Las mejores fotos del martín pescador

El martín pescador surca los cielos de Europa y Asia como si fueran auténticos misiles. No te pierdas las fotografías de Charlie Hamilton James.

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martinpescador6. Cazado al vuelo

Cazado al vuelo

«El martín pescador emerge de la oscura ola como una flor azul», escribió la poetisa Mary Oliver en homenaje al brioso pajarillo ribereño. La luz se dispersa en las microscópicas estructuras de las plumas como en un prisma, creando el azul brillante del martín pescador.

Charlie Hamilton James

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martinpescador5. Alimentando a su prole

Alimentando a su prole

En su nido, una madre alimenta con un pececito a uno de sus pollos de nueve días, que se lo tragará entero.

Charlie Hamilton James

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martinpescador1. Posado en una rama

Posado en una rama

Desde su percha, atalaya y trampolín a la vez, un martín pescador aguarda sobre las tranquilas aguas de un río inglés en las que se reflejan los árboles y el cielo. Este cazador puede zambullirse y regresar con un pez en dos segundos.

Charlie Hamilton James

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martinpescador2. A 40 Km/hora

A 40 Km/hora

Como una estela azul, un martín pescador se zambulle en el agua, alcanzando velocidades de 40 kilómetros por hora.

Charlie Hamilton James

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martinpescador3. Zambullido

Zambullido

Incluso con los ojos velados por una membrana translúcida protectora, puede atrapar peces con total precisión a una profundidad de medio metro.

Charlie Hamilton James

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martinpescador4. El sexo del martín pescador

El sexo del martín pescador

Vista desde la perspectiva de la presa, una hembra adulta atrapa un espinoso justo debajo de la superficie del agua. El color del pico del ave revela su sexo; los machos lo tienen negro, mientras que en las hembras el maxilar inferior es del mismo tono anaranjado que las patas.

Charlie Hamilton James

El martín pescador surca los cielos de Europa y Asia como si fueran auténticos misiles. No te pierdas las fotografías de Charlie Hamilton James.

Un destello azul eléctrico es lo que la mayoría de la gente llegará a ver del martín pescador común. Pero con eso basta. "Quienes en Inglaterra lo han visto alguna vez recuerdan dónde fue –dice el fotógrafo Charlie Hamilton James–. Yo vi el primero de niño, y desde entonces he vivido obsesionado." Durante años, vagabundeó tras el ave por los alrededores de Bristol, en el sudoeste de Inglaterra. Más adelante, para justificar las horas transcurridas en las umbrías riberas que frecuentan los martines pescadores, empezó a llevar la cámara. Eso fue hace 20 años. Alcedo atthis ha inspirado muchas obsesiones. En las zonas templadas, donde el plumaje discreto es la norma, este martín pescador, a diferencia de sus primos norteamericanos, resulta deslumbrante. Cuando surca el aire como un misil turquesa, es imposible no admirarlo.

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Las aves amarillas, rojas, naranjas y pardas de todo el mundo deben su color a un pigmento de la matriz de queratina de las plumas. Pero las plumas azules son el resultado de la refracción, es decir, de la descomposición de la luz en la pluma, como si pasara a través de un prisma. Vista a través del microscopio, cada barba de una pluma de martín pescador, más fina que un pelo humano, brilla con los tonos de un mar tropical. Las diminutas estructuras de la pluma dirigen la luz entrante y reflejan los tonos zafiro en una dirección, y los esmeralda, en otra.

Desgraciadamente, la belleza puede ser una condena. En otra época las plumas de martín pescador alcanzaron un valor comparable al de las gemas, la seda y las especias. Un texto chino del siglo III cita los tesoros que podían conseguirse en el Imperio romano: marfil, oro, cornalina, perlas y plumas de martín pescador. A lo largo de 2.500 años, la industria china extrajo de los bosques de Asia una enorme cantidad de aves. Los artesanos aplicaban las relucientes plumas a joyas, abanicos y biombos. La realeza coreana compartía la misma pasión, que empezó a decaer a principios del siglo XX.

Afortunadamente, en los últimos tiempos el pequeño torpedo celeste ha dejado de ser una rareza. El martín pescador no es esquivo, simplemente prefiere un entorno que la mayoría de la gente evita (a excepción de Hamilton James y otros como él). Su ribera ideal es de tierra que se desmorone con facilidad para poder cavar un nido con el pico. Éste debe estar lo bastante alto para no ser arrollado por ocasionales crecidas y lo bastante bajo para desanimar a zorros, serpientes y otros intrusos.

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No quedan suficientes grullas trompeteras

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Cada ave vive sola la mayor parte del año, esforzándose por proteger un territorio que le garantice suficiente pesca y un buen lugar donde anidar. "Estos pajarillos minúsculos tienen que controlar más de un kilómetro y medio de río", explica Hamilton James. Tanto el macho como la hembra defienden el territorio del que depende su supervivencia. No pesan más de 40 gramos, pero saben hacerse valer. "Son alborotadores y avisan a todo el mundo de su presencia –prosigue–. Supongo que son bastante arrogantes."

Las disputas empiezan con persecuciones a toda velocidad y algún que otro picotazo. Si los combates aéreos no zanjan el conflicto, los enfrentamientos pueden pasar a ser mortales: a orillas del río, las aves trabarán sus picos e intentarán hundirse mutuamente bajo el agua.

La época del apareamiento impone una pausa en las hostilidades entre los sexos. El macho es directo en sus avances: se lanza sobre su antigua enemiga, silbando con urgencia. Si ella tolera su compañía, la inunda de pescado fresco, que le sirve directamente en su pico. A veces, cuando la tregua se establece entre vecinos, la pareja fusiona provisionalmente sus territorios. Desde sus antiguas posesiones, o bien eligen un nido antiguo para reutilizarlo o bien preparan uno nuevo. Abrir un túnel de un metro de largo supone al menos 14 días de trabajo agotador para la pareja.

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Al cabo de tres semanas de incubación, los huevos eclosionan. Las aves crían a los pollos en la oscuridad, sobre una alfombra de espinas de pescado regurgitadas en forma de bolas y luego desmenuzadas con el pico. (Hamilton James ha observado esta conducta desde un observatorio subterráneo junto a un nido.) Los dos progenitores pescan con auténtica dedicación. El martín pescador caza al acecho, posado en una rama, sobre el río, hasta que divisa un pez pequeño. Puede dejarse caer en picado, atrapar a su presa y volver a la percha en dos segundos. Después golpea el pez contra la rama para atontarlo. Durante las tres o cuatro semanas que los pollos pasan en el nido, los adultos pueden llevarles entre 50 y 70 peces al día. Así se forma la alfombra de raspas.

Muchas especies de aves crían hasta dos ni­­dadas al año, pero los martines, con seis o siete huevos por nidada, suelen criar hasta tres. La tenacidad reproductora contribuye a que la especie prospere. En toda su área de distribución, la situación del martín pescador es tan estable que muy pocos ornitólogos le prestan atención. Los escasos expertos en Alcedo atthis informan de que es uno de los animales salvajes a los que no perjudica el roce con los humanos, lo cual es una buena noticia en un mundo cada vez más urbanizado.

Hamilton James señala que las aves inglesas siempre están dispuestas a anexar a su territorio el estanque de un jardín. Y la ornitóloga japonesa Satoe Kasahara asegura que últimamente los martines pescadores de su país atrapan peces en lagos urbanos. En toda el área del martín pescador, allí donde haya ríos sanos, habrá peces. Y donde haya peces, es probable que aparezca la deslumbrante avecilla de silbido insolente.