Geología

Sobrevivir en la oscuridad

soplao

soplao

Hallazgo de unos estromatolitos excepcionales en la cueva de El Soplao

Ya les contamos en la revista de junio de 2009 que la cueva de El Soplao, en Cantabria, es un auténtico filón para los científicos. Conocida por sus fabulosos espeleotemas excéntricos, en 2009 fue hallado cerca de su entrada un yacimiento de ámbar que contenía artrópodos de 110 millones de años de antigüedad. Ahora la cueva vuelve a ser noticia. Un equipo liderado por Carlos Rossi, geólogo y profesor de la Universidad Complutense de Madrid, y Rafael Lozano, investigador del Instituto Geológico y Minero de España (IGME), ha hallado en el lecho de un antiguo río subterráneo un tipo de estromatolito que nunca antes se había encontrado en una cueva. Su peculiaridad es que está constituido por óxidos de manganeso en lugar del habitual carbonato cálcico.

«La mayoría de los estromatolitos conocidos son rocas formadas por láminas de carbonatos generadas por cianobacterias, unos microorganismos muy primitivos presentes en el registro fósil desde hace 3.500 millones de años», explica Lozano. Estas bacterias forman grandes colonias y durante la fotosíntesis liberan oxígeno y asimilan dióxido de carbono, que cristaliza en forma de carbonato cálcico. Éste, mezclado con las partículas que las bacterias atrapan en el agua, forman las capas de carbonato que dan lugar a rocas tan peculiares.

Pero en el oscuro interior de El Soplao no es posible que un organismo realice la fotosíntesis. ¿Cómo pudo, pues, formarse esta roca microbiana en ausencia total de luz? «Las bacterias que construyeron estos estromatolitos no dependen de la luz. Obtienen su energía vital oxidando el manganeso disuelto en el agua del río», aclara Carlos Rossi. El descubrimiento de estas bacterias fósiles únicas en el mundo, halladas en un inusual y excelente estado de conservación, ha sido posible gracias a una colaboración entre el IGME, el Gobierno de Cantabria y la empresa SIEC, gestora de la cueva.  –Eva van den Berg

Nuria Isanta, una de las autoras del estudio observando los detalles de una sección de estromatolito de la cueva de El Soplao.  

Foto: Rafael P. Lozano