Un asunto espinoso

erizo

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Las púas son la mejor arma de defensa que tiene el puerco espín norteamericano (Erethizon dorsatum): arrancarlas cuesta el doble de esfuerzo que clavarlas, porque en el extremo de cada una de ellas hay, a su vez, una serie de púas más pequeñas. Este descubrimiento dio una idea a un equipo de investigadores médicos: reproducir este mecanismo en el desarrollo de nuevos materiales adhesivos con aplicaciones en medicina.

El diseño de las agujas hipodérmicas también podría beneficiarse. Cuanta menos fuerza se requiera para puncionar la carne, menos posibilidades habrá de excederse en la inserción. Para clavar una púa basta la mitad de la presión que se necesita para insertar una aguja, lo que facilitaría, por ejemplo, las punciones lumbares. Para que el tejido no se desgarre al retirar la aguja, Jeffrey Karp, de la Universidad Harvard, y Robert Langer, del MIT, realizan estudios sobre degradación programada: las púas perderían agarre a partir de cierto momento. En algunos casos, como en la vacunación de ganado o en la medicina de guerra, lo ideal sería lo contrario: que la aguja no se suelte con facilidad. —Johnna Rizzo