Aragón, país de agua

Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido

Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido

Foto: Turismo de Aragón

Ángela Labordeta, periodista y escritora

30 de junio de 2017

PROMOCIÓN

Aragón no tiene mar, ninguna ola salada acaricia la frontera de su nombre. Aragón no tiene mar, pero es un país de agua. Se dice que el agua es el alma del paisaje, yo iría más allá y diría que en Aragón el agua es el alma de sus gentes, que una y otra vez han salido a las calles a gritar No al trasvase del Ebro. No al recrecimiento de Yesa, No a la construcción de Biscarrués, un pantano que de llegarse a hacer destruirá el reino de los Mallos, donde el río Gállego, libre y hermoso, traza un diálogo entre el pasado y el futuro para dibujar el presente.

Junto al Gállego otros muchos son los ríos que, procedentes del Pirineo, vierten sus aguas en el Ebro. El río Aragón vertebra un valle en el que para construir la Estación Internacional de Canfranc se modificó el curso del río, dando vida de esa forma a esta gran arquitectura que encierra las más bellas historias de amor, espías, libertad y olvido. El río Ara acaricia el dolor de Jánovas, hoy recuperado al olvido, y a los pies de L'Aínsa se junta con el Cinca para kilómetros después alcanzar el Ebro, Padre Ebro, que en Aragón entra por Novillas y sale por Fayón, dejando atrás otro pueblo sumergido entre las aguas.

Uno de los mayores placeres es navegar el Ebro en sus kilómetros suaves de las tierras del sur, después de haber recorrido riberas de meandros y galachos, de terrazas y huerta, de yesos y calizas. en su parte derecha el Ebro se alimenta de otros ríos: el Jalón, La Huerva, el Queiles, el Guadalope, el Huecha o el Martín mientras que nuestro Turia turolense muere en el mar Mediterráneo sin acariciar en ningún momento al padre Ebro.

La cima más alta del Sistema Ibérico en Aragón se llama Moncayo y es libre, agreste y mediterránea

El agua en Aragón es riqueza y belleza, naturaleza y arte. Así en torno al río Guadalope se configura el Parque Cultural del Maestrazgo, que nos permite sumergirnos en el pasado y soñar en la quietud de pueblos tan hermosos como Cantavieja, Mirambel o Iglesuela del Cid. Otro geoparque, el de Sobrarbe, es un reflejo de rompecabezas que es la historia de la Tierra. No lejos de allí, en las altas cumbres, el agua hace en Ordesa la más bella de las comuniones posibles: el Parque de Ordesa y Monte perdido se compone en la actualidad de los valles que forman el Macizo de Monte perdido: Ordesa, Pineta, Gargantas de Escuaín y el Cañón de Añisclo y en su corazón se encierran los lugares más hermosos, rojos de pasión en otoño con aguas que saltan sobre las rocas y danzan al compás del más bello Puccini. La cima más alta del Sistema Ibérico en Aragón se llama Moncayo y es libre, agreste y mediterránea.

El agua es termal en Aragón y alcanza en el Monasterio de Piedra momentos de sorpresa cuando la apacible quietud de sus lagos se rompe con el cantar o trineo de las aves, que se vuelven multitud en la Laguna de Gallocanta, en dirección hacia tierras turolenses, mientras en el mar de Caspe la orilla esteparia y salvaje invita a ser y sentirse ola. El agua que vemos y la que no vemos, acuíferos con nombres y apellidos; manantiales que se desbordan entre las rocas y alimentan nuestras grutas.

Todo es agua en Aragón: desde aquel ibón en el que vemos el reflejo de tu cima, Collarada, hasta el lago en el que nos perdemos a medio camino entre la frontera de tus fronteras que son agua y roca, mi querido Aragón.