Toca madera

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1 de enero de 2014

Boston se enfrentó a un problema peliagudo en 2012: alguien se dedicaba a serrar y llevarse las nudosidades de los árboles de los parques públicos. Cuando un árbol sufre una herida o una enfermedad, el tronco desarrolla una cicatriz nudosa, muy apreciada por los ebanistas por las vetas arremolinadas que presenta en su interior.

Serrar los nudos no mata el árbol, pero sí acorta su vida. «Los árboles no cicatrizan como las personas. Forman un callo sobre la herida, pero por dentro siguen pudriéndose», dice Greg Mosman, arbolista de Boston. Un censo de los árboles de la ciudad cifró los daños en 100.000 dólares. En California, donde hay una gran demanda de esta madera, serrar las nudosidades de las secuoyas de espacios públicos está tipificado como delito. En Boston no existían precedentes, de modo que la policía designó al arbolista como víctima de un daño patrimonial, y luego este acudió a los tribunales para recuperar las pérdidas y poder replantar. —Johnna Rizzo