5 ciudades de un solo color

Blancas, azules, rosadas, amarillas, doradas... la fantasía cromática llena las calles y los edificios de estas poblaciones.

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Chefchauen

Chefchauen

Añil intenso, azul cielo y turquesa así son las calles de la medina de esta ciudad de 40.000 habitantes situada en el norte de Marruecos. Fundada en 1471 en el emplazamiento de una pequeña población bereber, conserva como pocas su trazado medieval. Cada año antes del Ramadán sus habitantes encalan las fachadas en una jornada de fiesta que llaman Laouacher, y en la que se utilizan 15 toneladas de pintura blanca y azul para pintar las casas de la medina en una preciosa gama de azules. También tiene el color del cielo la ciudad india de Jodhpur, en Rajastán, que destaca en su desértico entorno. Parece ser que en un principio el azul era utilizado para señalar la casa de los brahmanes, aunque existe una razón más práctica para elegir ese color y es que el azul repele el calor y los mosquitos.

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Oia

Oia

Las casas blancas de esta localidad enclavada en las laderas de la isla de Santorini, en las Cícladas griegas, se recortan en el azul intenso del Egeo. Entre sus fachadas, escaleras y terrados de blanco inmaculado, sorprenden las cúpulas azules que hacen juego con el mar . El tórrido sol del verano mediterráneo hace refulgir el no color de las casas, que brillan bajo sus rayos. El blanco protege sus interiores en penumbra. A Oia se llega fácilmente desde la capital de la isla, Thira, a través de una carretera que obsequia con espectaculares vistas de los paisajes volcánicos que rodean ambas localidades y de la accidentada costa. En España, el banco también pinta la fisonomía de muchos de sus pueblos como los de Cádiz, encalados cada temporada, que se visitan a través de la atractiva Ruta de los Pueblos Blancos.

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Jaipur

Jaipur

La gran ciudad de Rajastán exhibe un buen número de magníficos edificios construidos en piedra arenisca y pintados de rosa. El motivo de esta peculiar estética se remonta a principios del siglo XX, cuando para conmemorar la visita del príncipe de Gales en 1905 se decidió decorar los edificios de la ciudad de color rosa para dar una buena impresión al heredero del trono. Desde entonces, este color se considera un símbolo de la hospitalidad de Jaipur. La ciudad, cuyo origen data del siglo XVIII, alberga edificios tan destacados como el Palacio de los Vientos, el Hawa Mahal, que en realidad es solo una fachada con ventanas detrás de la que las concubinas podían observar el transcurrir diario de la ciudad sin ser vistas; o el observatorio astronómico de Jantar Mantar, uno de los cinco construidos por Jai Singh en el siglo XVIII. Otras ciudades rosadas en el mundo son la francesa Tolouse que adquiere este color a causa de la piedra utilizada en la construcción de sus edificios. Y, cómo no, Petra, en Jordania, la ciudad nabatea con sus edificios escupidos en la roca

 

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Izamal

Izamal

Izamal es una ciudad amarilla, cada muro de su arquitectura colonial está pintado de la tonalidad del sol. La población, situada en Yucatán, a 36 kilómetros de Mérida, fue fundada a mediados del siglo XVI sobre los vestigios de una antigua ciudad maya; su construcción más importante, el Conjunto Conventual de Nuestra Señora de Izamal, se erigió sobre las ruinas de un adoratorio maya llamado Pap-hol-chac. Un paseo en calesa al atardecer por sus principales enclaves es la mejor forma de disfrutar de esta ciudad, cuando el intenso albero de sus edificios adopta una intensidad que parece oro.  

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Rousillon

Rousillon

Rodeada de yacimientos de ocre –se visitan en una ruta llamada el Sendero de los Ocres que descubre hasta 17 colores de estos pigmentos, desde el dorado hasta el rojo más vivo, pasando por tonos amarillentos– esta población está considerada como uno de los pueblos más bonitos de Francia. Mimetizado con el entorno, Roussillon muestra sus casas terracota desde un promontorio que se asoma las montañas de la Valcluse, en la región de Provenza-Alpes-Costa Azul. Más lejos se hallan otros grandes núcleos de población que han adquirido el color de su entorno como las dos grandes ciudades del desierto que son Jaisalmer, en India, y Marrakech en Marruecos.

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Blancas, azules, rosadas, amarillas, doradas... la fantasía cromática llena las calles y los edificios de estas poblaciones.

Al contrario de algunas ciudades cuyos edificios, casas, paredes o rincones se exhiben en un crisol de colores y una variada pátina de tonalidades, existen otras que, por diversas razones presentan un patrón definido por la monocromía. Lejos de suponer una monotonía aburrida y estática, el efecto de esta uniformidad cromática es el de una armoniosa belleza que se ve acentuada por el contraste con el entorno.

Basta tomar una carretera secundaria en Andalucía para que, tras doblar cualquier curva, se muestre ante nosotros alguno de los maravillosos pueblos blancos que se abren camino entre sus sierras. Sus paredes de un color níveo, se deben al encalado, una técnica barata y sencilla de revestimiento con cal, que por su color blanco refleja la luz solar manteniendo la frescura en el interior de las viviendas. La cal, por su elevada alcalinidad es también usada por sus condiciones antisépticas.

En otros lugares del mundo, por mimetismo con el entorno, o al contrario, para distinguirse, ciudades como Jaipur, Marrakech o Oia también han optado por construir sus casas con materiales monocromáticos o pintarlas todas de un mismo color. El resultado es fantástico, son lugares bellísimos que destacan en el universo, a veces demasiado gris, de las ciudades. ¿De qué color te gustaría que fuera tu ciudad?