La Patagonia chilena

La fusión de los glaciares y las granjas de cría de salmón son las dos grandes amenazas de uno de los lugares más salvajes de la Tierra. Mira las fotos de Maria Stenzel.

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Parque Nacional Torres del Paine

En otra época destino de unos pocos valientes montañeros, el Parque Nacional Torres del Paine recibe actualmente más de 100.000 visitantes al año.

Maria Stenzel

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Torres del Paine National Park
The peaks of Torres del Paine National Park glow in the first light of dawn in this two-frame composite image. Here time passes as swiftly as the onrush of water and as slowly as the imperceptible wearing away of granite.

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Torres del Paine National Park
The price of tourism in Torres del Paine National Park: During summer months, a nearly tame Patagonian fox subsists largely on handouts from visitors.

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Parque Nacional Torres del Paine 

Vientos de 40 nudos doblegan un ñire, o haya meridional, a orillas del río Paine. Alimentados por la fusión de los glaciares y las copiosas precipitaciones de nieve y lluvia, los ríos de la Patagonia son rápidos e impetuosos, toda una tentación para la producción de energía hidroeléctrica.

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Parque Nacional Torres del Paine

Visto desde el espacio, el glaciar Grey parece un enorme oso polar que hubiera bajado a beber. En realidad, el Grey pierde agua y está en rápido retroceso. De los 48 glaciares que forman el Campo de Hielo Sur, 46 se están encogiendo a gran velocidad.

NASA

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Torres del Paine National Park
A forest of intricate beauty grows on the slopes of Cerro Ferrier in Torres del Paine National Park. A lichen commonly called old man's beard colonizes the trunks of lenga trees (Nothofagus pumilio).

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Parque Nacional Bernardo O’Higgins

En el fiordo Eyre, un pequeño grupo de delfines australes se dirige hacia el frente del glaciar Pío XI, uno de los muchos lugares donde las fuerzas geodinámicas están modelando el futuro de la Patagonia chilena.

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Parque Nacional Bernardo O’Higgins 

«Muy confiado», escribió un antiguo observador a propósito del huemul, que no parecía temer a los humanos. Ahora que se encuentra en una situación de peligro, este cérvido se ha convertido en un animal cauteloso en
las áreas frecuentadas por los turistas.

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Las Guaitecas National Reserve
Twilight descends serenely over Canal Messier, one of the major routes through the fjords. Patagonia's weather can be wild, but the fjords are sheltered waters, their great depth helping to keep them calm.

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Bernardo O'Higgins National Park
Anchored before the face of Pío XI Glacier, the 46-foot steel yawl Endeavor is dwarfed by the immensity of the ice in this multiframe panorama.

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Parque Nacional Bernardo O’Higgins

El Lautaro, un volcán activo (al fondo), se cierne sobre la tortuosa superficie del glaciar Pío XI. Los vastos campos de hielo de Chile figuran entre los más grandes del mundo fuera de las regiones polares.

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Bernardo O'Higgins National Park
An excursion boat from a cruise ship approaches the face of the Pío XI Glacier in Bernardo O'Higgins National Park.

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Bernardo O'Higgins National Park
A flight of imperial cormorants crosses the veined face of Pío XI Glacier.

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Bernardo O'Higgins National Park
Cold blue contrasts with warm brown as mosses and lichens colonize bare rock left behind by the retreat of Témpano Glacier in Bernardo O'Higgins National Park.

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Parque Nacional Laguna San Rafael

Los picos de los Andes horadan las nubes sobre el Campo de Hielo Norte. Este gélido espacio natural, severo y sublime a la vez, se rige por fuerzas elementales que lo han mantenido, en su mayor parte, como un vacío en los mapas científicos.

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Laguna San Rafael National Park
In Laguna San Rafael National Park, the calving of a berg from San Rafael Glacier begins with the groan of ice, is followed by a volley of detonations, and ends with a hissing thunderclap. Between 1871 and 2007, it retreated seven and a half miles.

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Reserva Nacional Las Guaitecas

Las jaulas flotantes albergan salmones criados para la exportación. Los métodos de producción intensiva contaminan el agua y favorecen la propagación de la anemia infecciosa del salmón. Ante la disminución de la producción, la solución que ha adoptado el sector es trasladar los criaderos al sur, donde están los fiordos de aguas más limpias, dejando tras de sí residuos, enfermedades y aguas sin oxígeno.

Maria Stenzel

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Las Guaitecas National Reserve
A salmon leaps in the netted enclosure of a fish farm in Las Guaitecas National Reserve. While the land is protected from development and commercial use, the water of the fjord is not.

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Reserva Nacional Las Guaitecas 

Los peces son alimentados con pienso que contiene proteínas de pescado y antibióticos. Los métodos
de producción intensiva contaminan el agua y favorecen la propagación de la anemia infecciosa del salmón.

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Las Guaitecas National Reserve
The pristine waters and peaks of Aisén Sound appear fresh from the finger of God. Yet just beyond the horizon lie some 300 salmon farms.

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Katalalixar National Reserve
In Katalalixar National Reserve, a fjord runs milky blue with silt-laden glacial meltwater, temperate rain forest draping its steep sides.

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Reserva Nacional Katalalixar 

Los campos de hielo del interior dan paso a lo largo de la costa chilena a un laberinto de islas y fiordos. En la isla Byron, el cráneo de un rorcual norteño reposa en un canal de marea, hasta la próxima tormenta.

Maria Stenzel

27 de enero de 2010

En la cabecera de un remoto fiordo del sur de Chile, un decidido noruego llamado Samsing estableció en 1925 una finca de ganado lanar en lo que entonces era un valle tapizado de hierba. Un año después, el avance de un glaciar lo echó de su casa. Donde antes estuvo su finca se extiende ahora un lago glacial lleno de icebergs flotantes. El gla­­ciar, que hoy se llama Pío XI, retrocedió du­­rante un tiempo y después volvió a avanzar. Ahora está arrancando de raíz todo un bosque, dejándolo lentamente a un lado. A lo largo del límite entre el bosque y el glaciar, unos cipreses centenarios parecen haberse detenido en el mismo momento de caer derribados. Las raíces están vuel­­tas del revés; las copas, arrancadas, y los troncos, inclinados en posiciones inverosímiles. Enormes bloques de hielo se abren paso bajo el musgo y las plantas carnívoras de los suelos pantanosos. Los árboles que el Pío XI está arrancando forman parte del bosque lluvioso magallánico, que no se parece al oscuro bosque tropical de dosel exuberante sino más bien al tipo de bonsái retorcido y azotado por el viento que suele verse en las montañas, en la zona del límite de los árboles. No podía ser de otra forma. Los fiordos y las islas de la Patagonia chilena sufren el castigo de los vientos del oeste que atraviesan au­­llando los mares australes. Allí, en el corazón de los cuarenta rugientes, el viento sopla con ferocidad casi constante, y puede llover y nevar en cualquier fecha del año.

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Ningún punto del planeta está totalmente en reposo. Pero a veces, con suerte, uno se encuentra con un lugar donde el tiempo parece haberse comprimido, donde es posible sentir en los huesos la cinética de la geología.

El litoral chileno, esculpido por los glaciares, es uno de esos sitios. Aquí, la energía telúrica parece casi palpable. Las placas litosféricas se están expandiendo y hundiendo bajo ese borde continental, lo que da lugar al levantamiento de los Andes y a que ésta sea una zona geológicamente inestable. Desde los campos de hielo del interior, glaciares como el Pío XI (ríos de hielo cortos pero brutales) descienden impetuosos hacia el mar. En el océano, el afloramiento de la corriente de Humboldt es una fuente de vida ma­­rina. La costa, fragmentada por un laberinto de aguas, se extiende más de 90.000 kilómetros. Esta Patagonia es muy diferente de la tierra de extensas llanuras herbáceas que suele evocar ese nombre. Esta Patagonia pertenece al mar y al hielo.

En el corazón de esa región salvaje se encuentra el Parque Nacional Bernardo O’Higgins. Con más de 350 kilómetros de un extremo a otro, el parque abarca el Campo de Hielo Sur de la Patagonia, que con el Campo de Hielo Norte constituye una de las extensiones glaciales más vastas fuera de las regiones polares.

No es posible llegar por tierra al Bernardo O’Higgins, ni tampoco por aire. El único modo es por mar, siguiendo un intrincado laberinto de fiordos de aguas profundas que conduce hasta el frente del Pío XI. Allí, el estruendo del glaciar llena el aire: crujidos y detonaciones procedentes del interior del campo de hielo, junto con explosiones más amortiguadas pero más profundas causadas por el desprendimiento de icebergs en el frente del glaciar.

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En la desgarrada frontera entre el glaciar y el bosque lluvioso, el Pío XI llena el cielo, una montaña de hielo erguida hacia el sol del mediodía.

En esta tierra distante y extrema, la historia fundamental de nuestro tiempo se repite. Aquí es posible ver hasta qué punto en nuestro mundo todo está interrelacionado. Pese a su aislamiento, la Patagonia chilena también está al borde de una abrupta transformación. Las pocas casas que se ven parecen sacadas del siglo XIX. Pero hay planes para embalsar los ríos al norte del Bernardo O’Higgins, y las piscifactorías salmoneras de la costa, fuente de prosperidad económica y lacra para el medio ambiente, se expanden hacia el sur.

A instancias de los conservacionistas, Chile ha considerado la posibilidad de que la Unesco declare Patrimonio de la Humanidad los campos de hielo y la mayor parte de las áreas protegidas de la costa meridional. Pero a finales de 2009, el gobierno renunció al ambicioso proyecto y se in­­clinó por una propuesta más modesta. Aun así, en el sur salvaje, Chile aún tiene la oportunidad de proteger vastas extensiones naturales que sólo ahora comienzan a explorarse, mientras sobre ellas pesa la amenaza de cambios devastadores.

En el mapa, los archipiélagos aparentemente interminables de los fiordos chilenos parecen pedruscos que se hubieran desprendido de las faldas de los Andes. Los principales canales fueron cartografiados hace siglos, cuando se buscaba una ruta aceptable alrededor del cabo de Hornos. Ya en 1579 Pedro Sarmiento de Gamboa se abrió paso por esas aguas. El marino británico John Byron naufragó en 1741 en una isla que hoy lleva el nombre de su barco, el Wager, y Darwin visitó la zona a bordo del Beagle. Sin embargo, es asombroso comprobar lo recientes que son algunos de los trabajos más básicos de exploración. Los nombres ingleses dispersos por el mapa son el recuerdo de una expedición británica de prospección que recorrió la costa en 1830. Pero el glaciar Pío XI fue bautizado en honor al papa del mismo nombre por Alberto de Agostini, misionero y explorador italiano que en 1931 se convirtió en la primera persona que atravesaba el Campo de Hielo Sur. El pueblo de Cochrane (situado en la frontera de la reserva propuesta por la Unesco y hoy centro de un controvertido proyecto hidroeléctrico) fue fundado en 1954, pero sólo en 1988 fue posible llegar hasta él por carretera (un precario camino de grava). Cuando en 1954 se publicaron los primeros ma­­pas basados en reconocimientos aéreos de la Patagonia chilena, un científico dijo que darían pie a «la mayor revisión cartográfica de la geografía de la Tierra realizada en época moderna».

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Sin embargo, incluso en 2007, los autores de una revisión de los estudios glaciológicos realizados se vieron obligados a señalar una «grave laguna en la observación de los glaciares suda­mericanos». Hay que decir que el interior de la mayoría de las áreas protegidas a lo largo de los fiordos de la Patagonia chilena (el Parque Nacional Bernardo O’Higgins, la Reserva Nacional Katalalixar, la Reserva Nacional Las Guaitecas y el Parque Nacional Laguna San Rafael) sigue siendo totalmente desconocido. Los bosques son impenetrables, con una capa de musgo que llega a las rodillas y plantas de bajo porte que crecen en una densa maraña de ramas y raíces.

El cambio está arribando por mar. Desde Puerto Natales zarpan pequeños cruceros que llegan al frente de varios glaciares, donde recogen hielo de los témpanos para preparar cócteles. El transbordador de Navimag va de Puerto Natales a Puerto Montt (un viaje que sólo de ida dura cuatro días), con una escala para cargar y descargar combustible, provisiones y algunos pasajeros en Puerto Edén. La Armada chilena patrulla esas aguas, y el organismo oficial CONAF (Corporación Nacional Forestal) tiene bajo su responsabilidad la protección y explotación de la región.

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A lo largo del siglo pasado, la población indígena se ha reducido. La colonia de focas que los primeros exploradores encontraron a la entrada del fiordo Eyre, donde termina el Pío XI, desa­­pareció hace tiempo. Las ballenas de numerosas especies que antes frecuentaban los fiordos apenas forman ahora un mínimo quórum biológico. Una marea roja afecta a los mejillones que antaño sostenían al sector pesquero. De los indios alacalufes (o kawéskar) que antes cazaban y pescaban en la región, sólo queda un puñado de almas desconsoladas en Puerto Edén.

En los tiempos que corren, la distancia no es sinónimo de protección. Después de Noruega, Chile es el mayor productor mundial de salmón de piscifactoría, que se cría en jaulas flotantes ancladas junto a la costa de la Reserva Nacional Las Guaitecas, cerca del Campo de Hielo Norte. (El espacio protegido en Las Guaitecas y otros parques es el terrestre, no el marítimo.) Las em­­presas noruegas que iniciaron la cría del salmón en Chile eligieron esta zona porque los fiordos estaban intactos. Ya no lo están. Como casi todas las formas de ganadería intensiva, la acuicultura del salmón produce un exceso de residuos. Las piscifactorías crean condiciones anóxicas que dejan las aguas «muertas» y favorecen la propagación del virus mortífero causante de la anemia infecciosa del salmón. La solución de las compañías productoras ha sido trasladarse más al sur, donde las aguas están más limpias.

Mientras tanto, en tierra, la amenaza está en los proyectos hidroeléctricos. Por decisión del régimen de Pinochet, la mayor parte de los derechos del agua de los principales ríos que vierten en los fiordos está en manos privadas, y los titulares son empresas extranjeras. Durante los últimos años ha ido en aumento la presión para construir una serie de presas hidroeléctricas en los ríos Pascua y Baker, aunque los críticos argumentan que las presas son anticuadas e innecesarias en un país con un potencial de energías renovables enorme. Las presas destruyen los ecosistemas de las cuencas donde se construyen, y el tendido de líneas de alta tensión para transportar la electricidad hasta Santiago exigiría talar un corredor de 2.200 kilómetros de longitud. La amenaza más grave para los fiordos chilenos es, por supuesto, el cambio climático, que podría alterar el régimen de los ríos dependientes de esos glaciares y perturbar el equilibrio entre agua dulce y agua salada en el interior de los fiordos. De los 48 glaciares del Campo de Hielo Sur, 46 están en retroceso y uno es estable. Sólo uno, el Pío XI, está avanzando. Es casi con seguridad el único glaciar del mundo que se encuentra actualmente en su máximo neoglacial (su máxima extensión desde el comienzo de la pequeña edad del hielo en la Patagonia, hace unos 400 años). Nadie sabe con certeza por qué avanza con tanta rapidez, ni por qué ha llegado tan lejos en los últimos 80 años. Quizá las pasadas erupciones del volcán Lautaro afectaron la fusión del hielo y su velocidad de desplazamiento. O puede que el avance se deba a los movimientos tectónicos que están levantando los Andes, o al carácter volátil de los glaciares templados (con el hielo casi siempre en el punto de fusión) en una región con precipitaciones muy altas. Pero una cosa está clara: el Pío XI es una anomalía en un paisaje que se está derritiendo.

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A 210 kilómetros al sur del Pío XI, en el Parque Nacional Torres del Paine, los autobuses descargan turistas por millares, que hacen cola para atravesar los puertos de montaña. Todos comparten la idea de que el parque es único y debe ser protegido. En los fiordos chilenos, sin embargo, nunca habrá multitudes. Allí el peligro no es sólo la cría de salmones y las presas hidroeléctricas, sino su misma lejanía, la falta de conciencia de su existencia, el olvido de que los lugares tan salvajes como la Patagonia chilena no pueden sobrevivir sin protección. La creación de parques (incluso la declaración de Patrimonio de la Humanidad) puede ser un paso adelante. Pero también puede ser sólo un cambio nominal.