Tortugas laúd, antiguas navegantes

Las aguas gélidas no las detienen. ¿Y los seres humanos? Entra en la galería fotográfica de Brian Skerry.

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Una hembra del tamaño de una bañera surca perezosamente las cálidas aguas someras de las islas Kai, en Indonesia. Las rémoras se pegan a ella para aprovechar el viaje.

Brian Skerry

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Las tortugas laúd abarrotan la playa de Grande Rivière, Trinidad, para nidificar a la luz de la luna. Las playas batidas por las olas, las preferidas de esta especie, se erosionan y expanden con rapidez, y las hembras excavan en ellas diversos nidos para aumentar así las probabilidades de supervivencia de sus huevos.

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TORTUGAS3

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Con la garganta enrojecida por el esfuerzo, una tortuga laúd hembra prepara un nido en la playa Matura de Trinidad, bajo la mirada de Francis Lakhan. Hace veinte años, alguna gente del lugar se llevaba los huevos de las tortugas laúd y las mataba por su carne. Actualmente, los animales ofrecen otra manera de ganarse la vida a Lakhan y a otros lugareños, que guían a los turistas y los llevan a ver a cientos de tortugas laúd anidando sin peligro, durante las noches de la temporada de desove.

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Las recién nacidas son un banquete para los buitres, y cerca de la orilla aguardan los peces depredadores. Para compensar tantas pérdidas, las hembras ponen cientos de huevos en varios nidos.

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Tras romper el cascarón con un diente especial, las tortugas se esfuerzan por emerger de la arena; son los primeros pasos de un peligroso viaje hacia la vida adulta.

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Ansiosa por darse el primer chapuzón, una tortuga laúd recién salida del cascarón se agita en las manos de Francis Lakhan, que trabaja de guía con el grupo conservacionista Nature Seekers. Nada más tomar la fotografía, Lakhan soltó a la tortuga.

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En la playa de Matura, en Trinidad, una tortuga recién nacida tiene su primer encuentro con el agua salada.
Tras pasar varios decenios en el mar, las hembras llegan a la playa como adultas, con 270 kilos de peso, listas para desovar por primera vez, a menudo en el lugar donde nacieron. Los machos nunca regresan a tierra.

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T. Todd Jones, zoólogo de la Universidad de la Columbia Británica, estudia el desarrollo de las tortugas laúd criándolas en cautividad. Una de ellas, alimentada con gelatina de calamar, alcanzó un peso de 45 kilos. Los arneses, como el que lleva este ejemplar de dos años, impiden que las tortugas choquen contra las paredes del acuario. «No hay ningún acuario del tamaño del Pacífico», dice Jones.

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Una cámara de infrarrojos capta el instante en que unos conservacionistas izan a esta hembra que acababa de desovar en una playa de Trinidad para pesarla. Como demuestran sus 493 kilos de peso, las tortugas laúd del Atlántico están prosperando, gracias a la abundancia de alimento en aguas de Canadá.

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Todos los años miles de tortugas laúd mueren al topar con las redes agalleras, grandes como cortinas, que tienden los pescadores del Caribe. Cerca de Trinidad, los investigadores experimentaron con redes
menos profundas, que atraparon menos tortugas sin reducir la pesca.

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Durante el estudio, el fotógrafo Brian Skerry liberó a esta tortuga antes de que se ahogara.

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El investigador canadiense Mike James prepara una red para capturar una tortuga laúd en cuanto salga a la superficie, debajo de él. Trabajando desde barcos pesqueros alquilados, lo que le permite aprovechar los conocimientos de los pescadores para localizar a las tortugas y acercarse a ellas con la embarcación, James ha observado que las aguas de Nueva Escocia son una importante zona de alimentación para las laúd que migran hacia el norte desde el Caribe.

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Cerca de la costa de Nueva Escocia, una laúd macho surca las aguas superficiales del Atlántico Norte. Miles de tortugas laúd se congregan aquí al final del verano y durante el otoño, para aprovechar la proliferación de medusas.

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Muchas tortugas capturadas en el Atlántico Norte llevan marcas aplicadas por otros investigadores, a miles de kilómetros de distancia, en las playas del sur; pero los científicos canadienses que encontraron a este animal no encontraron ningún registro de sus viajes. Antes de liberarlo, lo medirán y pesarán, y tomarán muestras de sangre y de piel, para determinar su estado de salud y realizar estudios genéticos.

 

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Con los tentáculos de su última comida (una medusa crin de león) colgándole de la boca, un voluminoso macho surca las aguas de Nueva Escocia, ricas en nutrientes. Durante los cuatro meses que pasa en las áreas de alimentación canadienses, una tortuga laúd puede devorar cientos de kilos de medusas al día.

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El tenue destello de un flash de color ámbar congela la imagen fantasmal de una hembra que, a la luz de la luna, sale trabajosamente de las olas en la playa de Matura. El antiguo ritual de nidificación de las tortugas laúd corre hoy grave peligro en muchas partes del mundo.

Brian Skerry

10 de agosto de 2009

Es la tortuga más grande, se sumerge a mayores profundidades y cubre distancias superiores a las demás. Es la tortuga laúd, y ha resistido durante 100 millones de años.

Tras romper el cascarón con un diente especial, las tortugas se esfuerzan por emerger de la arena; son los primeros pasos de un peligroso viaje hacia la vida adulta.