Rocas que viajan, bloques de granito que se mueven

Los glaciares transportaron rocas centenares de kilómetros y las dejaron en los lugares más insospechados. El fotógrafo Fritz Hoffmann da con ellas.

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rocasviajeras01. Central Park, Nueva York

Central Park, Nueva York

El retroceso de los glaciares dejó estos bloques erráticos en lo que hoy es el Central Park de Nueva York. Inspirado en el «infantil aspecto lúdico [...] de la naturaleza», el arquitecto paisajista Frederick Law Olmsted, uno de los diseñadores del parque, intentó mejorar la belleza natural del paraje y colocó estratégicamente algunas de estas rocas para crear escenas poéticas.

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Foto: Fritz Hoffmann

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rocasviajeras02. Glaciar Mendenhall, Juneau, Alaska

Glaciar Mendenhall, Juneau, Alaska

El bloque errático que hay en primer término cayó rodando por una ladera como parte de la carga del glaciar Mendenhall, en Juneau, Alaska. Con una velocidad de descenso de hasta medio metro al día, el glaciar acabará depositando a sus pasajeros en el lago Mendenhall, donde reposarán hasta que los glaciares se expandan de nuevo.

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Foto: Fritz Hoffmann

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rocasviajeras03. Leaverites

Leaverites

Leaverites, «déjalas-donde-están»,  es otro apodo para los bloques erráticos demasiado grandes para moverlos, como este de un aparcamiento en Mystic, Connecticut. Pero las constructoras no siempre los han respetado.

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rocasviajeras04. Glen Rock, New Jersey

Glen Rock, New Jersey

Este bloque errático permanece donde fue depositado por un glaciar. La localidad de Glen Rock, en New Jersey, creció alrededor de él. El bloque de Glen Rock tiene varios nombres: la Roca, la Gran Roca, la Rocaza, entre otros.

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rocasviajeras05. Pamachapuka

Pamachapuka

El pueblo de Glen Rock, en Nueva Jersey, debe su nombre a este bloque errático de 570 toneladas. Los científicos creen que un glaciar lo acarreó desde unos 30 kilómetros más al norte. Los indios Lenape, que vivían en esta región, tenían otra teoría. El nombre que usaban para este tipo de rocas era pamachapuka, que significa «piedra caída del cielo».

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rocasviajeras06. Olmsted Point, Parque Nacional Yosemite

Olmsted Point, Parque Nacional Yosemite

Bloques erráticos yacen al azar en Olmsted Point, en el Parque Nacional Yosemite. Un glaciar esculpió la superficie fracturada de este lecho rocoso, de 92 millones de años, y al fundirse, dejó atrás estas rocas que había arrancado e incorporado al hielo a su paso por una montaña cercana. Las estrías producidas en el lecho rocoso determinan el desplazamiento del flujo glaciar.

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rocasviajeras07. Olmest Point, Parque Nacional Yosemite

Olmest Point, Parque Nacional Yosemite

Bloques erráticos procedentes de una montaña cercana yacen en la explanada de Olmest Point, en el Parque Nacional Yosemite, a 2.560 metros de altura. El glaciar que los transportó se desplazó hasta Tenaya Canyon aumentando su grosor en varios miles de metros.

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rocasviajeras08. Reserva India de Colville

Reserva India de Colville

Como caído del cielo, un bloque errático de 40 toneladas se yergue en la Reserva India de Colville, en el estado de Washington. Algunos llaman a estas piedras rubbing stones («rocas para rascarse») porque los bisontes se frotaban en ellas. Leaverites («déjalas-donde-están») es otro apodo para las que son demasiado grandes para moverlas, aunque no siempre se haya hecho caso de su nombre.

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rocasviajeras09. Yeager Rock

Yeager Rock

Yeager Rock, en el norte del estado de Washington, ha ayudado a los geólogos a determinar el límite del hielo en su avance hacia el sur. También ha proporcionado a los estudiantes de la zona un lienzo donde pintar fechas señaladas.

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rocasviajeras10. Un lienzo improvisado

Un lienzo improvisado

Brenda Díaz y Jessica Ruiz disfrutan de un descanso durante un viaje por carretera por la zona centro-norte del estado de Washington. En el pasado los indios esculpían estas rocas, pero los artistas actuales, algunos de los cuales han querido inmortalizar el año de su graduación del instituto en el Yeager Rock, prefieren la pintura.

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Foto: Fritz Hoffmann

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rocasviajeras11. Falsa alarma

Falsa alarma

Cuando los O’Boyle se mudaron a Stonington, Connecticut, un área que en el pasado estuvo cubierta por glaciares, pensaron que las rocas del jardín de su casa habían sido transportadas por el hielo como los bloques erráticos de los alrededores. Para su decepción, el Servicio Geológico probó que no era así.

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Foto: Fritz Hoffmann

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rocasviajeras12. Compañeras de viaje

Compañeras de viaje

Dos imágenes ensambladas muestran bloques erráticos en Pyramid Mountain, Morris County, New Jersey. A la izquierda, un bloque llamado Tripod Rock («roca trípode») balancea sus 160 toneladas apoyada en tres bloques menores. Inicialmente incrustado en el hielo y en los derrubios glaciares, el bloque y sus soportes son lo que ha permanecido después de 19.000 años de erosión. Las dos rocas a la derecha son conocidas como rocas de solsticio porque el sol se pone entre ellas en el solsticio de verano.

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Foto: Fritz Hoffmann

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rocasviajeras13. Glaciar Menderhall, Alaska

Glaciar Menderhall, Alaska

Un iceberg en plena fusión, desprendido del glaciar Menderhall, Alaska, lleva un pasajero un poco más lejos en su camino. La roca cayó sobre la parte posterior del glaciar en las montañas y rodó hasta el lago Menderhall.

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Foto: Fritz Hoffmann

Los glaciares transportaron rocas centenares de kilómetros y las dejaron en los lugares más insospechados. El fotógrafo Fritz Hoffmann da con ellas.

Inclinada sobre el suelo, la gente se apiña en torno a una roca enorme para plantar ca­­léndulas. Es una costumbre que se repite cada año, dice Michelle Leger, miembro de la extensa familia que se reúne en la plaza de un pueblo de Massachusetts para cumplir con la tradición. El Rollstone Boulder, como llaman a este peñasco, «es el orgullo de Fichtburg. Somos afortunados de poder adornarlo como se merece», añade.

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Con sus tres metros de altura, es impresionante. Pero, ¿merece tanta atención una simple roca? Es evidente que algunas tienen admiradores devotos. Las que son como el Rollstone Boulder se denominan bloques erráticos. Son rocas arrancadas y acarreadas por un glaciar y luego abandonadas por la corriente de hielo, y hay un sinfín de ellas desperdigadas por el planeta.

La obsesión del fotógrafo Fritz Hoffmann por los bloques erráticos comenzó cuando se puso a buscar información sobre las rocas dispersas por su finca de Connecticut. Un día, de viaje en Massachusetts, pasó junto a un cartel que decía «Plymouth Rock». Se detuvo frente al punto de información y preguntó a la recepcionista: «¿No será Plymouth Rock un bloque errático?».

«Llegó hasta aquí transportada por un glaciar, si es a eso a lo que se refiere», fue la respuesta.

Los desplazamientos de los bloques erráticos, transportados por glaciares durante los períodos glaciales, fueron largos, a veces de cientos de kilómetros. Su nombre deriva del latín errare, «vagabundear», y tiene sentido, porque han vagado a lomos del hielo desde sus ubicaciones originales hasta los sitios donde los vemos hoy. Uno de esos sitios es el norte de Estados Unidos. En las praderas, esas rocas insólitas quiebran el horizonte. En los bosques, son enigmáticos gi­­gantes rodeados de árboles. Y en las montañas, se asoman al abismo en precario equilibrio.

¿Cómo llegaron a esos lugares inverosímiles? ¿Los escupió un volcán primigenio? ¿Se desbordó el océano Ártico con tal violencia que sembró de peñascos las faldas de las montañas? ¿Cambió la órbita terrestre provocando aludes cuesta arriba?

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Louis Agassiz, científico suizo de la Universidad Harvard, popularizó la teoría glacial para explicar la presencia de esas rocas en lugares tan extraños. En su exploración de los Alpes suizos, el científico había visto rocas erosionadas por el hielo depositadas en los frentes de los glaciares, pero también había observado depósitos de rocas similares en las islas Británicas, donde no hay glaciares. Entonces se le ocurrió la idea de que en el pasado terrestre los glaciares fueron mucho más extensos.

En 1871 Agassiz presentó sus observaciones sobre los bloques rocosos dispersos por los montes Berkshire de Massachusetts y propuso la teoría de que un glaciar había avanzado lentamente desde el norte, arrastrando cuanto encontró a su paso. Cuando el hielo se derritió, los detritos quedaron depositados sobre el terreno. Aseguró además que los bloques transportados por los glaciares habían dejado marcas de su paso sobre la superficie del lecho de las Montañas Rocosas a 3.400 metros de altitud.

Eso significa que Rollstone Boulder, Plymouth Rock y los demás bloques erráticos en su día formaron parte de las laderas de las montañas o del lecho rocoso, arrancados probablemente por ciclos de congelación y fusión: el agua se filtraba por las grietas de la roca y después se expandía al congelarse, lo que separaba los bloques de la roca madre.

Cuando hace 25.000 años el clima se enfrió y los glaciares se expandieron, un manto de hielo se deslizó hacia el sur sobre los bloques sueltos, y los arrastró consigo. Bajo una capa de hielo de quizás un kilómetro de grosor o más, chocaron entre sí, y sus aristas se redondearon. Y hace 21.000 años, el hielo empezó a fundirse.

«Aún usamos los bloques erráticos para cartografiar los depósitos glaciales –dice la geóloga Carrie Jennings–. En algunos de los depósitos más antiguos, el viento y el agua han erosionado los sedimentos de grano más fino, compuestos de arcilla, arena y grava; a veces lo único que ha quedado del glaciar son los bloques erráticos.»

Tiempo atrás el Rollstone Boulder estaba en las afueras del pueblo, balanceándose al borde de una cantera. Ante el temor de que cayera, su club de fans lo partió en trozos, acarreó sus 110 toneladas a su actual lugar de honor y volvió a montarlo. Ahí sigue desde 1930, rodeado de señales de tráfico, bicis y carritos de bebé, y cada mes de mayo la gente del pueblo acude a plantar flores a sus pies.