Escapadas naturales

Cinco grandes iconos que no defraudan

Su majestuosidad, grandeza y legado histórico los convierten en visitas imprescindibles y su visión no deja de fascinar.

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Taj Mahal. Taj Mahal, India

Taj Mahal, India

En la norteña población india de Agra, y junto al río Yamuna se encuentra una de las maravillas del planeta. Una pequeña puerta da paso a un patio interior y tras éste se extienden los jardines lineales al final de los cuales se levanta magnífico el mausoleo de mármol que el emperador mogol dedicó a su difunta esposa Arjumand Banu Begum en el año 1654. Se tardaron veintitrés años en construir esta filigrana arquitectónica, cuyas paredes lucen incrustaciones de piedras preciosas y semipreciosas, coronada por una cúpula nívea y flanqueada por cuatro minaretes.  

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Fontana di Trevi. Fontana di Trevi, Italia

Fontana di Trevi, Italia

Agazapada en un rincón, aparece al girar una esquina con tal magnificencia que uno queda extasiado por sus rotundas formas barrocas y sus colosales dimensiones. Construida en el siglo XVIII en el lugar donde terminaba el acueducto Aqua Virgo que abastecía a la antigua Roma de agua. Se tardaron nada menos que treinta años en construirla y su belleza le ha dado protagonismo en filmes como La Dolce Vita (Federico Fellini, 1960), con la inolvidable escena de Anita Ekberg bailando en la fuente.

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Torre Eiffel

Torre Eiffel

En 1889 se levantó esta gran estructura de hierro que había de ser derruida una vez terminada la Exposición Universal que ese año se celebraba en París.

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Pirámides de Egipto

Pirámides de Egipto

En la meseta de Giza, cercana a la capital egipcia (18 kilómetros), están las tres pirámides principales, Keops, Kefrén y Micerinos.

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Partenón de Atenas

Partenón de Atenas

El templo consagrado a la diosa Atenea fue construido para albergar una grandiosa estatua, obra de Fidias, y se halla en el punto más alto de la Acrópolis ateniense.

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Su majestuosidad, grandeza y legado histórico los convierten en visitas imprescindibles y su visión no deja de fascinar.

Hay monumentos que hemos visto centenares de veces en fotografías, en el cine o programas de televisión y, sin embargo, cuando los contemplamos en su entorno real por primera vez nos causan una impresión inolvidable. Como un redescubrimiento. Éste es el caso de la romana Fontana de Trevi, del Taj Mahal o de las pirámides de Egipto, monumentos tan icónicos que, aunque no por conocidos, resultan menos sorprendentes i fascinantes. 

Taj Mahal. India. En la norteña población india de Agra, y junto al río Yamuna se encuentra una de las maravillas del planeta. Una pequeña puerta da paso a un patio interior y tras éste se extienden los jardines lineales al final de los cuales se levanta magnífico el mausoleo de mármol que el emperador mogol dedicó a su difunta esposa Arjumand Banu Begum en el año 1654. Se tardaron veintitrés años en construir esta filigrana arquitectónica, cuyas paredes lucen incrustaciones de piedras preciosas y semipreciosas, coronada por una cúpula nívea y flanqueada por cuatro minaretes.  

Fontana di Trevi. Agazapada en un rincón, aparece al girar una esquina con tal magnificencia que uno queda extasiado por sus rotundas formas barrocas y sus colosales dimensiones. Construida en el siglo XVIII en el lugar donde terminaba el acueducto Aqua Virgo que abastecía a la antigua Roma de agua. Se tardaron nada menos que treinta años en construirla y su belleza le ha dado protagonismo en filmes como La Dolce Vita (Federico Fellini, 1960), con la inolvidable escena de Anita Ekberg bailando en la fuente.

Pirámides de Giza. Abrumadas por la proximidad de la caótica ciudad de El Cairo, la contemplación de estas grandes construcciones del antiguo Egipto sigue causando estupor por su grandiosidad y admiración por el legado que suponen. Construidas en la Cuarta Dinastía alrededor del 4.450 a.C. en la meseta de Giza, cercana a la capital egipcia (18 kilómetros), se levantan las tres pirámides principales, Keops, Kefrén y Micerinos, además de otras construcciones menores. La más famosa y grande y famosa es la de Keops (Jufú), con 140 metros de altura y 230 metros de base (casi 1 kilómetro de perímetro. 

Partenón de Atenas. La primera hora del día es la más adecuada para acercarse y extasiarse con la contemplación de esta obra contundente y mágica de la Atenas de Pericles (siglo V a. C.). El templo consagrado a la diosa Atenea fue construido para albergar una grandiosa estatua, obra de Fidias, y se halla en  el punto más alto de la Acrópolis ateniense. La subida hasta la cima situada a 156 metros tiene la gran recompensa de contemplar la imponente silueta de este templo de mármol blanco con ocho columnas dóricas en cada fachada y otras 16 en los laterales y un magnífico friso en el que se narran la guerra de Troya y las luchas contra las amazonas y los centauros. 

La Torre Eiffel. Nació para tener una vida efímera y permaneció para convertirse en uno de los iconos de la capital francesa. La gran estructura de hierro ideada por Gustave Eiffel para la Exposición Universal que se celebró en París en 1889, con su altura que alcanza los 300 metros, la rotundidad de su base y la belleza de su aspecto industrial, causa la más absoluta admiración. Sus tres plantas ofrecen distintos atractivos: a la primera recientemente se le ha añadido un suelo de cristal y alberga un bar con una espléndida panorámica sobre París; la segunda es un mirador privilegiado y la tercera, con un  bar encastado en la estructura, es simplemente impresionante.