El maravilloso cambio de forma y color de los pulpos

No te pierdas al ágil pulpo australiano del sur cambiando de forma y color mientras se mueve elegantemente

5 de enero de 2017

Los pulpos son criaturas realmente fascinantes. Sus cuerpos invertebrados son capaces de colarse por pequeñas grietas, cambiar de color gracias a la fina percepción de sus tentáculos, etcétera. Para fotografiarlos y filmarlos David Liittschwager colocó diversos pulpos, como en este caso el pulpo australiano del sur (Octopus berrima) dentro de un acuario con un fondo blanco. "Me encanta ver lo curiosos que son", explica él mismo. "Son artistas de escape, realmente tienes que vigilarlos" apunta.

Ahí están metidos en un acuario, encerrados, pero no es difícil imaginarlos en el medio natural, en los océanos de todo el mundo campando a sus anchas, mimetizándose con el medio para huir o para cazar. Y es precisamente eso, cazar, lo que se les da de maravilla gracias a su singular anatomía. Es todo un espectáculo: extiende todos sus brazos sobre la arena o sobre una roca y con sus tentáculos va explorando los huecos que hay. Cuando descubre una indefensa gamba, por poner un ejemplo, puede usar otros tentáculos para terminar capturándola y comiéndosela.

Pero no es solo su estructura anatómica la que convierte a los pulpos en unos genios del fondo de los océanos, sino que su mejor arma es su inteligencia. Tienen unos 500 millones de neuronas (un ratón por ejemplo tiene alrededor de 80 millones) distribuidas por todo su cuerpo. Un tercio de las neuronas de un pulpo están en su cerebro y se encargan del aprendizaje, la memoria, la toma de decisiones, la coordinación… En sus brazos se encuentran la mayoría de ellas, los otros dos tercios, y no es de extrañar sabiendo que cada tentáculo contiene entre 200 y 300 ventosas que auscultan continuamente el medio que les rodea.

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