Alcalá la Real, la última frontera de la Reconquista

La fortaleza de la Mota guarda en sus interiores las historias de batallas entre los musulmanes y cristianos por hacerse con el poder.

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Fortaleza de La Mota. Fortaleza de la Mota

Fortaleza de la Mota

Ocupada por los musulmanes en el año 713, la Mota fue tomada por Alfonso XI en 1341. Este lugar fue la última frontera del reino cristiano antes de la toma de Granada, por lo que se convirtió en un lugar estratégico. 

Foto: Laura Fernández

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Túneles de acceso de Alcalá a Real. Túneles de acceso a la Mota

Túneles de acceso a la Mota

La Mota cuenta con un entramado de túneles por donde acceder a la fortaleza. Antiguamente aquí es donde se encontraban algunos de los pozos de agua. Con la conquista cristiana estos se ampliaron y algunos tramos fueron convertidos en casas-cueva. 

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Vistas de Alcalá la Real desde el castillo

Vistas de Alcalá la Real desde el castillo

Bajo la fortaleza de la Mota está Alcalá la Real, la ciudad que durante años fue la última frontera cristiana. La vida en ella era próspera, había contrabando y trata de esclavos. Por ella pasaron ilustres artistas como Pablo de Rojas, José Ventura y el Arcipreste de Hita, de quién se dice que era oriundo de aquí. 

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Antiguo cementerio

Antiguo cementerio

Tras el deterioro de la iglesia Abacial, sus ruinas fueron utilizadas como cementerio. El último enterramiento tuvo lugar en 1950. Hoy, en sus interiores hay un conjunto de maquetas, planos y audiovisuales que recuerdan cómo era la vida en la frontera. 

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La Mota, Alcalá la Real

La Mota, Alcalá la Real

Los alrededores de Alcalá la Real están rodeados de campos cubiertos de olivares y viñedos. En total, Jaén cuenta con algo más de 60 millones de olivos y es el mayor productor de aceite del mundo. 

Laura Fernández

1 de enero de 2017

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Alcalá la Real tiene poco más de 22.000 habitantes. Es un pueblo pequeño, tranquilo. Rodeado de olivos y viñedos, en él la mayoría de sus locales viven de las cosechas de su tierra. Del aceite, que ha hecho de Jaén uno de los mayores productores de este oro líquido en el mundo; y de la vid, donde en el Lagar de los vinos se puede degustar hasta su especialidad de color azul. En lo alto, en la atalaya que custodia la ciudad se ubica su mayor tesoro: la fortaleza de la Mota. Una monumental edificación ocupada por los musulmanes en el año 713 y que ellos mismos renombraron como Qal`at Astalir y Qal`at Banī Sa`id posteriormente.

La Mota fue un lugar estratégico contra el califato de Córdoba, también en los enfrentamientos entre los almorávides y los reyes de Taifas. Aunque su mayor protagonismo, tal y como hoy en día es recordado en sus interiores, es por haber custodiado la última frontera antes de la conquista de Granada. Antes de la llegada de los cristianos, esta fortaleza estaba ocupada por los musulmanes, quienes contaban con la defensa de sus murallas, túneles subterráneos, torres albarranas y una mezquita. Después de varios periodos en los que estuvo en manos de musulmanes y cristianos alternativamente, en el siglo XIV el rey Alfonso XI sitió la ciudad con el fin de hacerse con el control y continuar la Reconquista de España. Creía que los musulmanes acabarían derrotados por la ausencia del agua, sin embargo, estos contaban con varios pozos situados en el interior de diversas galerías subterráneas.

Los musulmanes no murieron de sed, pero sí de hambre. En 1341, Alfonso XI logró hacerse con el poder de la Mota, siendo esta fortificación la última frontera del reino cristiano. Como lugar fronterizo, Alcalá la Real gozó de gran prosperidad. Era una ciudad rica y peligrosa donde había contrabando, trata de esclavos y productos de diversa índole.

Durante los años posteriores, el rey decidió ampliar los túneles de la Mota. En ellos apenas quedaba agua, por lo que fueron rehabilitados como casas-cueva donde resguardarse y como bodegas para el vino pues, hasta la filoxera, los campos estaban cubiertos de viñedos. Actualmente, estos túneles de 120 metros de longitud y con un desnivel de 4 metros sirven como acceso a la fortaleza para los turistas. Durante el recorrido se puede ver su pozo, uno de los principales de la ciudad cuando la fortaleza estaba custodiada por los musulmanes, y las casas-cueva, donde varias vasijas de arcilla y diferentes útiles marcan los lugares más importantes del túnel.

En 1341, Alfonso XI logró hacerse con la Mota, siendo esta fortificación la última frontera del reino cristiano

En el interior de la fortaleza, la mezquita fue suplantada por iconos cristianos y en ella se levantaron algunos edificios como la Torre de la Cárcel o la iglesia Abacial por orden de Alfonso XI. Tras la conquista de Granada, en 1492, Alcalá la Real fue abandonada y con la llegada del ejército de Napoleón, en 1812, reducida a cenizas. La belleza de su entorno hizo que, años más tarde, la iglesia Abacial fuera utilizada como cementerio municipal, rellenándose el resto de las paredes de nichos. El peligro a que se derrumbase y su continuo deterioro hizo que posteriormente dejase de utilizarse. El último enterramiento tuvo lugar en 1950.

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Hoy, con la iglesia restaurada, se pueden ver las marcas en el suelo y en las paredes que quedan en pie. Un vídeo proyectado en una de ellas explica al visitante el significado del lugar, de las conquistas musulmanas, el poder del reino cristiano y cómo era la vida en Alcalá la Real.

Para terminar de comprender la historia de la comarca es imprescindible adentrarse en el casco urbano del pueblo, descender por la calle Real hasta Carrera de las Mercedes y visitar el museo palacio Abacial. Tampoco está de más pasear por el barrio de las Cruces, adentrarse en la iglesia de la Consolación o contemplar la plaza Arcipreste de Hita, el clérigo cuyo lugar de nacimiento los jiennenses se disputan con Alcalá de Henares.