Pingüinos reales en la isla de la Posesión

Año tras año, cuando llega la época de cría, una multitud de pingüinos reales se apoderan de la isla de la Posesión. Mira las fotografías de Stefano Unterhiner.

1 / 9

1 / 9

Metatada_241. Pingüinos en la Luna

Pingüinos en la Luna

Puntuales como la salida de la luna en la isla de la Posesión, los pingüinos reales se congregan para ejecutar sus rituales de apareamiento. Machos y hembras hinchan el pecho, levantan la cabeza y lanzan reclamos para anunciarse. Formadas las parejas, comienza la época de cría.

Stefano Unterthiner

2 / 9

Metatada_236. Bajo el agua

Bajo el agua

Tras pasar varios días en el mar buscando comida, un grupo regresa a la costa con el estómago lleno de peces, que en parte regurgitarán para alimentar a sus pollos. Las marcas anaranjadas, el pico fino y alargado, y el cuerpo de un metro de largo los distinguen como pingüinos reales.

Stefano Unterthiner

3 / 9

Metatada_238

Metatada_238

Un pingüino real adulto amenaza a un págalo dispuesto a llevarse al pollo que acaba de matar.
 

Stefano Unterthiner

4 / 9

Metatada_235. los pingüinos reales se reúnen en la bahía Americana de la isla de la Posesión

los pingüinos reales se reúnen en la bahía Americana de la isla de la Posesión

Soberanos de un lejano reino libre de hielo situado al norte de la Antártida, los pingüinos reales se reúnen en la bahía Americana de la isla de la Posesión para, durante un mes, mudar el plumaje antes de aparearse y criar.

Stefano Unterthiner

5 / 9

Metatada_234

Metatada_234

Como corresponde a su nombre, el pingüino real se caracteriza por su aspecto majestuoso. De un metro de alto y 13 kilos de peso, es, después del emperador, la segunda especie de pingüino de mayor tamaño. También se distingue fácilmente por sus marcas anaranjadas en la cabeza, el pico, el cuello y el pecho.

Stefano Unterthiner

6 / 9

Metatada_237

Metatada_237

Cuando cumplen unos meses de edad, los pollos pierden los atentos cuidados diarios de los padres y tienen que acurrucarse unos con otros en busca de calor y seguridad. La mortandad entre los pollos alcanza hasta el 75 %. Muchos mueren de hambre en invierno.

Stefano Unterthiner

7 / 9

Metatada_239

Metatada_239

La alarma cunde entre los pingüinos al percibir la peligrosa proximidad de una orca macho, cuya aleta dorsal alcanza los dos metros. Las orcas prefieren los elefantes marinos, pero no hacen ascos a los pingüinos.

Stefano Unterthiner

8 / 9

Metatada_240

Metatada_240

Como figuras oníricas, unos pingüinos reales surcan unos bajíos iluminados por el sol entre el kelp. «A veces los pingüinos pueden parecer peces –dice Unterthiner–, pero aquí son auténticas aves que vuelan en el agua.»

Stefano Unterthiner

9 / 9

Metatada_233

Metatada_233

En verano los pingüinos reales transforman un tranquilo valle bautizado como Jardín Japonés en una estridente colonia de cría de 100.000 aves, donde cada pareja defiende su pequeña parcela de territorio.

Stefano Unterthiner

7 de octubre de 2009

¿Cuánto sabes sobre pingüinos?

Más información

TEST NG: ¿Cuánto sabes sobre pingüinos?

Lo primero es el ruido, el alboroto de los pingüinos reales con sus reclamos, peleas y cortejos, algo similar al griterío de un patio de escuela elevado a su máxima potencia. Después llega el olor, un hedor sofocante a pescado y amoníaco del guano de las aves. Pero el asalto al oído y el olfato no es más que el preludio de lo que le espera a la vista.

Tras coronar una cresta volcánica en la isla de la Posesión, una húmeda y ventosa mancha de tierra en el archipiélago de las islas Crozet (unos 2.500 kilómetros al norte de la Antártida), el fotógrafo Stefano Unterthiner se encontró ante un valle completamente tapizado por una alfombra de pingüinos reales: decenas de miles, todos de pie como si se hubieran congregado para una manifestación.

Era verano en el hemisferio Sur, la temporada de la puesta, época en que los pingüinos, tan ágiles y veloces en el agua, salen torpemente a la orilla para mudar el plumaje, encontrar pareja y, con suerte, producir una nueva generación de pollos. Como corresponde a su nombre, el pingüino real se caracteriza por su aspecto majestuoso. De un metro de alto y unos 13 kilos de peso, es, después del emperador, la segunda especie de pingüino de mayor tamaño. También se distingue fácilmente por sus marcas anaranjadas en la cabeza, el pico, el cuello y el pecho.

En la isla de la Posesión la especie ha establecido seis colonias de cría, la mayor de las cuales está en un peñascal de unas 36 hectáreas que los investigadores franceses han bautizado como "Jardín Japonés". Lejos de ser un espacio meditativo, la colonia bulle con la actividad de miles de aves que defienden sus parcelas no más grandes que una tapa de alcantarilla. Los pingüinos reales no construyen nidos. En su restringido espacio, macho y hembra se turnan para incubar un único huevo que mantienen en equilibrio sobre las patas y cubren con un pliegue de piel. Cuando sale del cascarón, ambos cuidan al pollo con el mismo tesón hasta que su plumaje es lo bastante denso como para soportar el frío.

Durante ese período de tres meses, los adultos atacan a picotazos a todos los intrusos, sobre todo petreles y págalos, aves depredadoras que intentan robar huevos y pollos. Los científicos calculan que un pingüino real dedica cuatro horas diarias al cuidado de su cría y da 2.000 picotazos para mantener a raya a los entrometidos.

Pingüinos emperador: velocidad de escape

Más información

Pingüinos emperador: velocidad de escape

"Pese al hacinamiento, no había sensación de caos –dice Unterthiner, que estuvo en la isla de diciembre a abril–. Los pingüinos parecían muy organizados, cada uno vigilando su parcela."

Los pingüinos reales han establecido colonias en siete islas y archipiélagos estratégicamente situados cerca de la Convergencia Antártica, una zona donde las frías aguas polares se mezclan con los mares subantárticos más templados, pro­duciendo un área rica en nutrientes.

La población de pingüinos reales, estimada en 2,2 millones de parejas, goza de buena salud. Aun así, un estudio reciente en las islas Crozet, adonde acude a criar la mitad de los individuos de esta especie, revela que el aumento de la temperatura del mar está reduciendo los recursos alimenticios cerca de las colonias, por lo que el cambio climático podría suponer una grave amenaza para la supervivencia de la especie a largo plazo. Pero por ahora, el alboroto, el hedor y los picotazos son el testimonio de que los pingüinos reales conservan todo su esplendor.