artista, cuelga la pintura Nuestra Señora rodeada de santos. Abrazando la catedral se abre un laberinto de animadas callejuelas. Destaca por su encanto la de los antiguos zapateros, Vlaaikengsgang, donde se esconden acogedores restaurantes. En otras, en cambio, son los escaparates de las chocolaterías los que tientan a cada paso con sus propuestas delicadamente expuestas, como si de obras de orfebrería se tratase.

A Amberes también se la conoce como la «ciudad de la moda» desde que en la década de 1980 un grupo de seis diseñadores se unieran para revolucionar este sector con propuestas vanguardistas. El trabajo de los llamados «Seis de Amberes» se puede contemplar en el MoMu (Museo de la Moda) y también en las tiendas a la última que se prodigan a su alrededor.

Muy cerca está el Museo Plantin-Moretus que muestra cómo ya en el siglo XVI la ciudad y sus habitantes iban a la cabeza en tecnología y arte. Fue entonces cuando los editores Jan Moretus y Christoffel Plantin imprimieron por encargo de Felipe II la Biblia en cinco idiomas. Desde 1877, los talleres con la maquinaria original y salas con valiosos ejemplares se exhiben en esta residencia-museo declarada Patrimonio de la Humanidad.

Si la visita cae en viernes, merece la pena acudir al mercadillo de anticuarios que se instala en la cercana plazoleta Vrijdag; si no, se puede ir hasta la plaza Jansvliet, junto al río Escalda, siempre animada con tenderetes. El río de Amberes no se puede cruzar por puentes, sino por túneles. El de Santa Ana es un prodigio de ingeniería, con algo más de 30 metros de profundidad y medio kilómetro de longitud; aún conserva sus viejas escaleras mecánicas de madera.

Por la calle Kloosterstraat, también flanqueada por tiendas de anticuarios y acogedores restaurantes, se llega al barrio Zuid, uno de los más dinámicos de la ciudad. En una superficie reducida reúne el Museo de Arte Contemporáneo (MHKA), el de Fotografía (FoMu) y el de Bellas Artes –en restauración–, a los que se suman galerías de arte, restaurantes con cartas innovadoras y bares para gente joven.

En el otro extremo de la ciudad se halla el antiguo puerto, el t’Eijlande, que está renaciendo siguiendo la estela de ciudades como Liverpool, donde se remozaron los tinglados portuarios. La nueva apuesta del barrio es el Red Star Line, un museo que narra el periplo de millones de europeos que se embarcaron con esta naviera rumbo a América, huyendo de los horrores de la guerra. Una visión serena, contada en primera persona, de la inmigración en la Europa de los siglos XIX y XX.
Sin embargo, el rey del t’Eijlande es el MAS (Museum ann de Strom), un enorme edificio rojo y acristalado que exhibe una ecléctica colección de arte y se ha convertido en referente cultural de la ciudad. Merece la pena subir a su terraza panorámica. Desde allí uno se da cuenta de todas las ciudades que hay en Amberes y de la magnificencia del río Escalda.

MÁS INFORMACIÓN

Amberes no tiene aeropuerto internacional. Lo habitual es volar a Bruselas y seguir en tren o autobús hasta Amberes (a 30 min). La oficina de turismo organiza paseos en en bicicleta por el centro. La City Card ofrece descuentos.

Turismo de Flandes

Turismo de Amberes