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25 de febrero de 2011

Todo sucedió mientras Luis Miguel Ruiz Gordón, fotógrafo de naturaleza y operador de cámara, rodaba unas escenas para un documental en Azuqueca de Henares, en Guadalajara, para CIN TV. Quería grabar el comportamiento de cría del jilguero (Carduelis carduelis) en un nido con polluelos situado a dos metros de altura. «Desde nuestro escondite esperábamos que alguno de los progenitores acudiera a cebarlos, cuando pasó algo insólito. Un carricero común (Acrocephalus scirpaceus) apareció con el pico lleno de mosquitos y alimentó a esos pollos, que no eran suyos, con total naturalidad», cuenta el fotógrafo. El carricero se marchó y volvió con nuevos manjares, y más tarde otro ejemplar se sumó a la ceba. «De pronto apareció un jilguero, alimentó a los pollos con semillas y luego regresó con más –prosigue–. Finalmente, ambas especies se cruzaron y hubo un enfrentamiento. Uno de los jilgueros se posó sobre los pollos, le arrebató los insectos al carricero, comió una parte y, tras alimentar a su prole con el resto, se alejó.» La situación se repitió varias veces. «Vimos que los carriceros tenían su propio nido a un metro de distancia y que ya habían realizado la puesta –explica Ruiz Gordón–. Pensamos que la habían abandonado, pero cuando los jóvenes jilgueros dejaron el nido, los carriceros tiraron adelante a su propia descendencia. Quizá sentían tal instinto de cría que priorizaron la alimentación de esos pollos antes que atender a su puesta inerte.» Puede que nunca se sepa por qué los carriceros criaron a esos jilgueros, pero sin duda han debido de ser los pollos mejor alimentados de la comarca.  —Eva van den Berg

 

Foto: Luis Miguel Ruiz Gordón