Cambio climático

¿Qué especies prosperarán?

El planeta se calienta, y ante los cambios que se produzcan no está claro qué animales saldrán perjudicados y cuáles beneficiados.

1 / 12

1 / 12

ARCHIBEBE PATIGUALDO GRANDE

He aquí un ave con capacidad de adaptación, que de momento se las arregla en un medio cambiante. El Cristmas Bird Counts, el censo de aves que la Audubon Society realiza anualmente por Navidad, informa del avistamiento de este correlimos en grandes cantidades, sobre todo en el interior del sur de Estados Unidos. En algunas zonas se podría duplicar el espacio para estas aves, pero se ignora si los veranos podrían resultarles demasiado calurosos.

 

FOTOGRAFIADO EN EL ZOO DE TULSA, OKLAHOMA

Foto: Joel Sartore

2 / 12

¿Qué especies prosperarán?.

CARIBÚ DE LOS BOSQUES

Afectado ya por la pérdida de hábitat, esta especie podría enfrentarse a la escasez de alimentos. Más nieve y lluvias engelantes (resultado de la subida de las temperaturas que añaden humedad al aire seco del Ártico) cubren los líquenes, que constituyen la dieta invernal del caribú, dificultando el acceso a los mismos. En verano, las sequías cada vez más frecuentes provocan incendios que acaban con estos organismos de crecimiento lento.

ZOO ESTATAL DE THOMPSON PARK, NUEVA YORK

Foto: Joel Sartore

3 / 12

¿Qué especies prosperarán?.

RANA TORO AMERICANA

Esta rana nativa de América del Norte –voraz depredadora y dura competidora que transmite enfermedades de anfibios– ha llegado a otros continentes y se está extendiendo como un ejército, sobre todo en América del Sur. Saltando con rapidez de un lugar a otro, se ha convertido en una de las peores (es decir, más exitosas) especies invasoras del planeta. El cambio climático frenará su avance en algunas zonas, pero otros hábitats de gran biodiversidad se volverán más propicios para ella, lo que supondrá más ataques a las especies nativas.

BENNET, NEBRASKA

Foto: Joel Sartore

4 / 12

¿Qué especies prosperarán?.

ZORRO ÁRTICO

A medida que el hábitat de la tundra se derrite, este zorro amante de las nieves encontrará menos cadáveres de focas abandonados por los osos polares y menos lemmings –alimento para sus cachorros–, que abundan sobre todo en los inviernos más fríos. También podría tener que enfrentarse a la competencia con el zorro común conforme esta especie, muy adaptable, amplía su área de distribución hacia el norte.

ZOO DE GREAT BEND BRIT SPAUGH, KANSAS

Foto: Joel Sartore

5 / 12

¿Qué especies prosperarán?.

RATA CANGURO DE MERRIAM

Estos animales resisten bajo un sol de justicia. En el sudoeste de Estados Unidos y en México, las ratas canguro están bien adaptadas a las condiciones áridas, y ya han aguantado el tipo frente a anteriores subidas de la temperatura. Los roedores son rápidos y flexibles a la hora de reproducirse, y su dieta a base de diversas semillas e insectos ocasionales les permite arreglárselas si alguna especie de planta o de insecto desaparece con el calor.

ZOO DE FORT WORTH, TEXAS

Foto: Joel Sartore

6 / 12

¿Qué especies prosperarán?.

EÍDER DE ANTEOJOS

Estas aves septentrionales están en riesgo debido a sus necesidades especiales. En invierno se congregan en una reducida y fría zona del mar de Bering rica en nutrientes para alimentarse de almejas y demás fauna marina. Pero con la retirada de los hielos, el hábitat de esta anseriforme y su acceso a las fuentes de alimento en las zonas de invernada están cambiando. Y los cambios en el litoral están alterando su área de cría en los humedales de la tundra.

ALASKA SEALIFE CENTER, SEWARD, ALASKA

Foto: Joel Sartore

7 / 12

¿Qué especies prosperarán?.

BERRENDO DE LA BAJA CALIFORNIA

Las medidas de protección se han traducido en una clara recuperación de algunos berrendos salvajes, pero esta subespecie sigue en la cuerda floja. Hoy sobreviven menos de 100 ejemplares en Baja California Sur, además de una manada en cautividad que se usa para reforzar a la población salvaje. Los ungulados están adaptados a las condiciones desérticas, pero el calentamiento y la falta de lluvias afectarán a sus pastos de invierno y de verano.

ZOO DE LOS ÁNGELES, CALIFORNIA

Foto: Joel Sartore

8 / 12

TRUCHA TORO

Este es un pez de aguas frías en un mundo que se está calentando y cuyo hábitat, en las Rocosas, podría reducirse a la mitad en 70 años. Pero aunque el calentamiento sea muy acusado, algunas cabeceras de ríos situadas a elevada altitud podrían permanecer lo bastante frías como para albergar poblaciones capaces de resistir a competidores invasivos. Asegurar la protección y conectividad de las corrientes de desove y cría es crucial para la migración.

BIGHORN CREEK, COLUMBIA BRITÁNICA, CANADÁ

Foto: Joel Sartore

9 / 12

¿Qué especies prosperarán?.

LÉMUR PARDO DE FRENTE BLANCA

A lo largo de los próximos 70 años, todas las especies de lémures de la isla de Madagascar podrían perder en torno al 60 por ciento de su hábitat debido al cambio climático. Si el clima fuese el único enemigo de la fauna, tal vez el lémur pardo de frente blanca podría sobrevivir, ya que el cambio climático no reducirá su hábitat en valles y montañas. Pero otros factores, como la agricultura de roza y quema y el crecimiento de la población humana sí podrían afectarles.

ZOO DE NAPLES, FLORIDA

Foto: Joel Sartore

10 / 12

¿Qué especies prosperarán?.

PINGÜINO BARBIJO

Hay ganadores que acaban perdiendo: los pingüinos barbijos prefieren aguas abiertas a las cerradas por el hielo, por eso su población se ha disparado durante el rápido deshielo de la Antártida de los últimos 50 años. Pero ahora el aumento de la exposición a la luz ultravioleta está destruyendo las algas de las que se nutre el krill (la fuente de alimento de los pingüinos), y eso significa menos krill para compartir con las ballenas, que se están recuperando.

ACUARIO DE NEWPORT, KENTUCKY

Foto: Joel Sartore

11 / 12

¿Qué especies prosperarán?.

GARRAPATA AMERICANA DEL PERRO

A las garrapatas les va de maravilla. El clima afecta su ciclo vital e influye en las intrincadas relaciones que existen entre los arácnidos, los huéspedes a los que infecta y las enfermedades que difunde (en el caso de la garrapata del perro, la fiebre de las Montañas Rocosas y la tularemia, entre otras). Pero las consecuencias del cambio climático son complejas y desiguales: la transmisión de enfermedades a humanos podría aumentar en algunas zonas y disminuir en otras. Por otro lado, en el este de Estados Unidos hay ciertas especies, como la garrapata del venado, que se están despertando semanas antes de su letargo invernal y se están adaptando bien a la nueva situación.

LINCOLN, NEBRASKA

Foto: Joel Sartore

12 / 12

¿Qué especies prosperarán?.

TIGRE DE BENGALA

Los tigres salvajes están sometidos a un drástico declive. Quizá queden solamente 3.000 ejemplares. Al final acabarán necesitando un equipo de buceo para vivir en los manglares de los Sundarbans de Bangladesh. Según un estudio dirigido por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), la subida prevista del nivel del mar (28 centímetros respecto al nivel del año 2000) destruiría la mayor parte del hábitat de los tigres en aquella región. En Bután hay mejores perspectivas: a medida que los bosques avanzan a cotas más elevadas en las montañas, es probable que los tigres se trasladen con ellos hacia los parques septentrionales, a lo largo de los grandes valles fluviales. Lo malo es que podrían desplazar o atacar a las panteras de las nieves, que también luchan por sobrevivir.

ALABAMA GULF COAST ZOO, GULF SHORES, ALABAMA

Foto: Joel Sartore

14 de diciembre de 2015

Los climas cambian. Es un hecho natural. Pero el actual clima de nuestro planeta está cambiando de manera tan espectacular que está transformando la tierra y el mar, y eso afecta a todas las formas de vida.
«Siempre habrá una minoría que se las arregle para salir adelante ante unas condiciones nuevas y relativamente repentinas –dice Thomas Lovejoy, biólogo de la conservación de la Universidad George Mason y fellow de National Geographic–, pero la gran mayoría se verá enormemente perjudicada», si no destruida.
Las temperaturas más altas causadas por los gases de efecto invernadero son solo el principio de esta historia. Luego vienen los fenómenos meteorológicos extremos (entre ellos, grandes sequías) —que alteran las épocas de cría y de mi­­gración y la disponibilidad de alimentos—, nuevos patrones epidemiológicos, el rápido deshielo y la subida del nivel del mar. Cada cambio da pie a un sinfín de cambios más, con efectos ilimitados.
El cambio puede ser bueno para algunos: primaveras más largas y con más comida, un nicho cómodo para vivir y no tener que emprender estresantes migraciones. Pero con el paso del tiempo y a medida que el calentamiento vaya a más, esos animales «ganadores» podrían alcanzar nuevos límites y quedarse en la estacada.
No estamos hablando del futuro. Los efectos del cambio climático ya son evidentes.
«No hay marcha atrás –advierte James Watson, de la Universidad de Queensland, director del programa del cambio climático global de la Wildlife Conservation Society–. Todo está cambiando.» La flora y fauna silvestres que durante 10.000 años han gozado de un clima relativamente estable están siendo sometidas a presión y puestas a prueba como nunca antes.
Y nuestras predicciones respecto a los «ga­­nadores» y «perdedores» no siempre han sido exactas. «Raramente hemos acertado al predecir lo malo que iba a ser el cambio climáti­co —dice, y pone un ejemplo—. El alcance del deshielo de los polos y su cadena de consecuencias [para la vida salvaje] ha sido im­­presionante.» Otro ejemplo es la sensibilidad de muchos ecosistemas coralinos a la temperatura y a los temporales.
Pero la experiencia y los modelos, además de los conocimientos que hemos adquirido en el campo de la biología, nos muestran una buena fotografía de la situación a corto plazo. ¿Qué especies se adaptarán bien a estos rápidos cambios? Las generalistas que toleran una amplia gama de climas. Aquellas con mayor diversidad genética y rápida reproducción (lo que contribu­ye a que los rasgos útiles entren rápidamente en el acervo genético). Aquellas que puedan viajar a un nuevo hábitat compatible, y que tengan algún lugar a donde ir. Las especies competitivas, a menudo invasoras. Las malas hierbas.
¿A qué especies les irá mal? A las especialistas, que tienen necesidades climáticas más restringidas. A las que ya están luchando por la supervivencia. A las poblaciones pequeñas y fragmentadas, o a las que están confinadas en entornos hostiles. A los animales que compiten con los humanos. A los grupos que carecen de diversidad genética. A las especies que habitan en altitudes elevadas y en islas, y a numerosos animales que dependen de los corales. A las que necesitan el hielo para sobrevivir.
Este tren no hay quien lo pare. Pero sí podemos disminuir la velocidad de su destructivo avance. Restaurar los paisajes debería ser una parte importante del plan, afirma Lovejoy, quien añade que la persistente degradación de los ecosistemas ha generado una gran cantidad del dióxido de carbono excedente. «Un esfuerzo de restauración a gran escala podría retirar de la atmósfera medio grado de cambio climático potencial antes de que este sea una realidad.»
Evitar más daños y cuidar de lo que nos queda intacto deben ser las dos prioridades. «Lo mejor que podemos hacer ahora es identificar y proteger las poblaciones clave —dice Watson—, y después intentar impedir que la humanidad interfiera en su funcionamiento.»