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Un lugar para los tigres

Un lugar para los tigres

Un lugar para los tigres

El futuro de los pocos miles de tigres en libertad que quedan en el mundo depende de que se les proporcione tierras, presas y protección.

La primera vez que vi a la tigresa Sita fue en 1986, en el Parque Nacional de Bandhavgarh, en el estado de Madhya Pradesh, en la India central. Dormía en la ladera de una colina, con la barriga llena después de alimentarse del chital que yacía junto a ella, cuando el elefante en el que yo viajaba junto con el naturalista indio Hashim Tyabji la descubrió. Estaba exhausta por el esfuerzo constante de tener que alimentar y cuidar de su primera camada de tres cachorros, cuyos maullidos apenas eran perceptibles entre los expectantes graznidos de los cuervos posados en las ramas de los árboles circundantes.Estábamos apenas a unos diez metros de la tigresa, lo suficientemente cerca para oír su respiración constante y sonora. Durante la media hora siguiente llegaron y se fueron otros tres elefantes con turistas. Sonó el clic de las cámaras. Un fotógrafo nervioso dejó caer un carrete de película, y el cornaca ordenó en voz alta al animal que lo recogiera con su trompa y lo devolviera a su dueño. La tigresa continuó durmiendo, ajena a lo que ocurría a su alrededor. Nada parecía molestarla o, mejor dicho, nada hasta que una urraca arborícola rojiza y blanca bajó revoloteando hasta la presa inerte. En una milésima de segundo se puso de pie y, completamente despierta, intentó matar a la atemorizada ave con su enorme zarpa, rugiendo con tal fiereza que el cielo pareció abrirse.Lea el artículo completo en la revista.