Noruega

Una carretera con vistas

La carretera del Atlántico situada en la región de los fiordos sigue un trazado imposible sobre islotes pétreos y recorre los más bellos paisajes que se pueda imaginar.

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fn392d. Puente de Storseisundet

Puente de Storseisundet

Su pronunciada curva y sus 23 metros de altura lo convierten en un hito de ingenieria y una pieza de arte. Es uno de los siete puentes que forman la carretera del Atlántico.

Terje Rakke/Nordic Life AS/Fjord Norway

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fn394d. Carretera del Atlántico

Carretera del Atlántico

Conducir a lo largo de sus poco más de ocho kilómetros se convierte en un atractivo viaje con el que se descubren paisajes asombrosos, se avistan focas y se visitan pequeños pueblos de casas de madera.

Terje Rakke/Nordic Life AS/Fjord Norway

6 de agosto de 2013

Son poco más de ocho kilómetros pero la belleza del paisaje, la sensación vertiginosa y la aventura convierten a este tramo de la carretera 64 –que une las poblaciones de Kristiansund y Molde– en una de las grandes atracciones de la costa de los fiordos noruegos. La llamada carretera del Atlántico (Atlanterhavsveien) une y recorre un grupo de islotes y a lo largo de su trazado salva un total de siete puentes. El más famoso de ellos es el de Storseisundet, cuya procunciada curva y su altura de 23 metros sobre el mar lo convierten en una autentica pieza escultórica.

Inicio bajo el mar

El corto pero apasionante recorrido por esta vía de la región de Hustadvika comienza tras atravesar uno de los túneles más profundos del planeta, a 250 metros bajo el mar. El túnel del Atlántico (Atlanterhavstunnelen) tiene una longitud de casi seis kilómetros y une la ciudad de Kristiansund con el islote de Averøy. Una vez ya circulando por la carretera, es posible detenerse en los cuatro miradores que permiten disfrutar del increible entorno formado por el bravo océano, formaciones rocosas y pequeños pueblos de casas de madera. 

El océano como telón de fondo

Una de las paradas obligatorias es la iglesia de madera de Kvernes, que data aproximadamente del 1300 y cuenta con unas magníficas vistas sobre los fiordos Kvernesfjord y Freifjord. El viaje también tiene el aliciente de avistar focas y, con suerte, incluso ballenas. La mayoría de los visitantes suelen recorrer la carretera del Atlántico durante el verano, pero los más intrépidos eligen el otoño cuando el océano enfurecido azota los puentes y las rocas de alrededor creando unas imágenes difícilmente superables por su dramatismo y belleza. 

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